Iglesia-Estado     
 
 Informaciones.    02/02/1974.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

IGLESIA-ESTADO

CUATRO cardenales y más de treinta obispos españoles, encabezad os por monseñor Tarancón (presidente de la Conferencia Episcopal) y una delegación extraordinaria del Estado español, presidida por el ministro de Agricultura, asistieron en Roma a ios actos de canonización de la santa Teresa Jornet. Ello dio pie a que se disolvieran presuntos malentendidos en las relaciones entre ;a Santa Sede y el Estado español.

Pablo VI recibió a los obispos españoles en una audiencia especial de una hora, y afirmó. «Este nuestro servicio apostólico para con vosotros, servicio de compenetración y de aliento, tratamos de realizarlo, de todo corazón de diversas maneras y normalmente a través del nuncio apostólico, quien tiene (y mucho nos agrada el saberlo) vuestra total confianza, lo mismo que de modo especial goza de la nuestra.» Estas palabras implican un respaldo moral a la persona del nuncio monseñor Dadaglio, puesto en entredicho hace unos meses por minoritarios sectores de opinión españoles. El Papa tuvo también palabras de aliento y confianza en el Episcopado español y en su tarea de renovación de la Iglesia, asi como palabras de reconocimiento para la fisalia de monseñor Tarancón.

Él cardenal Tarancón, jefe de fila de la Iglesia española, mantuvo una cordialísima entrevista con el Papa, siendo igualmente recibido por Jean Villot, cardenal secretario de Estado de la Santa Sede. En ambas entrevistas se trato de la situación de la Iglesia en España y sus relaciones con el Estado. «Estoy contento —dijo monseñor Tarancón a los periodistas—. Creo que hay un cierto clima de distensión y de esperanza. Un deseo de buena voluntad por todas las partes, después de aquellos momentos de nervios y conflictos de tiempos recientes (...). Era fundamental clarificar los conceptos, especialmente en torno a las declaraciones que tanto por parte eclesial como por los dos últimos Gobiernos, se habían hecho sobre el principio de una independencia mutua entre la Iglesia y el Estado, pero con un trato y una colaboración cordial. Esto aclarado, en un clima de entendimiento se superarían un 99 por 100 de las cuestiones pendientes y quizá ni hubiera surgido con tanto agresividad la contestación manifiesta.»

El clima de deshielo Iglesia-Estado queda remachado con el intercambio epistolar mantenido entre monseñor Tarancón y el presidente del Gobierno, ministro de Asuntos Exteriores y de Educación y Ciencia. La diplomacia española acepta, a lo que parece, la tesis vaticana de que nada en tomo a la revisión del Concordato puede llegar a buen puerto sin el «consensus» del Episcopado español. En este sentido podría abrirse camino la opción —deseada por la mayoría de los obispos— de que unos acuerdos parciales sustituyan al actual Concordato. En la negociación el interlocutor válido del Estado sería, por supuesto, la Santa Sede; pero ésta no firmaría nada contrario a la voluntad de la Iglesia española.

La supresión de la cárcel concordataria de Zamora pudiera ser una realidad próxima. Es un Innecesario motivo de fricción entre ambos poderes, y de hecho, ya estuvo a punto de ser suprimida antes de los incidentes provocados por los sacerdotes allí recluidos en las primeras semanas de diciembre.

 

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