La prensa de la mendicidad     
 
 Pueblo.    02/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA PRENSA DE LA MENDICIDAD

NUESTRO colega «Informadones» publicaba ayer, firmado por su habitual comentarista Abel Hernández, el comentario que, por su innegable interés, reproducimos íntegro a continuación:

«La Prensa está en crisis en España. En realidad, la crisis afecta a toda la Prensa europea y a la occidental. Pero en nuestro país la situación es gravísima. En estos momentos el • llamado «cuarto poder» es un pobre mendigo pidiendo de puerta en puerta. Tengo delante unos gráficos elaborados por el Ministerio de Información que no dejan lugar a dudas ni sitio para la esperanza. Tanto la Prensa diaria como los semanarios, en su conjunto, se están hundiendo y se están muriendo en silencio.

A pesar de los constantes acontecimientos considerados históricos, a pesar de vivir día a día un cambio evidentemente histórico, a pesar de todos los pesares, en 1976 los periódicos diarios españoles han sufrido un descenso en su venta de hasta el 20 por 100 en casi todos los meses (solamente en febrero, marzo, abril y noviembre hubo una leve recuperación). A los semanarios aún les fue peor: solamente recuperaron la tirada en septiembre. • En conjunto, la venta de los periódicos españoles descendió el año pasado, por lo menos, un 15 por 100; los semanarios, más del 20. El descenso de la publicidad en la Prensa fue aún más notable, con una frágil recuperación en los tres últimos meses. El año 1977, según todos los indicios, no ha empezado con mejor pie.

De acuerdo con fuentes solventes, puede asegurarse que en estos momentos ningún periódico madrileño obtiene beneficios y algunos pierden dinero a chorros. En general, la situación es insostenible. Algunas empresas periodísticas, hasta ahora de primera fila, tienen que arrebañar de aquí y de allá y tienen que buscar avales para poder hacer frente a los pagos del papel y hasta al sueldo mensual del personal a su servicio.

Las causas de la crisis son muy complejas. Aumentan vertiginosamente los costos en un proceso imparable y no hay desarrollo paralelo´ de los ingresos, sino todo lo contrario. El aumento demográfico y del nivel cultural de la población no ha servido para nada. La sociedad está cambiando y la inmensa mayoría de los ciudadanos se conforman con escuchar las noticias en la radio o sentarse ante el aparato de televisión. Los mpcíios audiovisuales, a medida que avanza el proceso de liberalización política, van reflejando (aunque sea con deficiencias todavía) lo que ocurre en el país. La cultura de la imagen nos envuelve.

La Prensa, por lo demás, no ha evolucionado al ritmo que los tiempos exigían, ni en su concepción empresarial, ni en su contenido, ni en su lenguaje. En España hay un divorcio entre el hombre de la calle y los periódicos. Tras muchos años de censura y de autocensura, los periódicos españoles no han recuperado la credibilidad. En muchos casos la ruptura en la Prensa se ha hecho con superficialidades, tendenciosidades y frivolidades: se ha salido por peteneras o por alegrías, que solamente han servido para regodeo de élites hiperpolitizadas. Los periodistas también tenemos la culpa de la crisis. Ha faltado, en esta hora del cambio, madurez, preparación cultural, imaginación, independencia y sensatez.

En estas circunstancias, la Prensa española es escandalosamente vulnerable. En muchos casos está a merced del mejor postor. Algunas poderosas formaciones políticas ven fácil el camino de la compra de periódicos. Las infiltraciones partidistas son ya palpables en muchos casos. Las concentraciones de periódicos amenazan el pluralismo y la independencia.

Y, sin embargo, nunca como -en estos momentos hace falta una Prensa independiente, que oriente objetivamente a la desorientada opinión pública española. • Tan importante como la ayuda a los partidos políticos es en estos momentos el apoyo, sin hipotecas, del Estado a la Prensa. Si aspiramos a un país democrático, es preciso que el Gobierno dicte con urgencia, por decreto-ley, un plan de ayuda a la Prensa. Hemos llegado de «cuarto poder» a convertirnos en la Prensa de la mendicidad.

 

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