Autor: Albertos, José Luis. 
   ¿Qué se puede hacer con TVE?     
 
 Diario 16.    13/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

¿Qué se puede hacer con TVE?

José Luis Albertos (Catedrático de la Facultad de CC. de la información. Madrid.)

A la TVE actual hay que dejarla que se cueza y se pudra en su propio caldo nauseabundo. La TVE nació hace veinte años en pleno esplendor franquista. Lo más claro y gráfico que se puede decir de ella, echando mano de una expresión muy valenciana, es que nació "malparida". Con sus estructuras vigentes, con sus hombres-pivotes, situados en todas las articulaciones decisivas, cualquier intento reformista está condenado al fracaso. Por este motivo, lo mejor que se puede hacer hoy, en tanto dure el proceso constituyente, es dejarla como está, olvidarse de ella, actuar como si no existiese, autosugestionarse hasta creer que TVE no ha nacido todavía...

Esta es, en resumen, la última intención oculta que estaba detrás de mi articulo anterior, titulado "Entre urna y urna. Prensa" (D16, 22 diciembre). Algunos amigos me han echado en cara que, al proponer el reparto de medios de masas entre ciudadanos y gobernantes, resultabyo excesivamente generoso respecto a los segundos, dándoles el uso de la TV y radio oficiales, que pasarían a ser —se decía allí— "portavoces institucionales del Gobierno". Me veo, por tanto, en la necesidad de precisar mejor el alcance de aquella propuesta.

Este deseable reparto de los instrumentos de comunicación colectiva entre ciudadanos y Gobierno supone tres requisitos básicos: 1) que es una distribución provisional, hasta que el país sea una democracia seria; es decir, una comunidad en la que el pueblo tenga la última y decisiva palabra para los temas de interés común; 2) que incluso en este periodo de transición el Gobierno ha de reconocer y proteger el efectivo ejerció de todas las libertades y derechos cívicos (y entre ellos, como clave del arco, la unidad de jurisdicciones); 3) que en su tarea de instrumento para las relaciones públicas del Gobierno, RTVE debe cumplir su cometido con respeto a las normas habituales de lo que deben ser unas correctas relaciones públicas; es decir, practicando "juego limpio".

La distribución de funciones, por otra parte, sólo tiene que afectar al terreno de la difusión de noticias. No, por supuesto, a la utilización del medio TVE como instrumento para la propaganda política. Es evidente que cuando se inicien los tiempos electorales para las nuevas Cortes, todos los partidos y los grupos políticos (he dicho todos, no sólo los constituidos por los familiares y afines a ideologías aproximadamente franquistas), deberán tener igualdad de oportunidades —es decir, igual cantidad de minutos— para hablar de sus cosas a todos los espectadores que quieran escucharlas.

Estoy proponiendo una fórmula de transición que me parece realista. El Gobierno Suárez, que ha cometido algunos pecados y ha cosechado algún que otro acierto, tiene entre sus méritos lo que yo llamaría una "transparencia coherente". No ha pretendido nunca - hacerse pasar por lo que intrínsecamente es incapaz de ser. No ha querido ser el paladín de la democracia venidera, sino únicamente el humilde lazarillo franquista que ayuda a cruzar una calle llena de peligros.

Dentro de esta transparencia coherente, Adolfo Suárez ha nombrado para los puestos claves de RTVE a dos personas que responden exactamente a su íntimo y nada democrático convencimiento del papel que este organismo debe cumplir en esta etapa de transición. Estos hombres son: un experto en relaciones públicas, baqueteado en la picaresca administrativa de la tecnocracia, y un político-deportista, con experiencia gerencial en la más colaboracionista Prensa de Cataluña. Perfecto. Con estos dos centrocampistas ya se sabe por qué zonas va a discurrir el juego.

Olvidemos, por tanto, este asunto. Dejemos a estas siglas que se cuezan y se pudran en su propio caldo. En este compás de espera no podemos pedirle otra cosa más que "juego limpio". Pero ni siquiera un juego limpio de acuerdo con una ética periodística, puesto que dichas siglas están esencialmente incapacitadas hoy para hacer algo que se parezca a un verdadero periodismo. Hay que pedirle, sencillamente, juego limpio de acuerdo con el artículo 11 del Código de Atenas, donde se dice que los profesionales de las relaciones públicas deben negarse "a difundir informaciones que no se basen en hechos comprobados y comprobables". Yo me conformaría con que los informadores de TVE, de aquí en adelante nos dijeran honradamente y en todo momento de qué fuente salen los datos que nos proporcionan y a la inspiración de qué señorito con mando en plaza se deben los comentarios editorializantes que nos colocan.

Hablo de una etapa de transición. Lo que venga después ya es otro cantar, un cantar como los del tío Honorio:

—¿Qué se puede hacer con la tele de este pueblo?

—Hay que parirla de nuevo.

 

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