La libertad de Prensa empieza por uno mismo     
 
 Informaciones.    25/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIONES

La libertad de Prensa empieza por uno mismo

AYER los informadores gráficos no pudieron realizar su labor en el salón Gasparini del palacio de Oriente. Veinticuatro lloras antes, un grupo de periodistas era despachado descortésmente en el palacio de la Moncloa por algunos de los líderes de la Unión de Centro Democrático, y otros colegas catalanes realizaban un plante ante la asamblea de parlamentarlos catalanes. Lamentables noticias que están dejando de serlo al no ser más que una suma y sigue de otras análogas registradas, sobre todo en los últimos tiempos de la transición hacia la democracia.

Junto a este maltrato directo y personal, hay que señalar también uno más sutil e indirecto: no se da información, se niegan los hechos reales como las crisis o escisiones de los partidos y se intenta utilizar a la Prensa como el canal desinformativo más eficaz. Para colmo de males, cuando los medios de comunicación proporcionan una noticia «no oportuna», se recorre a la vieja técnica de estos cuarenta años, la «Prensa canallesca», para desacreditar a quienes realmente averiguan, porque es su deber, qué es lo que ocurre en tal o cual dirección de un partido político de la derecha o de la izquierda.

Lo más contradictorio de toda esta situación, heredada de la anterior, es que simultáneamente una parte de sus autores defienden con la mayor solemnidad la libertad de Prensa y han condenado duramente la censura. Sin duda, el peso de estas cuatro últimas décadas, en las que el papel de los periodistas quedó rebajado al de mero escribiente de tercera de la administración autocrática, la falta de ana tradición y una práctica democrática, el nerviosismo e incertidumbre de los primeros pasos democráticos pueden explicar sin justificar estos frenos a la labor informativa de los periodistas: primer requisito para que pueda hablarse seriamente de libertad de Prensa.

Una vez más, tenemos que señalar que los periodistas nos limitamos a reflejar lo que ocurre. Si la unión de la Unión de Centro Democrático comporta lógicas tensiones preunificadoras, ¿por qué eludir de malos modos a los periodistas?; si en la asamblea de parlamentarios catalanes hay naturales divergencias, ¿por qué poner obstáculos a los profesionales de Prensa para que realicen su labor?; si en la dirección de este partido hay alas que se enfrentan a vida o a muerte política, ¿por qué los informadores no tienen acceso a las reuniones? Suma de interrogantes que tienen como resultado una nueva interrogación: si se defiende la libertad de Prensa, ¿por qué poner impedimentos prácticos a su viabilidad? Puede que en algún caso exista algún motivo excepcional de desdramatizar la vida política —la recepción del palacio de Oriente—, que no invalida, sino que reafirma la necesidad de que se facilite el trabajo de quienes proporcionan a la sociedad la «luz y los taquígrafos» de los hechos políticos.

No es necesario insistir en que sin Prensa Ubre y democrática no hay democracia posible. Si las luchas políticas se realizan por arriba, a través de misteriosos aparatos políticos, sin que se filtre a la sociedad lo que ocurre, estaremos caminando hacia atrás. El misterio, el enigma, el secreto, la incógnita, el culto a lo oculto, son siempre armas de quienes niegan la democracia. Por eso son también el primer peligro para la libertad de Prensa y, consecuentemente, para los profesionales de los medios de comunicación.

 

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