Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Prensa y propaganda     
 
 Diario 16.    19/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Prensa y propaganda

SI el dichoso «affaire» de «La clavé» no fuera un asunto objetivamente gravísimo por todas las peligrosas y oscuras conjeturas que sobre él se ciernen habría que convenir que se trata de uno de los sucesos cómico-políticos más estrafalarios y estrambóticos de toda la accidentada historia de nuestra joven democracia. Ni el mismo Colouche lo hubiera mejorado.

Aunque parezca increíble, José Luis Balbín, todo un director de los Servicios Informativos del medio más poderoso de España —TVE—, desaparece envuelto en una misteriosa nube de virus gripales y reaparece, intermitente e inaccesible, en dos lujosos hoteles alemanes, en Baviera y Bonn, respectivamente. No es que esto sea anormal en el personaje, no. Los responsables de Televisión tienen en su poder abultadísimas carpetas de los viajes de Balbín por toda Europa. El mecanismo es sencillo: para la preparación de un debate, viaje al canto. Amsterdam, Bonn, París, etcétera. Gastos y dietas.

En las casas serias y con el dinero bajo control, esas cosas se resuelven con una llamadita telefónica al corresponsal de turno, que para eso se le paga. Pero en TVE, que. tira con pólvora del rey, no.

En este periódico que nos acaban de pintar de color croccanti —de limón, vainilla y chocolate— el sufrido director no se ausenta ni diez minutos sin que sepamos en todo momento dónde localizarle. Y eso que la naturaleza informativa de un diario permite respiros de muchas horas entre la elaboración del producto y su distribución.

Televisión es, o debería ser, un medio aún más tirano para sus responsables, dada la excepcional importancia que tiene y la instantaneidad como característica principal de su esencia informativa. Pero con Balbín estas cosas no cuentan.

FÍJENSE lectores hasta qué niveles llega el atrevimiento del caballero que el próximo programa estaba previsto que versara sobre «Las incompatibilidades».

Su director, Balbín, además del apetitoso y cuantioso «pienso» salarial que percibe en TVE, es funcionario de Trabajo, por lo que cobra las 84.025 pesetas, de las que ayer les hablaba. Pero aún hay más. Balbín está destinado desde hace meses en comisión de servicios en el Instituto Iberoamericano de Desarrollo, empleo por el que teóricamente percibe tal sueldo. A pesar de que tal destino se produjo hace cerca de un año, todavía no ha acudido ni una sola vez al citado Instituto, según los responsables del mismo. En cambio, firma puntual y mensualmente su nominita.

Y, sin embargo, el caso, a pesar de la mera «anécdota Balbín», es peliagudo e incide en la misma médula de la concepción democrática de la información. Desde siempre en esta columna se ha dicho que una materia tan delicada y altamente explosiva como la informativa debe permanecer lo más alejada posible de los políticos, independientemente de su ideología, dada la irresistible —y, por otra parte, muy humana— tendencia que todos ellos tienen a transformarla en propaganda. Que es lo que ha ocurrido con «La clave». De ello hablaremos otro día.

 

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