La publicidad en televisión     
 
 Diario 16.    17/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA PUBLICIDAD EN TELEVISIÓN

La dependencia económica casi absoluta que tiene Televisión Española de los ingresos por televisión es, en efecto, un grave error, como ha señalado el Ministro de Cultura, Pío Cabanillas, ante la Comisión de Presupuestos del Congreso. La televisión, aquí y en todo el mundo, es un medio de comunicación de un fabuloso y gigantes co poder, capaz de transformar las corrientes de opinión, las tendencias del consumo y, por ello mismo, los mismos hábitos de vida de millones de personas. Quizá aquí, en estos supuestos, resida la clave de por qué en ningún país europeo se ha dejado en manos privadas el manejo y control de instrumento de tanta trascendencia social.

Con la publicidad, la Televisión Española se viene lo que se dice pasando desde hace un sinfín de años. El espectador medio se ve sometido a un bombardeo de «spots» que lo incitan al consumo con brillantes coloridos y motivaciones sugestivas de hermosas mujeres y lujo refinado. Y todo esto, según todos los indicios, sin un control estricto y riguroso que, de alguna manera, sintoniza con la realidad económica del propio país y con unos fines educativos y culturales de los que Televisión, precisamente por ser gubernamental, no puede hacer abstracción. Así, por ejemplo, se nos anuncian caros artículos de importación, cuando estamos en horas de austeridad y desde las más altas instancias de la política económica s enos recomienda la reducción de las importaciones; así, también, cuando se nos dice desde fuentes sanitarias que España tiene un índice de alcohólicos alarmante y que puede cifrarse en, cerca de dos millones, Televisión Española no deja de anunciar «whyskys», anisetes, brandys, etc.; igualmente, por fin, e| espectador soporta que se le Interrumpan una y otra vez los programas para meter los bloques correspondientes de «pots» publicitarios, sobre todo a (as horas de mayor audiencia, que son las de la noche.

El Ministro de Cultura ha sido tajante en la exposición de esta realidad y ha dicho con absoluta claridad que éste no es el camino acertado y que habrá que buscar otras fórmulas de financiación para Televisión, que los simples ingresos por publicidad. De alguna manera habrá que volver a lo que ya se inició tímidamente hace algunos años y es el cobro de una tasa a los poseedores de aparatos de televisión que, como impuesto directo, tendrán que pagar anualmente a cambio de la prestación de unos servicios caros que, mirando al futuro, deben mejorar en calidad. Sólo dos pequeños países de Europa, Luxemburgo y Monaco, ofrecen a sus habitantes, sin tasa alguna, la programación de televisión. El resto de Europa cobra un impuesto por cada televisor en funcionamiento, con lo que Ja dependencia de la publicidad es mucho más limitada y, en algunos casos, nula.

La publicidad en Televisión viene siendo una agresión que sufre el espectador sin ningún mecanismo de defensa a su alcance, motivando sus actitudes hacia unos productos u otros sin posibilidad de ejercer la libertad de escaparse de esta influencia no siempre, ni mucho menos, beneficiosa. Por si todo esto fuera poco, la publicidad en Televisión incide muy negativamente en la crisis de la Prensa al canalizar una gran masa del dinero publicitario hacia la pequeña pantalla, a costa del único ingreso capaz de amortiguar de alguna manera las grandes pérdidas que ahora mismo, y casi de modo general, tienen las empresas periodísticas. Estarnos, pues, con Cabanillas en que es un grave error mantener la publicidad como sostén financiero casi único de nuestra Televisión.

Sábado 17 diciembre 1977

 

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