Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   El eurocomunismo es comunismo     
 
 ABC.    10/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

APUNTE POLÍTICO

EL EUROCOMUNISMO ES COMUNISMO

Por J. M. RUIZ GALLARDON

La primera consecuencia que se obtiene del hecho real de la polémica, nacional e internacional, sobre el

eurocomunismo, es que, como siempre, la llamada «Prensa burguesa» se constituye en la mayor y mejor

caja de resonancia —léase instrumento propagandístico— de las tesis, ideologías y hombres del Partido

Comunista. En este aspecto de la propaganda es impagable el servicio que la revista soviética «Tiempos

Nuevos» ha hecho a Santiago Carrillo y al Partido Comunista de España. Tres artículos, tres, aparecidos

desde finales de junio hasta ahora, sobre un libro que llevaba muchos meses en los escaparates y que —se

lo aseguro a todos los que no lo hayan leído—, no necesita de tan largo tiempo de meditación para

construir, sobre sus asertos, una cierta crítica. Y sobre esos tres artículos, millones de letras impresas en

todo el mundo.

Pero, que yo sepa, nadie o casi nadie ha querido ir al fondo del problema que el señor Carrillo plantea en

su libro «Eurocomunismo y Estado». Basta ahora, los aspectos más sobresalientes de la polémica, aquello

que ha atraído los interminables comentarios periodísticos, es la tesis carrillista de, sin despreciar en

absoluto los métodos soviéticos «yo no soy antisoviético», dijo paladinamente anteanoche en una emisora

madrileña y en la hora de máxima audiencia—, sin arrepentirse de nada ni rectificar ninguno de sus

anteriores puntos de vista, apuntar que «existen otras vías, distintas de las soviéticas de 1917, para

alcanzar la sociedad comunista» (o socialista, como dice el autor).

Bien. Pero lo importante, aquello qué debería llamar la atención de los ciudadanos (intelectuales y

politólogos incluidos), no es el hecho de que existan «otras vías». Lo importante está en que la meta sigue

siendo la misma. Por eso tiene toda la razón el señor Carrillo cuando se asombra ante la actitud de los

redactores de «Tiempos Nuevos». ¡Pero hombre: si yo quiero llegar al mismo fin!, podría con toda

justicia decir. Carrillo rechaza el «mimetismo ciego» (página 108 de su obra). Pero afirma que «el mundo

capitalista desarrollado está maduro para el socialismo» (pátina 107), y que para llegar al comunismo «es

indudable que ese proceso no va a producirse automáticamente sin una voluntad revolucionaria de las

fuerzas del progreso y una acción consecuente» (pág. 108). ¿Que cuál es esa acción consecuente? Pues

aquella que incluso «pueda conocer fases de violencia». Violencia que, naturalmente, Carrillo achacará a

las «clases dominantes».

Lo dicho. Lo verdaderamente preocupante del eurocomunismo de Santiago Carrillo... es que sigue siendo

comunismo.

Volveré sobre el tema.

J. M. R. G.

 

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