RTVE: Un Estatuto anticonstitucional     
 
 Diario 16.    07/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

RTVE: Un Estatuto anticonstitucional

La televisión es, parangonando al poeta, un arma cargada de futuro. Políticos y aficionados a sentarse en poltronas de cualquier calibre sueñan con dominar a los españolitos todos desde la pequeña pantalla casera. Y están a punto de lograrlo.

La mejor televisión de España está a punto de seguir siendo única por los siglos de tos siglos. Como el partido único del señor Franco, será un servicio público en el que cabremos todos los españoles. También con unidad de poder —en las solas manos de los políticos— y pluralidad de funciones: se podrá elegir entre los aburridos canales nacionales y uno nuevo autonómico.

Los políticos se reservarán días y horas de aparición, porque la televisión será sólo suya. Y la controlarán parlamentariamente. Ellos solos. Al tele-sufrido-espectador se le reservará un bono para participar en los fantásticos programas de Iñigo o incluso disfrutar de los goles del domingo.

Y todo ello por mor de un proyecto de ley que ayer quedó dictaminado por la correspondiente ponencia del Congreso de los Diputados, el llamado Estatuto Jurídico de RTVE. Este dice que «la radiodifusión y televisión son servicios públicos esenciales cuya titularidad corresponde al Estado».

Los políticos aficionados a emular a los siniestros personajes de Ray Bradbury en «Fahrenheit451» no tienen el mínimo rubor de violentar la Constitución, limitando los derechos del resto de los ciudadanos, pese a que nuestra Carta Magna nos reconoce el derecho «a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión». Y, por lo visto, la radio y la televisión no son «cualquier medio». Son sus medios y su fin. El de los políticos.

También es cierto que quien hace la ley, hace la trampa. Esta está en que el propio texto constitucional reconocía la subsistencia de los medios de comunicación social del Estado. Ahora se ha hecho el requiebro convirtiendo la trampa en un monopolio para estatalizarnos mejor a todos.

Sin embargo, no lancemos aún los lamentos al aire. El desaguisado parlamentario aún puede recomponerse en los próximos trámites -Comisión, Pleno del Congreso y paso por el Senado—, antes de que se consagre un corte de las libertades con el establecimiento de un monopolio anticonstitucional.

 

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