Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Entre Lhardy y don Hilarion     
 
 ABC.    02/02/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

ENTRE LHARDY Y DON HILARIÓN

Pedro Rodríguez —el escritor, no el modista— es agudo, inquietante y profundamente irónico en un país con tan poco sentido del humor como él nuestro y donde todavía son escasas sus dosis en el mundillo político. Recientemente el comentarista de «Pueblo» se refirió a ciertas reuniones de personajes, no identificados, en el famoso restorán Lhardy, cargado en su siglo largo de oída de temperaturas románticas y conspiratorias y que no sé por qué capricho Rodríguez lo escribe con apóstrofo, e inmediatamente señaló, también, otra pequeña concentración de notables, de la misma línea en el color político, en un nuevo local llamado Don Hilarión, Parecía darse a entender en estas «señalizaciones» que todo debía ser muy secreto y clandestino, cuando, en realidad, no había ningún misterio. Y como cada uno se entera como puede, terminé encontrando una pista sobre lo sucedido. Fue la primera reunión, de fundadores o miembros del disuelto S. E. U., donde se destacaban, entre otros nombres, los da Gutiérrez del Castillo y Jalo. En cambio, la segunda mezclaba ancianidad y juventud, y entre éstos, por citar algunos, aparecían De la Sota, Cantarera y Lostau. Por ambas partes, y después conjuntamente, todas hicieron algo muy importante. Y es hablar leal y claramente de España y de sus problemas; tratar de ponerse al día, sin renunciar a ningún Ideal de servicio al país; pensar en el futuro, procurando apretarse al máximo, entre si, como en un has y buscando la mayor unidad de pensar y obrar posibles; ratificarse en la necesidad y en el deber patrióticos de ser en el mañana, como hombres falangistas, elementos de coordinación, moderación y equilibrio. Y, sobre todo, caballeros sin rencores ni pequeneces, compitiendo como «asociación», dentro de las Leyes constitucionales del Reino y participando en las tareas políticas y sociales con la fuerza que podría aportar su cohesión, sus claras razones y tu limpia conducta. Estoy convencido —y más por intuición que por información— que todo esto y no otra cosa es la que han tratado y discutido serenamente en Lhardy y en Don Hilarión los veteranos y los jóvenes de una organización que volverá a ser, y conviene que sea en el libre juego de la política, una garantía de paz y progreso para España.—ARGOS.

 

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