Autor: Urbano, Pilar. 
 Referéndum. 
 Crónica inédita de una Constitución     
 
 ABC.    06/12/1978.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

ABC. MiÉRCOLES, 6 DE DiCiEMBRE DE 1978. PAG. 12.

REFERÉNDUM

Crónica inédita de una Constitución

GREGORIO Peces-Barba desistió de volver a encender la punta de su cigarro puro.

Miró a José Pedro Pérez-Llorca. sentado frente a él. mesa a través. «Como

entonces...», pensó. A su lado, «también como entonces». Manuel Fraga,

emborronaba folios...

«Yo creo que para el desarrollo constitucional va a ser necesaria también una

alerta forma de consenso...», dijo.

«Celebro que lo veas así», respondió Pérez-Llorca.

Y no sé si fue entonces o unos minutos después cuando anunció a los contertulios

del «café de medianoche» en A B C que el acuerdo consensual no eliminaba las

diametrales concepciones ideológicas que confrontan a un P. S. O. E. y a una

U.C.D.: «Y eso va a verse, sin ir más lejos, cuando concretemos ese artículo que

empieza diciendo: «Todos tienen derecho a la vida...»

• EL ENCUENTRO ENTRE FERNANDO ABRIL Y ALFONSO GUERRA

Noche de ánimas de este mismo otoño. Por la acera de los impares, Serrano

arriba. Serrano abajo, Fernando Abril y Alfonso Guerra pasean sin prisa,

embebidos en la conversación. Es el «tic» del consenso. Hablan de pactos

económicos y del programa de Gobierno que Suárez someterá a la investidura...

Esos dos hombres han «hecho» el consenso, en sus momentos más críticos, cuando

todo parecía destrozado y sin remedio: por la enseñanza privada, por la forma de

Estado monárquica, por la cuestión foral, por el derecho a la huelga y el

«lockout»... Esos dos hombres han gastado suelas en kilométricos paseos «bis a

bis» por la galería curva del Congreso, por los pasillos del Senado, recorriendo

de un extremo a otro el despacho del vicepresidente, en Castellana. 3... Si en

alguna de sus fases el consenso resultó arduo y «patético», en otras, sin duda,

fue un consenso «peripatético» y andante. «¡Y telefónico!», explicaba el propio

Alfonso Guerra. «La de veces que el teléfono ha sonado de madrugada, para decir

que había que cambiar tal punto por tal otro, o que la otra parte ponía cierta

condición, o que Fulano tenía que sentarse en la Comisión Mixta Congreso-Senado,

y Mengano le dejaría su silla...! ¡La de veces que un senador o un diputado nos

ha sacado de la cama para noticias de este tipo!» Nos habíamos reunido unos

cuantos periodistas con «los dos números dos». Alfonso trajo un grueso «dossier»

de tapas azules y lo soltó sobre la mesa: «¡Aquí está to er consenso!» Abril

rezongó, con media sonrisa: «¡No creas, no creas... Ahí no está todo!»

AULLIDO VASCO

No. ahí no estaba todo. Ni los verdaderos «precios» de las aristas más

esquinadas de la Constitución (Monarquía. Catolicismo. Nacionalidades, Divorcio.

Conflictos colectivos. Enseñanza privada...). Ni las rabones por las que

Peces-Barba un buen día en el parador Gredos se puso «gallito», v otro buen día

dio un portazo y se fue de la Ponencia, de aquella «mesa de los siete sabios»,

donde se concibió la criatura constitucional. No faltaron rumores, de fuentes

socialistas, dando fe de que Gregorio Peces-Barba cristalizaba así su actitud

para «purgar» y hacerse perdonar ciertas «blandas concesiones» que en la cúpula

del P. S. O. E. se habían juzgado como «debilidades ideológicas».

Ni tampoco estaba en ese «dossier» la razón política por la que Fraga no fue

admitido a la última «mesa de operaciones» constituyentes, y si, en cambio, el

comunista Solé Tura..., que —en opinión del mismo Guerra— «no se distinguió

precisamente por su brillante aportación de catedrático...». Ni por qué cuando

en la

Jornada de votación de la superley en el Congreso, antes de su paso al Senado,

Abril Martorell. después de ofrecer tres fórmulas de solución a los vascos,

abanderados por Arzallus, para llegar a un acuerdo en la diatriba de los fueros

históricos «de acuerdo con o dentro del marco de la Constitución», «amagó y no

dio» retirando la oferta, precisamente cuando ya loa diputados vascos habían

aceptado la primera de las fórmulas... ¡Dramática mañana estival aquella! Y otro

portazo más en la Cámara legislativa: los vascos abandonan y ni siquiera se

quedan a la votación del proyecto. Era el aullido triste y duro de la Cantabria.

Tres meses después otro vasco, Letamendía, rugiría su «no» en el hemiciclo.

• MADRID-LENINGRADO, TELÉFONO ROJO

No..., no todo está en ese «dossiers. Seguro que no hay «acta» de una

conversación telefónica Madrid-Leningrado en diciembre del 77: Suárez habla con

Felipe..., a petición de Peces-Barba. (¡Cómo se sorprendieron los ponentes

Gabriel Cisneros, Pérez-Llorca y Herrero Miñón ante el, zigzag diplomático del

socialista «Goyo»..., recurriendo a la gente de U. C. D.. y al ministro Lavilla.

en vez de ir por la directa a su «jefe»!) Había marejada de fondo. Los ugetistas

se ponían recalcitrantes... Y e1 P. S. O. E. debía mostrar ante sus huestes más

radicales los colmillos republicanos. Fraga insistía en pormenorizar no sólo las

funciones y atributos del Rey, sino también cuestiones objetivas para el rango

del gran texto, como, por ejemplo. el grado militar del Príncipe de Asturias...

El consenso estaba «crudo» todavía. La «queimada» amistosa con que don Manuel

invito a los otros seis ponentes distendió lo." encontrados ánimos, pero no

acercó ni un milímetro las posiciones. La conversación Suárez-González. por

teléfono, a través de los Urales, fue útil. Felipe tranquilizó al presidente:

«Nuestro voto republicano será testimonial..., meramente testimonial.... y un

leve escarceo en los debates de Comisión... En todo caso, con este tema

abstendremos en el Pleno; pero no votaremos en contra.» Se había salvado un

campo de minas. Fue un hito importante en la «senda constituyente».

• LA CENA DE «JOSÉ LUIS»... TUVO RESACA

Se ha hablado ya hasta el tedio del «consenso de cinco tenedores!». Pero a la

hora de esbozar una crónica de «la larga marcha constituyente», es obligada la

referencia a «la concordia de manteles blancos» y a «los acuerdos de

restaurante».

El golpe más sorprendente fue el del 23 de mayo, por la mañana. La noche

víspera, Abril, Guerra, Peces-Barba, Rafael Arias, Pérez-Llorca y Múgica cenaron

en José Luis. Allí pactaron modificar los artículos del 25 al 50 y mantener el

consenso a todo riesgo. Por la sala verde de la Comisión Constitucional

circularon fotocopias del texto «consensuado» (empezó a sonar la palabra, con

cierto marbete despectivo, aquella misma mañana). Eran apreciables las

correcciones, rotuladas a mano, sobre el texto original. Podía verse una breve

tachadura, que iba a levantar algo más que arenisca: el trazo negro horizontal

anulando las palabras «y dirigir», en el artículo que afecta a la libertad «para

crear... centros de enseñanza privada».

Los socialistas «concedían» la economía Ubre de mercado, el despido empresarial

y la flexibilidad de plantillas, la mención concreta a la iglesia católica...

Los ucedistas «consentían» en una fórmula ambigua y descomprometida para la

enseñanza privada, la disolución matrimonial. la huelga, las expropiaciones

«mediante» y

Crónica inédita de una Constitución

EN ESTUDIO EL JURAMENTO DE LA CONSTITUCIÓN POR El REY

Según fuentes parlamentarlas de alto nivel, citadas por Europa Press, el toma

del juramento de la Constitución por el Rey se estudia con gran detenimiento por

las instancias internadas, Se añade que son tenido» en consideración puntos de

vista no solo jurídicos, sino también políticos.

Desde el punto de vista jurídico, el Rey no está obligado estrictamente a jurar,

puesto que ya es el Rey y no precisa su proclamación.

Desde el punto de vista político, pueden interesar el juramento, por lo que

tiene de acatamiento de la Constitución. no «previa» indemnización... y un

reconocimiento del derecho a la vida, sin entrar en la hondura de garantizar

expresamente la vida a los no nacidos... Aquella mañana César Llorens pidió la

baja de la Comisión Constitucional; «No estoy de acuerdo con el

procedimiento...» Tierno abandonó la sala: «No he tenido arte ni parte en la

redacción "nocturna" de esos artículos.» Los vascocatalanes se sintieron

marginados y también se fueron, enfadados. Alianza Popular, en bloque, se retiró

quebrando un consenso recién madrugado «que va contra nuestros criterios morales

—dijeron— en temas esenciales».

López Rodó, López Bravo y Silva defendían con ardor y brillantez unas enmiendas

que no escuchaba nadie. El mecanismo del pacto hacía votar al alimón a la ü. C.

D. y al P. S. O. E. Era... «la dictadura de las mayorías». Ley democrática. ¿Y

Fraga? «Todo aparecía parlamentariamente tranquilo esta semana: No eran

previsibles tales tormentas —me explicó entonces López Bravo—. así que Manolo se

ha ido a Estados Unidos a resolver asuntos políticos y económicos de A. P.»

• OLÍA A PÓLVORA POLÍTICA...

Recuerdo aquel 19 de julio, cuando en el Congreso olía a pólvora política.

Abril, Guerra. Arzallus, Pérez Llorca, Vizcaya. Xiqui Benegas... reunidos, por

enésima vez, a puerta cerrada en la «salita rosa», mientras un enjambre de

periodistas centinelábamos fuera. El Pleno. interrumpido en espera de que

«desembarrancase el carro». Se discutía la disposición transitoria que afectaba

a los derechos históricos de las comunidades. Adolfo Suárez y Felipe González se

reunieron en la Moncloa... Sus señorías, en corrillos, miraban el reloj

impacientes, y sonrojados «por un consenso tan descaradamente forzado». Los

taquígrafos se quejaban: «Nosotros teníamos que estar ahí dentro... para

levantar acta de toda la tramoya constituyente... Esas son las sesiones que

interesarán después a los historiadores.»

Por todo esto, creo yo. y por mucho más. sonreía socarrón Fernando Abril la

noche de ánimas, ruando Alfonso Guerra afirmó que en su «dossier» estaba «tó er

consenso». «¡No creas, no creas...!» Hay toda una sugestiva historia inédita de

la Constitución, que empieza una manan de otoño cuando dos periodistas arrebatan

(¿cómo?, ¿de manos de quién?) e] primer borrador «top secret» de la Ponencia de

«los siete encerrados».

Será, una «filtración» espectacular que desatará la reacción de padres de

familia. ,jueces, maestros, obispos, empresarios.., Desde aquel día y hora,

los españoles empezarían a seguir de cerca el tortuoso itinerario de la «carta

magna» de su soberanía, reclamando para ella puertas abiertas, luz y

taquígrafos.—Pilar URBANO.

 

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