Las razones del sí a la Constitución     
 
 Diario 16.    05/12/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Las razones del "sí" a la Constitución

Se han repetido, a lo largo de toda la campaña a favor del referéndum,

argumentos bastantes que demuestran las virtualidades y méritos de la

Constitución que, no nos cabe duda, el pueblo español va a ratificar mañana.

Quedan, sin embargo, republicanos a ultranza, autodeterministas impenitentes,

ultraconservadores añorantes, y dogmáticos de la revolución, para quienes la

Constitución que se va a votar constituye una especie de sacrilegio político. No

es nuestro deseo pretender convencer a nadie y menos a quienes en ningún caso

estarían dispuestos a dejarse convencer. Pero lo que es evidente y no podemos ni

debemos silenciar, es que la mayor parte de las razones aducidas por los más

virulentos críticos de la Constitución no se corresponde con la realidad. Para

unos la Constitución es divorcista y abortista, para otros, fascista y

reaccionaria. Desde la falacia y la mentira se han aireado de este modo las más

arbitrarias justificaciones en favor del no o de la abstención.

Ciertamente, la Constitución, como toda obra humana, puede tener sus fallos. Sin

embargo, lo que es evidente es que se trata de una Constitución ponderada que va

a permitir asentar la democracia en nuestro país, fijando las reglas del juego

para que los españoles comencemos a resolver nuestros problemas colectivos por

los cauces en que los plantean y resuelven los pueblos civilizados. Es desde

esta óptica desde la que los españoles de buena voluntad deben enjuiciar sus

actitudes ante el referéndum. No se trata simplemente de decir sí o no a la

Constitución, sino de decir sí o no a la democracia. Se ha repetido muchas veces

que, en política, to mejor es enemigo de lo bueno. Condenar en nombre de una

Constitución ideal la que ahora se presenta al supremo juicio del pueblo no

pasaría por ello de ser un tremendo error. ¿Qué ocurriría en el impensable

supuesto de que la Constitución no fuera aprobada o no obtuviera el masivo apoyo

popular?

Ocurriría, en primer término, que las fuerzas del viejo régímen de donde nos

vienen la mayoría de los problemas que ahora padecemos, aprovecharían la

oportunidad para proclamar a los cuatro vientos que el pueblo español está en

contra de la democracia. Y sucedería, en segundo termino, que ninguno de los

problemas urgentes y graves que tenemos planteados podría solucionarse.

Se quiera o no reconocer, lo cierto es que la aprobación de la Constitución

supone una normalización de la vida política y la creación de un orden

institucional capaz de dar respuesta a la gravedad de la crisis económica y a la

incidencia letal del terrorismo en nuestra sociedad. Y he aquí la cuestión: ¿Qué

orden institucional ofrecen los añorantes del franquismo o los irrcdcntos

revolucionarios de las dictaduras proletarias? ¿Qué soluciones propician al paro

y a la crisis económica?

Los españoles tenemos que ser plenamente conscientes de que nuestro único camino

es la democracia, y que fuera de ella sólo cabe imaginar el caos. En el mejor de

los casos, un hipotético voto negativo a la Constitución presupondría un empezar

de nuevo el proceso constituyente y una prolongación de la transición, que se

haría cada vez más difícil y costosa. Ni los inversores invertirían, ni las

instituciones del Estado funcionarían ordenadamente, ni la lacra del terrorismo

encontraría en una sociedad y un Estado estabilizado su definitivo enemigo.

Precisamente porque la Constitución va a abrir el camino hacia la libertad y la

democracia, y porque la aprobación de la Constitución es el único medio eficaz

que se otea en nuestro horizonte para resolver los problemas graves y urgentes

que tenemos planteados, pedimos el "sí" y el apoyo de todos en el referéndum.

Tal y como están planteadas las cosas, no es cuestión tan sólo de lograr un

referéndum afirmativo, lo que parece indudable. De lo que se trata es de que

masivamente el pueblo español otorgue su aprobación. Porque la democracia es

obra de todos, necesita la participación de todos. Cuanto más aplastante sea la

participación afirmativa en el referéndum, más débil e improcedente será la

posición de quienes, desde los extremismos de uno y otro cariz, aspiran y sueñan

con nuevas dictaduras. La democracia sólo tiene un defensor, y ese defensor es

el pueblo, quien, sin duda, intuye que votando "sí" a la Constitución va a votar

a favor de sus propios intereses.

 

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