Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   De acuerdo, señor Fuentes Quintana     
 
 ABC.    05/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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APUNTE POLÍTICO

DE ACUERDO, SEÑOR FUENTES QUINTANA

Por J. M. RUIZ GALLARDON

No hay que darle vueltas: el señor Fuentes Quintana, el hombre más independiente del Gobierno y, al

tiempo (y tal vez por ello) el más comprometido por aquello de que el toro específico que ha de lidiar es

el de más arrobas, acaba de decir algo que deberían aprender de memoria nuestros políticos, para repetirlo

en las Cortes y en algún que otro Ministerio, antes de dogmatizar sobre temas socioeconómicos. El señor

Fuentes Quintana acaba, en efecto, de decir, nada más y nada menos que esto:

«Hemos vivido unos tiempos de cambio profundo en los que ha tendido a extenderse una actitud hostil

hacia la figura del empresario.» Pues sí, señor, es la pura verdad. Tanto se ha extendido esa actitud que

hasta hizo mella en el bien construido esquema mental de algún que otro ministro.

Pero ¿por qué rompe una lanza el señor Fuentes Quintana en favor del empresario? El mismo nos lo dijo a

continuación: «Una sociedad moderna no puede funcionar si no acepta voluntariamente unos principios

mínimos de disciplina.»

Ahí, ahí le duele. El empresario es, representa, y debe ejercer, la autoridad en el seno de su empresa. O

eso o la anarquía. ¿Que se puede abusar de la autoridad? En efecto. Pero en tales casos, habrán de cortarse

los abusos. Pero nunca —¡nunca!— hacer que la autoridad —y su secuela: la disciplina— desaparezca. Si

tal ocurriera, si como desgraciadamente empieza a ser demasiado frecuente, las decisiones del empresario

son sistemáticamente «contestadas» por ser del empresario, no valdrían ninguno de los remedios que el

Gobierno —o más concretamente el señor Fuentes Quintana— intenta poner en nuestra economía, hoy en

menesterosidad evidente.

Me parece que el vicepresidente no ha podido hablar más claro. Sin autoridad, sin el ejercicio de la misma

por el empresario, sin que ese ejercicio se fundamente y tienda a conseguir mayor productividad, sin que

«practiquemos formas ordenadas de resolución de los conflictos que no entorpezcan gravemente el

normal desarrollo de las actividades productivas», habremos hecho demagogia, habremos complacido al

socialismo del P. S. O. E., pero habremos hundido, definitivamente, la economía, y con ella al Estado.

Por todo lo anterior, permítaseme que diga: De acuerdo, señor Fuentes Quintana. Y que se haga buenos

tan claros y necesarios, urgentes y eficaces, propósitos.

J. M. R. G.

 

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