Autor: Vila, Luis. 
   Prensa del Estado     
 
 Arriba.    05/07/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PRENSA DEL ESTADO

Señor Director:

Ahora que se proyecta una amplia reforma administrativa, cabe también preguntarse cuál será la función de la Prensa del Estado, vale decir de esa treintena de periódicos que, unos con fuerza, otros con menor trascendencia, influyen en la vida local y nacional. Sin entrar en el destino de cada uno de los diarios en concreto, sin mencionar sus virtudes o sus defectos, me limitaré a observar muy resumidamente qué papel, a mi juicio, deberían tener esos periódicos y cómo podrían administrarse.

En primer término, constituirán un servicio público especial, o sea que informarían a todo el país de aquellos acontecimientos nacionales e internacionales que interesen a! común; garantizarían lo que piense, desee o decida el Gobierno en determinados asuntos, no en él sentido de convertirse en una especie de descolorido «Boletín Oficial del Estado», sino en el de aleccionar a la opinión pública y de suscitar controversias, dilucidando los problemas y perfilan, do las soluciones ya esbozadas. Y de aquí procederá otro papel de la Prensa estatal, el de hallarse abierta a todos los ciudadanos, al menos en teoría, para que éstos expongan sus opiniones, sin otro límite que el respeto de fas personas y de la legalidad vigente.

Naturalmente que no se trataría en esta especie de foro de la consabida sección de «Cartas al Director», sino de páginas enteras donde se debatan los temas litigiosos, de números monográficos o semimonográficos, de series que abarquen varios días, de amplios reportajes, de discusiones «en petit comité» o multitudinarias que después se transcriban, de encuestas fieles, de invitación al público a colaborar mediante toda clase de escritos que se seleccionarían luego de acuerdo con su calidad, etc. En suma, serio su papel no el de formar e informar, tal como correspondería a la Prensa de un régimen autoritario; más bien informará y reflejará las opiniones ciudadanas, y si de esta manera adquiriesen a la postre hegemonía las opiniones predominantes, eso no resultaría tanto de la deliberada actuación de estos diarios, cuanto de la fuerza misma de la ideología triunfante.

Bueno, algo así podría ser, ¿no?

Luis Vila (Madrid.)

 

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