La abstención y sus causas     
 
 Diario 16.    07/12/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La abstención y sus causas

La orientación del voto, cuando se ha escrutado aproximadamente el 38 por 100

del censo, permite ya formular algunas proyecciones generales con poca

probabilidad de error, así como bases de análisis bastante aproximadas.

La Constitución ha sido aprobada poc un margen más que suficiente de votos, en

relación con la totalidad real del censo. Ya estamos, por tanto, en un país

constitucional, en un régimen democrático de pleno derecho. Una mayoría amplia

del pueblo español ha dicho "sí" a la norma fundamental.

En números no absolutos, sino relativos, la proporción de "síes" respecto de

"noes" es aplastante, como estaba previsto. La extrema derecha y la extrema

izquierda, partidarias del "no", han demostrado una vez más que no "enganchan"

más que a una miñona residual del pueblo español.

Quedan, no obstante, un dato de mucha importancia que es necesario desbrotar y

analizar a fondo, porque en cierta manera es el que ha roto la imagen

establecida por las anteriores convocatorias democráticas a las urnas en

noviembre de 1976 y junio de 1977. En estas dos fechas, la abstención alcanzó un

techo de tipo estructural, perfectamente lógico, que oscilaba alrededor del

veinte por ciento. Pero, según los datos con que contamos, la abstención alcanza

ahora al treinta y cuatro por ciento. A todas luces se trata de una abstención

muy superior a la normal.

Los factores que han contribuido a este suplemento son varios. El primero de

ellos es ese cinco por ciento que supone un censo inflado en cerca de un millón

y cuarto de dobles empadronamientos. Error técnico que habrá que corregir cuanto

antes.

Otra causa hay que buscarla en el altísimo porcentaje de abstenciones que han

tenido lugar en Euskadi como consecuencia de la política inhibitoria y

maximalista, plagada de coacciones del PNV, teñida esta vez, además, con un

desaforado oportunismo. De hecho, con su actitud, el PNV se ha limitado a

cruzarse, una vez más, de brazos y capitalizar a su favor tanto el

abstencionismo natural como e! provocado por el clima de intimidación reinante

(en el País Vasco. En el total nacional la contribución de este grupo político

no es mucha, pero sí lo suficientemente cualificada para que haya que tenerla en

cuenta y afrontarla. Naturalmente, es al PNV al que le corresponde, ante todo,

responder de las posibles consecuencias de su error y tratar de enmendarlas.

Finalmente, las abstenciones reflejan el desencanto de un porcentaje de la

población: Un siete u ocho por ciento, que es, de entre todos, el hecho más

preocupante de todos cuantos reflejan los porcentajes provisionales con que

contamos. Un número considerable de españoles, sin obediencia de partido, se ha

desinteresado del proceso constituyente y se ha abstenido de pronunciarse sobre

él.

Lo que esto significa es obvio: La clase política española, perdida en los

vericuetos del consenso, ha aburrido y hecho huir de sus responsabilidades a

varios millones de ciudadanos. Tomen nota los partidos políticos, la totalidad

de los cuadros que detentan el poder ejecutivo y legislativo de este dato,

porque es indispensable rescatar a estos ciudadanos que les han vuelto la

espalda. Y averigüen por qué.

De ahí que hoy, 7 de diciembre, entremos sin paños calientes ni dilaciones en

una etapa política en la que es indispensable ir a1 grano cuanto antes. Urge un

calendario político preciso, orientado a unas futuras elecciones generales que

reflejen con exactitud los cambios ocurridos en la correlación de fuerzas

políticas. (Todos loa partidos han de encajar este reto y devolver a los

sectores de población inhibidos la confianza perdida. Combatir el desencanto y

el terrorismo con la fuerza de la razón, el derecho y la democracia.

 

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