La semana de Cabanillas     
 
 Informaciones.    27/04/1974.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA «SEMANA» DE CABANILLAS

LA escancia catalana del ministro de Información y Turismo, don Pío Cabanillas, ha ocupado la principal atención política de la semana. Su estampa arbolando la barretina ha dado la vuelta al país como símbolo gráfico de las concepciones del titular de Información. Aun cuando sólo fuera «por contraste» su «semana catalana» queda subrayada por las crisis que ha recibido de órganos de Prensa tradicionalmente sumisos a cualquier fenómeno gubernamental.

En el pregón del día del libro celebrado en la Ciudad Condal, el señor Cabanillas expuso la política cultural de su Ministerio en los siguientes términos: «... hoy no es posible un nuevo "consensus social", sino en una sociedad que acepte en lo cultural y en lo político la simultaneidad de las relaciones de autoridad con las relaciones de conflicto. De una etapa colectiva basada en las ideas de defensa, aislamiento y conservadurismo, hemos abocado finalmente a otra donde las ideas que circulan son las de desarrollo, renovación, comunicación y participación, y hemos de dotar a esas palabras de contenido auténtico si no queremos, una vez más, conformarnos con la superficialidad fácil de las declaraciones verbales.»

Afirmó el ministro que la cultura no es un «quehacer estatal» y precisó que el verdadero papel del Estado es reconocer el derecho a la comunicación cultural y aceptar íntegramente su deber de facilitar tal comunicación y en la medida de sus posibilidades, crear las condiciones idóneas para el ejercicio eficaz de aquel derecho. Añadió el señor Cabanillas que la misión de los poderes públicos en materia cultural debe responder al principio de colaboración y respeto de las peculiaridades. Las ideas de tutela jerárquica o de dirigismo estatal están ya superadas.

«Este es el compromiso que propongo —dijo el ministro—: que cada cual, desde su puesto en la colectividad, en el legítimo uso de su libertad, configure la cultura de España, y a España en cuanto realidad cultural. Desde la política y desde la cultura podemos contemplar juntos el futuro y configurarlo. No hay incompatibilidad. Salvo que de un modo consciente, con torpes propósitos, se busque.»

El señor Cabanillas presidió en Barcelona la entrega de los premios nacionales de teatro y se mostró fundamentalmente de acuerdo —lo que también es un dato— con las palabras a él dirigidas por uno de los recipiendarios: el actor Adolfo Marsillach. Este afirmó que «con frecuencia el diálogo entre nosotros los profesionales y la Administración no ha sido ni lo bastante claro ni lo suficientemente útil para que llegáramos a entendernos. Una difícil y delicada y peligrosísima frontera establecía nuestras mutuas posiciones. Se tenía casi siempre la impresión de estar luchando en campos distintos, con la seguridad por otra parte de que la derrota en última instancia sería nuestra. Yo pienso, señor ministro, que este triste panorama puede cambiar (...). Confiamos en usted, señor ministro. Entre todos podemos hacerlo -bien o mal. Si acertamos, este será el premio más valioso de esta noche».

 

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