Autor: CLOTALDO. 
   La rabieta de un papel en crisis     
 
 Pueblo.    21/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA RABIETA DE UN PAPEL EN CRISIS

DESDE hace días, un casi re. cién nacido diario de la tarde viene descargando contra PUEBLO, en particular, y contra la «Prensa del Estado», en general, la más gruesa y grosera artillería que se haya empleado en España desde los años de la guerra civil, y no para batir un frente enemigo —porque aquí, y sin enemigos, estamos todos al servicio de la nueva y todavía frágil democracia española—, sino para conseguir que engorde su libro de caja, y que aplicando aquel viejo refrán de «un frailecico menos, una ración más», la eventual desaparición de PUEBLO permita al colega ponerse las botas, en lugar de las modestas alpargatas profesionales con las cuales tiene que deambular cada día. El hecho es aún más paradójico cuando sucede pocos días después de que algunos dirigentes de ese colega hayan pretendido organizar una asociación de leves tonos amarillos para defender, entre otras cosas, «la ética profesional». ¡Pobre ética, y a dónde ha Ido a parar con estas andanadas infames hacia unas docenas de periódicos españoles, por cuyo personal parece el colega sentir especialísimo odio, ya que trata ni más ni menos que de ponerles en la calle, dejándoles, ¡eso sí!, la modesta cuerda para ahorcarse a plazos que representaría el subsidia de desempleo. En la larga y ancha historia de la Prensa española no existe memoria de maniobra tan impúdica y hecha a la luz del día, como pretender que unos colegas mueran para que otro viva, y observamos el silencio triste con que el resto de la Prensa contempla tira polémica, en la cual ya debía haber participado, en nombre del sentido común y de la ética, del decoro y de la camaradería. Hacer además todo esto en nombre de la democracia es convertir tan sagrado nombre en prostituta al servicio de privadísimos intereses. «No hay democracia si hay Prensa del Estado», grita el colega ¿La habrá si sólo existe la Prensa del capitalismo? ¿Desaparecerá si existe una Prensa de la sociedad, a su servicio, y sostenida en lo que sea preciso con medios oficiales? ¿No son la radio y la televisión, aquí como en Francia, en Inglaterra y en Italia, unos medios oficiales de difusión precisamente sostenidos por el Estado mismo? ¿No sucede eso en algunas grandes agencias informativas?

• Pero el empeño en dejar a varios medios de expresión mudos 7 a varios miles de trabajadores en la calle, se sostiene con tal impudicia que comienza a derivar o en la enfermedad o en la manía, porque sólo plumas enfermas pueden luchar contra colegas con obstinación que no cesa; como si¡ la salvación de España estuviese en que unos periódicos desapareciesen para que otro —¡ay, por muy mal camino económico y al borde de la ruina!—, logre salvarse o al menos prolongar su conocida crisis de lectores y de tesorería. Escribía hace años Duverger, que no es un fascista sino un teórico del socialismo, que «el idealismo occidental es frecuentemente un medio de defender intereses materiales muy precisos». Lanzado a una dialéctica de manicomio, el colega sostiene que si el PSOE quiere una Prensa del Estado, si la quiere el PCE, si la quiere la Unión del Centró, si la quiere la UGT, si la quieren las Comisiones Obreras, «este rincón de la conciencia ciudadana no aceptará una respuesta afirmativa». Los supuestos demócratas se convierten así en totalitarios de sus propias manías, puesto que se niegan a aceptar aquello que puede parecer bien » las centrales obreras y a los partidos políticos. ¿Quién ha ganado las elecciones, los partidos o ese diario que se convierte en «conciencia ciudadana» sólo porque unos cuantos han tenido los millones precisos para que se edite?

• Jamás la altanería del dinero y el orgullo del más vano capitalismo habían llegado tan lejos ni amenazado de una manera tan ridicula. ¡Inclinémonos todos, sindicales y partidos, que el desquiciado diario de la tarde dice «no» a lo que el pueblo español desee a través de quien lo representan, y no le importa un comino cuanto los trabajadores >y sus centrales opinen. E] caso es que la competencia desaparezca, para que la caja de ese diario de la tarde reciba los billetes verdes que tanto precisa. En nombre del dinero, se compromete el nombre de la democracia, y se dice «no» al pueblo porque ellos, «conciencia ciudadana» —¿quién les ha elegido?— precisan que un veterano coiega muera para que ellos vivan.

• Vivimos así sobre las ruinas de la misma ética profesional que se invocaba en pasados días. «El perro no come perro», dicen los periodistas ingleses, pero aquí el perrito de enfrente está dispuesto a comérselo todo en nombre de su impudicia, y especialmente porque si esos «medios del Estado» no desaparecen, ellos van a cerrar con un tremendo fiasco editorial y periodístico, dejando mal a quienes —ahora alli dentro— se inventaron el ´slogan´ de los «Veinticinco años de paz> y desde luego el referéndum de 1966, tan animado por alguno de esos que tan rico negocio han hecho renunciando a toda clase de ideas, de éticas y de principios. Los que han sido estafeta del GRAPO nos acusan de antidemócratas, cuando aquí —como en la que fue un día Prensa del Movimiento— hoy se defiende la democracia en cada jornada, y los periódicos no son nunca lo que fueron, sino lo que son en el día.

• Algún ataque, como el dirigido contra Emilio Romero, nos parece además risible, porque más talento periodístico tiene Romero en una uña que ellos en todo el cuerpo, columna vertebral incluida, aparte de que Romero ya no tiene con esta casa otra relación que la de amigo con no pocos que en ella sirven. Sacar el pasado es como asustar a un niño con el coco, pero aquí hay muchas gentes que ya estaban en la lucha social y política cuando en el «colega» de la tarde o estaban en el biberón o dejado de la cama, esperando que. otros lograsen la libertad para luego corivertirla en negocio, que ahora les va de capa caída. Y es esa capa caída la que les duele, porque si unos no desaparecen ellos mueren sin comerse las uvas del año venidero. Por eso se entregan a! canibalismo periodístico y desean condenar al hambre a 6.000 trabajadores de la Prensa de la sociedad. ¡Qué importa eso a la banda de unos ricos señoritos! En un país donde siempre el periodismo tuvo al menos ética, el innombrable —porque es gafe— diario de la tarde, la ha perdido. Se recurre al insulto, a la agresión descarada y a la garrulería. Es así como la Prensa de la democracia no iría ciertamente. a ningún, sitio.

• Desde un diario donde mayoritariamente todos cumplen con su deber, donde las gentes militan con libertad en sus sindicales o en sus partidos, donde no se inventan sindicatos amarillos, donde no se despide a nadie por desobedecer al señorito, queremos advertir que nuestra paciencia ha concluido. Se está ofendiendo a toda la Prensa española,, que no necesita asesinar colegas para vivir, aunque atraviese momentos dificiles. Aquí el escándalo no es la «Prensa del Estado», sino la de dieciséis señoritos que festejan sus chistes con una ronda de «Chivas», defender los puestos de trabajo de seis mil trabajadores, y al tiempo la libertad y la democracia, es nuestro orgullo de cada día. No necesitamos asesinar a nadie para que se nos reconozca el derecho a la vida. ¿A dónde iríamos si este «capitalismo salvaje» y caníbal triunfase en la difícil España en que vivimos?

CLOTALDO

 

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