Autor: Armas Marcelo, Juan José. 
   La última enfermedad de "La Clave"     
 
 Diario 16.    18/01/1983.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La última enfermedad de «La clave»

J. J. Armas Marcelo

Sí faltaba el detalle del gesto sospechoso, incluso éste va está servido sobra el tapete oscuro de (a realidad. Los ciudadanos españoles ya tenernos absoluta conciencia del nombre de la diva casquivana que maneja los hilos secretos de los programas, las censuras, fas influencias y todo lo demás en esa finca que es Televisión Española. La dama enferma de la política se pasea por los despachos, las galerías, los corrillos, las salas de producción y todos los rincones de Prado del Rey. Ordena y manda corno un jinete apocalíptico y ni siquiera fue captado por el ínclito Blasco Ibáñez. Un país que trata de salir, con esperanza y voluntarioso convencimiento, de los múltiples problemas que lo acucian cotidianamente, observa cor ojos desmesurados cómo la dama de la política inserta y clava su bisturí en la libertad que todos los ciudadanos han conseguido a basa de luchar con esperanza y voluntarioso convencimiento. Alguien dijo ahora, corno si fuera el gran Tagore occidental, y se ha magnificado el problema de la última clave. Para esa inmensa mayoría que ha apoyado el cambio necesario en este país, observa atónita tos paseíllos triunfales de la política por plazas que no son de su competencia, Y es, desde luego, el estado de l(as cosas.

Otra cosa es el estado de la enfermedad de Balbín, hombre desconcertante y llamativo donde se encuentre. No sólo es uno de esos españoles que hace lo imposible porque diariamente se hable de él, aunque nocas veces para bien, sino que de repente se provoca él mismo dramaturgias sorprendentes y se entorna cada vez que pretende el protagonismo de las cosas. El mutismo de su gripe es también un gesto sospechoso. Siempre hubo un Balbín dispuesto a rasgarse las vestiduras porque la diva casquivana de la política introducía su voz mezquina en «La clave», sacrosanto programa del reputadísimo periodista asturiano, hoy elevado a grandes cotas de audiencia. ¿Estará «La clave» de todo, del silencio y de la gripe, en el Bocaccio madrileño, donde Balbín reposa noche tras noche hasta llegar la madrugada?

En círculos socialistas se estima que Balbín, seguramente por negligencia, no se dio cuenta de la peligrosidad de los invitados a su programa, finalmente, el problema de las izquierdas en los municipios ha sido dejado para mejor ocasión. Pero el daño ya está hecho, y el país reflexiona gravemente sobre el particular y su tramoya, sobre la fe y la dama loca de la política y sobre los dogmas aceptados por esa misma religiosidad. ¿Permanecen los ciertos vicios del pasado mediato? Parece que permanecen. Precisamente porque permanecen en puestos de alta responsabilidad, camuflados por el oportunismo, personajes que provocan esa sospecha ciudadana. A estas alturas del cambio, corriendo rápidamente los místicos cien días de silencio y abstinencia crítica, cabe recordar el verso de Mario Crasjvol que su sana constante acaba de traer de nuevo a la actualidad, y que Prado del Rey asimila en algunos de sus responsables más altos; «De dos peligros», reza el verso, «debe cuidarse el hombre nuevo: de la derecha cuando es diestra y aún de la izquierda cuando es siniestra».

 

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