Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   El incidente de la bandera     
 
 ABC.    10/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

APUNTE POLÍTICO

El incidente de la bandera

Por José María RUIZ GALLARDON

YA conocen ustedes lo sucedido en la sesión de clausura del Congreso del «P. S. O. E.» (R.). Apareció

una bandera republicana que, desde el fondo del salón, fue llevada hasta la mesa presidencial al grito —

coreado— de «España mañana será republicana», sólo acallado por el canto de «La Internacional»,

entonada —es un decir— por todos los asistentes, puño en alto. Antes se había leído un telegrama efusivo

de don Santiago Carrillo, que gran parte de los asistentes acogieron con gritos de «¡unidad!»; se entiende:

unidad entre el «P. C. E.» y el «P. S. O. E.» (R.).

¿Sorprendente? De ninguna manera. ¿O es que se podía esperar moderación y buen sentido en un

Congreso en el que eran invitados de honor el señor Nenni, antiguo miliciano de las tristemente célebres

Brigadas Internacionales, que tanta sangre vertieron hace cuarenta años, o en el que una de sus figuras

señeras ha sido el señor Palme —el derrotado en las recientes elecciones suecas—, que no hace más de un

año pedía personalmente donativos, hucha en mano, para ayudar a los asesinos de las Fuerzas del Orden

Público españolas?

No, no es en absoluto sorprendente. Sí es, en cambio, aleccionador y triste.

Aleccionador, por cuanto que ya sabemos lo que buscan y quieren estos señores del «P. S. O. E.». Una

República socialista, al estilo y como paso, hacia un régimen marxista. Que nadie se llame a engaño. Que

no se confundan los papeles, porque en cuanto pueden se manifiestan como son: buscadores acuciantes de

un desquite, los mismos que antaño se vieron justamente humillados por una derrota que pretenden

transformar hoy en victoria. No, no les interesa la paz, la convivencia, el diálogo. Buscan —ahora por

otros medios; mañana, incluso mediante la apelación a la violencia— instaurar en España una sociedad

marxista —el eufemismo utilizado es sociedad sin clases—, bajo la férrea dictadura de la burocracia del

partido más fuerte, que no será ciertamente el socialista.

Y triste. Muy triste. Porque ahora habrá que ver a tanto liberal, a tanto demócrata, a tanto sedicente

hombre de orden, cómo consienten en sentarse a negociar con esos socialistas y con los que comulgan

con ellos —los comunistas— el tránsito hacia una democracia que, según los íntimos deseos de la base

del «Partido Socialista Obrero Español» (R.) y del «Partido Comunista Español» empieza por repudiar la

Monarquía. Lamentable.

J. M. R. G.

 

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