Autor: Apalategui, A.. 
 Ciclos de conferencias sobre Medios de comunicación y política. 
 En lucha contra la manipulación informativa  :   
 A lo largo de dos semanas, han disertado miembros del PSOE, PCE, Izquierda Democrática, PSD, LCR. 
 Pueblo.    02/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ciclo de conferencias sobre "Medios de comunicación y política"

EN LUCHA CONTRA LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA

A lo largo de dos semanas, han disertado miembros del PSOE, PCE, Izquierda Democrática, PSD, LCR

APENAS existen medios de comunicación auténticos: el lenguaje, las señales de humo, tal vez el primitivo tam-tam. La escritura ya es información, o sea, mensaje divulgado por quien tiene una ventaja: conocer el código y poseer los instrumentos adecuados. La escritura inaugura un intercambio desigual de mensajes: un grupo se especializa en lanzar informaciones (emisor) y la gran mayoría se ye reducida sólo a escucharlos (receptor). A medida que las técnicas de difusión de los mensajes se desarrollan, va acelerándose la manipulación informativa de grandes sectores de población por reducidos grupos que detentan la posesión de los citados medios de difusión o información. En la actualidad, el Estado posee el principal núcleo del aparato informativo de nuestro país; sin embargo, la traslación hacia la democracia formal, exige que el Estado, concebido ya como simple forma en la que se encuadrarán los electos gobernadores del pueblo, se despoje de sus aparatos informativos y los ceda a los partidos, las asociaciones, los grupos, que serán quienes nutran de hombres al Estado. Es previsible, pues, una próxima situación en que los aparatos informativos estén en manos de los grandes partidos conservadores y del centro, de los «trusts» económicos y, en segunda linea, de la Iglesia, de la empresa privada y semipública, de los partidos de izquierda, de los independientes (siempre buenos «funambulistas») y, por fin, de una larga, hilera de aficionados a las artes, la gastronomía, el asociacionismo vecindario, la filatelia, la mística, la apicultura, la moral o la teoría de los medios de comunicación de masas.

Quien en esta sociedad no pertenezca a algún club que tenga algo que decir, está perdido. Sometido a una abrumadora descarga de mensajes y sin poder evacuar ni uno solo de los que él genera, al desdichado sólo le queda obedecer la legión interminable de consejos y mandatos o arrancarse los ojos y atravesarse los timpanos. Por desgracia, la inmensa mayoría de las gentes pertenece a este grupo que carece del más mínimo medio de difusión: se han quedado sin fotocopiadora, sin imprenta, sin cámara de televisión y hasta sin máquina de escribir. Es por eso que la teoría misma de los medios de comunicación do masas exige la inapelable redistribución de las posibilidades de lanzar mensajes, el reparto equitativo del conjunto de medios técnicos de difusión e información, la liberación de la voz encadenada que hasta el más desharrapado alberga en su interior.

• LA INFORMACIÓN, AL SERVICIO DEL PUEBLO

ESTA ha sido, sin duda, la postura de los partidos políticos progresistas que a lo largo de dos semanas han disertado en la Facultad de Ciencias de la Información, P. S. O. E., P. C. E., Izquierda Democrática, P. S. D., L. C. R. Cuanto más izquierdista era el ponente, mayores eran sus exigencias de liberalización del aparato informativo, mayor zarabanda quería armar: libertad de expresión, desaparición absoluta de la censura, pluralismo informativo, secreto profesional, ley antimonopolio, control democrático de ios medios de difusión, control obrero de los citados aparatos, libertad de toctos los grupos para disponer de sus órganos informativos, lo mismo, pero incluso en una hipotética sociedad socialista... Sólo faltó un buen orador de la acracia que, siguiendo a Enzensberger, hubiera optado por un pandemónium atronador por un reparto exhaustivo de los múltiples medios y canales de la actual información. Parece, pues, evidente que así como el invento del individuo exigió el «un hombre, un voto», el hallazgo de la escritura pide el «un hombre, un bolígrafo» (y tómese aquí «bolígrafo» como un símbolo de todo medio de difusión mensajística).

Sin embargo, ciertos hechos desmienten el verismo de todas estas exigencias. Mientras con una mano se quiere nivelar la capacidad de suministrar mensajes, con la otra se «introducen toda clase de diferencias (los grupos pugnan por hacerse con la posesión de los medios técnicos de difusión, estos últimos se reproducen y se vuelven sofisticados, grandes masas de población —en cambio— siguen con las manos vacías). Lo cierto es que la gran mayoría sigue siendo exclusivamente receptora y se convierte en una marioneta de los variopintos manipuladores de información. Hemos llegado a un estado de cosas en que la información no es sino la ración diaria de datos que confirman el alejamiento de la alegría y el bienestar. Reproducción engañosa de una realidad que se ven incapaces para transformar y que no hacen sino regurgitar, los aparatos informativos se han vuelto inútiles, tediosos, meras formas de participación en la comunión de la mala conciencia.

Uno, en sus momentos de desengaño, desearía adherirse a algún programa que patrocinara la abolición de los medios de manipulación de masas, la ruptura de esos ficticios lazos comunitarios que no hacen sino acentuar la uniformidad, la visión de la desdicha y la impotencia y, asi, retornar a la verdadera comunicación, a la que se establece cara a cara y provoca conmociones entre ambos polos (emisor y receptor) del mensaje. Pero, como es lógico, tal letargo mensajístico es imposible, tan imposible al menos como el anhelo de «cuadrar el círculo», latente en las esperanzas de los oradores antes reseñados. En tales circunstancias —igualmente prohibidos el regreso nostálgico a formas pretéritas de comunicación y el acceso al universo del mensaje libre — , sólo quedan soluciones atenuantes: la lucha por descentralizar el aparato informativo, la búsqueda cíe canales informativos que al Poder se le hayan despidado, el apoyo incondicional a cualquiera que desee poner eco a sus rugidos .., pero también, y al mismo tiempo, la cora para los oídos, la cerilla aplicada al periódico mentiroso, la colocación del aparato de radio o de televisión bajo el grifo de la ducha. En una palabra, sólo cabe desligarse con sigilo por el laberinto de la manipulación informativa, abandonando radicalmente el papel de mero escucha y soplando a todo pulmón por las trompetas que vaya uno encontrando sin dueño.

A. APALATEGUI

 

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