Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   España, Europa y las regiones     
 
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EN POCAS LINEAS

ESPAÑA, EUROPA Y LAS REGIONES

Francia está hoy ai centro del interés del mundo. Si se produce la victoria de Giscard, como nuevo jefe del Estado francés, será para España un motivo de satisfacción por el simple hecho de que siempre ha sabido entender a nuestro país y siempre ha sido nuestro amigo, incluso mirando a Europa. En cualquier caso mi comentario hubiera discurrido en torno a Francia, por dos motivos importantes. El primero en razón al discurso de respuesta del presidente interino de la República, Monsier Poher a nuestro nuevo embajador en París, don Miguel Lojendio, afirmando que Francia considera que en la Europa que se está construyendo España tiene su puesto evidente y que el día que lo ocupe se reforzará, naturalmente al Sur, el equilibrio de la unidad europea. A la cordialidad y sinceridad de este discurso, en la presentación de credenciales, se añade el reconocimiento francés a la gran labor desarrollada por el anterior embajador español ante el Elíseo y hoy ministro de Asuntos Exteriores, don Pedro Cortina Mauri, con la concesión de la Gran Cruz de la Legión de Honor, distinción altísima, raramente otorgada a un embajador cuando abandona París, como dice en su carta a nuestro ministro su colega el titular del Foreign Office, Monsieur Michel Jobert, resaltando las cualidades excepcionales de Cortina en el servicio de la amistad y de la cooperación entre España y Francia y del cual, ahora, esperamos nosotros buenos frutos desde el Palacio de Santa Cruz. Europa es tema fundamental de nuestra política exterior, porque Europa, a pesar de sus tropiezos, camina inequívocamente hacia su unidad, como ha dicho muy bien en una espléndida conferencia el subsecretario de Información y Turismo, Marcelino Oreja Aguirre, al clausurar en la Universidad de Salamanca la 1 Semana de Europa, organizada por el Instituto de Cultura Alfonso X el Sabio. Una parte de la disertación magistral se ocupó de la idea de la «Región», considerándola como «unidad existencial» y recordando que esas áreas que se llaman «Batiera, Cataluña, Escocia, Vascongadas, Sicilia o Galicia son realidades que han estado y están en la Historia», y que esta idea de la Región sirve para comprender que entre Nación y Región sólo existe —de acuerdo con el pensamiento tradicionalista— una diferencia de grado y que el propio Estado Nacional no es sino una «unidad armónica de regiones».—ARGOS.

 

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