Autor: Sanmillán Farnós, José de. 
 Club siglo XXI. 
 La derecha y la izquierda cenaron juntas     
 
 Pueblo.    26/02/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

CLUB SIGLO XXI LA DERECHA Y LA IZQUIERDA CENARON JUNTAS

Por fin, de la mano del último conferenciante, en el Club, Juan Luis Cebrián, llegó Felipe González al Siglo XXI. con lo que comienza a cumplirse el deseo de Guerrero Burgos, de que haya cancha para todos.

La cena fue movida en preguntas, respuestas y repreguntas. Hasta hubo su pequeño momento de tensión cuando un compañero de la Prensa catalana se metió con Manolo Cantarero, le acusó de ser indiscreto con ciertas conversaciones mantenidas a altos vuelos de las esferas del ejecutivo y además le significó que era un político con escaso respaldo popular. A Cantarero no se le dio, en principio, el derecho a réplica, y estuvo a punto de abandonar el salón. Por fin pudo explicar que tiene 46.000 correligionarios.

Cebrián estuvo muy tajante y a veces poco diplomático o poco político, según se mire. Entre otras cosas, dijo que «los demócratas no son les franquista arrepentidos, sino Los que desde siempre han luchado por la democracia. De este periódico, donde fue redactor-jefe, dijo que era «el peridico del aparato burocrático del antiguo régimen para controlar a los trabajadores que luchan por la democracia». Vamos, algo así como si este periódico hubiera sido el padre y la madre del sindicalismo vertical. Una afirmación sobre Televisión, donde fue director de «Telediario»: «Televisión es así porque el régimen es asi.» No es ningún descubrimiento, claro.

Se llevó toda la razón en mantener la necesidad de una asepsia informativa de cara a las elecciones para que haya igualdad de oportunidades. Se olvidó, se lo recordé humildemente, de ¡a radio, tan importante o más que cualquier otro medio informativo y que necesita urgentemente una buena bocanada de oxígeno. Estuvo brillante y ágil en las contestaciones.

Pero, como dicen ios hispanoamericanos, la película se la robó Felipe González. que, además de tener éxito con las féminas, es un gran dialéctico y se conoce la aguja de marear mucho más de lo que algunos quisieran. Le echó una mano a Cantarero en su derecho a replicar las alusiones y dribló algunas situaciones en fas que se Je quiso colocar, desdoblándose con seguridad y con muy buena oratoria. «Respeto toda institución que esté legitimada por la mayoria y lo digo —señaló— sin. abdicar de mi condición de republicano, racional. La política es e! producto de una relación de fuerzas y la democracia es el respeto mutuo pero no una luna de miel.» «La fórmula monárquica —prosiguió— es de vital importancia porque no es traumática; de todas maneras (aquí echó su cuarto a espadas) hay que disociar ios intereses de la Corona de los del poder.» No sé, porque aquí me acordé de una de las cartas aquellas que escribía Emilio Romero cuando decía que la Monarquía necesitaba monárquicos que en realidad no lo fueran.

Con el tema electoral se pegó al hueso del problema y comenzó por decir que no creía que las izquierdas fueran a perder las elecciones (contra la tesis de Tierno) y señaló que serán duras, lo cual no quiere decir que vayan a ser violentas.

No se dejó al Gobierno en el saco del olvido y manifestó que éste no es neutral, aunque admita el diálogo con la oposición. Tampoco lo es —prosiguió— la Prensa ni la TV., ni lo será. Por otra parte, significó que no hay ninguna página de la historia política en la que un Gobierno haya sido neutral. ¡Pues claro!

También dejó caer el que «cada uno se sitúe donde le corresponde». ¿Iría la frase vía Murillo? Pidió que se desecharan las tentaciones a lo PRI y que se hicieran ios distingos correspondientes entre, por ejemplo, el Papa y el Vaticano, o la Corona y el Gobierno.

Sin proponérselo Felipe González fue la atracción, que hay que agradecer porque fue muy amena. Estuvo corno las grandes maestros de la tauromaquia, sabiendo mandar, parar y templar. Aunque sobre gustos políticos no hay nada definitivamente escrito y menos ahora en estos días. Todo hay que respetarlo. Una señora, muy rubia ella y del P. P., sin apearse de su militancia lo felicitaba al terminar. Bueno, todo acabó como había comenzado, muy convivente y democrático. Que así siga

José DE SANMILLAN

 

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