Mentirosos, a su casa     
 
 Diario 16.    17/01/1983.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

EDITORIAL

Mentirosos, a su casa

Richard Nixon no fue expulsado de la Casa Blanca por truhán, sino por mentiroso. Si algo no puede aguantar un sistema democrático basado en unos valores éticos es que un cargo público falsee deliberada y descaradamente la verdad, luego sea descubierto y al final su mentira quede impune.

Ai menos dos de los más altos dirigentes de RTVE, los señores Calviño y Balbín, aparecen en estos momentos como artífices o al menos ejecutores del más burdo e insultante engaño urdido desde la pequeña pantalla contra la ciudadanía durante la etapa democrática .

De acuerdo con la versión avalada por las declaraciones del director general y el cobarde silencio de su jefe de informativos, la única causa de la suspensión del debate programado el pasado viernes en «La clave» fue la súbita afección gripal padecida por don José Luis Balbín.

El hecho de que dos colegas de tan dispar significación como «El País» y «ABC» coincidieran en referirse ayer a él como a «el enfermo imaginario» índica muy bien hasta qué punto se halla extendida la percepción de que la excusa aducida es un monumental embuste. La noche anterior a la emisión, Balbín no se encontraba enfermo, sino que asistía a una «importante reunión»; esa misma madrugada un taxista lo identificaba en tan sano estado como compañía; su «lecho del dolor» ni está en su domicilio ni sus familiares lo conocen. Todos estos datos parecen suficientes corno para que sí mañana exhibiera un certificado médico, comenzara a correr ¡a voz de que, en vez de dar la cara, había utilizado el fin de semana para inocularse el virus.

Pero es que, aunque Calviño consiguiera probar que Balbín tenía gripe, seguiría faltando a la verdad, al enmascarar esta circunstancia, lo que, a juzgar por todos los indicios, fue un rudo y descarado acto de

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censura. Todos sabemos que existen precedentes de programas presentados por Balbín en precarias condiciones físicas y precedentes de programas presentados por alguno de sus colaboradores. Complementariamente ha trascendido la indignación ante el panel seleccionado de altos cargos municipales como Leguina; miembros de! Gobierno, como Barrionuevo, o visires del partido, como Galeote. Si a ello unimos el tira y afloja que la suspensión del debate provocó en Prado del Rey y las heterodoxas y contradictorias comunicaciones recibidas por los invitados, termina configurándose un cuadro en e! que ni siquiera Eduardo Sotillos es capaz de convencernos de que el vicepresidente Guerra se mantuvo al margen.

Siendo terrible la arbitrariedad de la censura, aún lo es más el desprecio hacia la gente que entraña la mentira, y resulta verdaderamente doloroso ver convertidos a compañeros del prestigio y la credibilidad del portavoz del Gobierno o del portavoz de RTVE, Carlos Luis Alvárez, «Cándido», en forzados cómplices de ella.

El asunto tiene la suficiente gravedad como para Que e! presidente González tome personalmente cartas en el asunto y ordene una investigación en toda regla. Si ésta no produce inesperadas revelaciones, contrarias a lo que la deducción y la razón ahora indican, Calviño y Balbín deben ser inmediatamente forzados a dimitir de sus cargos.

Continuar apoyándolos contra viento y marea como supuesto signo de postiza firmeza gubernamental —tal y corno presagia que sucederá uno de los colegas anles mencionados— revelaría, por parte de laN Moncloa, el mismo «don tancredismo» que impulsó a Calvo-Sotelo a mantener al colcífero Sancho Rol. Con el agravante, en este caso, de la naturaleza del pecado: la tan cacareada ética socialista puede admitir la torpeza, pero no la falsedad. ¿Podrían permanecer en silencio los miembros del grupo parlamentario, los representantes del sector crítico, los amigos del colectivo «Reflexiones Socialistas» y, en general, las bases de un partido que se ufana haber hecho ya centenaria su honradez?

No vamos a consentir que se eche tierra sobre el asunto, porque tendría que ser la suficiente como para atorar los ojos y los oídos de toda la nación. El medio de comunicación más poderoso e influyente del país no puede quedar en manos de dos señores 3 quienes se ha cazado en flagrante mentira y de quienes se dudará fundamentairrente a partir de ahcra. Ni tos profesionales de Televisión pueden seguir a tales líderes, ni el medio puede ser abandonado a la intemperie frente al acoso reaccionario v cerril al que, por ejemplo, está siendo sometido el magnífico programa de Lalo Azcona sobre el aborto. Calviño ha llegado a RTVE predicando la moralidad e imponiendo en nombre de ella notables y en ocasiones absurdos sacrificios a parte de sus trabajadores. Ahora tiene la gran oportunidad de alardear con el ejemplo, marchándose a su casa y arrastrando consigo a quien ha cofabricado una infracción ética infinitamente más grave que la del pluriempleo. Ellos son tos verdaderos «incompatibles» con la profesionalidad y la decencia.

 

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