Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
   Democracia y prensa     
 
 ABC.    07/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES, 7 DE JUNIO DE 1977.

DEMOCRACIA Y PRENSA

Por José María CARRASCAL

«¿Pero qué les pasa últimamente a ustedes, los periodistas —me preguntaba una señora española de visita en Nueva York—, que sólo saben contar cosas horribles? ¿Es que no pueden contarnos cosas que nos gustan a la gente, cosas bonitas?» Y aunque al "glamour" de la señora le había ocurrido lo que a las verduras de las eras, me dieron ganas de inventar una historia bonita, tal era su desconsuelo.

Es comprensible el estupor de cierto tipo de gentes al contemplar el vuelco copernicano que ha dado la Prensa española. Pero me temo que no hay otro remedio: la Prensa tiene que ser aguafiestas, cancerbera, antipática, si queremos que nuestras cosas vayan bien. Es su papel en la Democracia.

Pongan al lado el «Neues Deutschland» de Berlín Este y el «Morgenpost» de Berlín Oeste y comprobarán, incluso sin saber alemán, que aquél es un remanso apacible y éste una lista 9e desventuras. La diferencia entre la Prensa de la Democracia y la Prensa de la dictadura es que aquélla sólo ve las cosas malas y ésta sólo ve las buenas. Es algo a lo que tenemos que acostumbrarnos los españoles: a que los periódicos nos amarguen los desayunos con críticas, sobornos, fracasos y otras lindezas por el estilo.

Lo ideal sería un término medio. Pero los términos medios no existen, son pura abstracción. En la Prensa, sobre todo. Y en el momento que llega la dictadura todas las noticias son buenas, como todas las chicas son distinguidas y todos los prohombres, honorables. (Dentro del país, naturalmente, porque fuera campea la corrupción y el crimen.) Por la misma regla, en cuanto llega la Democracia, todos los hombres tienen flaquezas y todos los planes agujeros. Indefectiblemente. Lo que no quiere decir que a la Prensa de la Democracia no haya que pedirle responsabilidad. Al revés, hay que pedírsela más que a la de la dictadura, por una razón muy simple: a aquélla se la cree, a la de la dictadura, no. Por eso la de la Democracia es tan poderosa, tan arrogante, tan amarga.

A modo de consuelo, les brindo una experiencia: la Prensa de la Democracia no es tan fiera como parece. A primera vista, sí; a primera vista es tan pesimista como la.de la dictadura es optimista. Pero, a la larga, los papeles se invierten, y la Prensa de la dictadura produce depresión, mientras la de la Democracia genera esperanza. Pues cuando el lector levanta los ojos y compara la diferencia entre loa rosas titulares que acaba de leer y las cosas que no funcionan, la corrupción rampante y la mentira oficial, la melancolía se apodera de su espíritu. Por el contrario, el lector de la Prensa "democrática comprueba que el sol sale todos los días, incluso si hay nubes, que las cosas, bien que mal, marchan, y la sonrisa acude a sus labios.

¿Han visto ustedees lo poco que sonríe la gente en los países del Este? Buena parte de la culpa la tiene su Prensa, que les cuenta cada mañana un cuento de hadas. Mejor desayunarse con un par de catástrofes. Después de ello uno aguanta cualquier cosa.—J. M. C.

 

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