La reforma olvidada     
 
 Informaciones.    16/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

LA REFORMA OLVIDADA

Entre tantas reformas con las que se enfrenta hoy el país, con la política y la fiscal a la cabeza, una reforma

sigue postergada: la del campo, que algunos partidos se contentan con mencionar de vez en cuando

—la «reforma agraria»—, acompañándola de unos esquemas simplistas que generalmente se centran en

expropiaciones y colectivización del suelo.

No pretendemos nosotros marcar con precisión el camino a seguir, que deberán decidir los legisladores

democráticamente elegidos, los técnicos en la materia y los propios agricultores. Sí apuntaremos que la

esquemática solución colectivista nos parece funesta, y en países de Europa oriental y meridional donde

se ha intentado con diferentes grados de intensidad, ha tenido pésimos resultados por su constante falta de

«eficacia» y «productividad» (como más próximo y utilizable ejemplo, hay que citar las granjas

colectivas promovidas por el Partido Comunista portugués). Y, sobre todo, insistiremos en que el campo

clama por soluciones eficientes, coherentes y prontas.

No podemos olvidar hoy que la principal víctima de las tan mencionadas crisis en los precios del trigo, de

las hortalizas o de la fruta, son los agricultores. Tienen un comprensible complejo de indefensión, y la

falta de racionalidad y de eficacia que se le achaca es en realidad imputable, en buena medida, a los

organismos políticos —y en particular el Ministerio de Agricultura—, que no cumplen aceptablemente su

misión asesora y directora. ¿Cómo sabe el agricultor las tendencias de los mercados, las previsibles

necesidades de consumo, para planificar así sus cultivos y dejar de guiarse, como es costumbre, por «lo

que se ha vendido bien el año pasado»? ¿Quién explica a los agricultores que se fomente el cultivo de

remolacha y, sin avisarles de nada, se complete una tremenda operación de compra de azúcar (en

condiciones muy discutibles, pero ese es otro cantar) con Cuba, hundiendo el mercado interior? Un tufo

de desidia y, como mal menor, de improvisación, sale desde hace años de la política agraria española. Y

no vemos indicios, aún, de que cambie.

No olvidemos un hecho capital. La industrialización de España —imprescindible e importantísima— se

ha hecho «a expensas» y a espaldas del campo, cuando lo necesario era industrializar y capitalizar, a la

vez, la explotación agraria. Hay que reparar ese contumaz olvido, para estabilizar un sector que, no lo

olvidemos, es nuestra mayor garantía de éxito, por su competitividad y enorme potencial, dentro del

Mercado Común. El obstruccionismo de Italia y Francia a la integración española en el M.C.E. nace

justamente del temor al poderío que la agricultura española, aún abandonada, aún atrasada, deja entrever.

Una vez vencidos los obstáculos, España contribuirá a la prosperidad europea, más que nada, como polo

turístico y agrícola. No abandonemos esas riquezas.

 

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