Libertad de expresión     
 
 ABC.    02/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La ley de Prensa e Imprenta de 18 de marzo de 1966 contenía en su artículo segundo —y en los procedimientos sancionadores que se derivaban de él— un eficacísimo freno al avance de libertades de expresión que otros artículos de su texto establecían. Se vivieron así, vivimos concretamente los periódicos, años de aparente libertad; de libertad «Controlada». Sistema propio de la época anterior; sistema impropio para la actual y futura historia política española.

Ahora, de acuerdo con los imperativos de este tiempo, de acuerdo con una legalidad democrática, el artículo segundo de la ley de Prensa e Imprenta ha sido derogado. Los delitos que se cometan en el ámbito que esta ley regulaba —específicos por afectar a la fama, honra, dignidad y crédito de las personas y ser la imprenta su instrumento— pasarán a la jurisdicción ordinaria. Otro resto, el que penalizaba determinadas apreciaciones políticas, desaparecerá.

Ahora bien, la más limpia legalidad, el respeto a derechos inalienables de la personalidad humana, las proclamaciones más serias y amplias de la libertad de expresión, requieren y señalan, en todas las legislaciones, unos límites que vedan la comisión impune de injurias, calumnias, etcétera. Por ello, la nueva reculación declara —en una disposición antilibelo—"delitos semipúblicos las calumnias y las injurias difundidas a través de los medios de comunicación social.

No se trata de crear nuevas figuras delictivas, sino de reafirmar las ya existentes, pasando su conocimiento a la jurisdicción ordinaria —por la indiscutible independencia del poder judicial normal— y estableciendo, además, un procedimiento de urgencia para mayor eficacia y ejemplaridad.

Siempre que se pasa de un sistema autoritario a un sistema democrático es muy grande el peligro —y no nos hemos librado de él, a decir verdad— de confundir la libertad con una permisibilidad sin límites para todo, olvidando que la libertad de uno termina allí donde comienza la esfera de la libertad, dignidad y respeto de los demás.

Esta preocupación —que hemos compartido con otros colegas de la Prensa, muy bien calificados— nos movió, recientemente, a propugnar una ley antilibelo o disposición análoga en estas columnas.

Y, naturalmente, acogemos hoy, con lógica satisfacción, el real decreto-ley que, aprobado en Consejo de Ministros, viene a regular esta difícil y sustantiva materia. La pugna electoral va a ser, según todos los síntomas, muy dura, y tendrá, por fuerza, que desarrollarse sobre la base incierta de la inexperiencia unida a la más apasionada politización.

Ahora, pues, con. más oportunidad y más urgencia que nunca, era conveniente definir, una vez derogado el artículo segundo de la ley de Prensa, el nuevo o recuperado sistema legal para sancionar los delitos que puedan cometerse.

 

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