Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Hablemos de autonomías     
 
 ABC.    04/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

APUNTE POLÍTICO

HABLEMOS DE AUTONOMÍAS

Por J. M. RUIZ GALLARDON

Tengo el temor de que lo que voy a escribir tenga escasa aceptación. Aunque me anima que ayer el

profesor Jorge Esteban estaba de acuerdo con la idea básica. Por contra, muchos de los señores senadores

—especialísimamente el señor Benet, nacionalista catalán y elogiador de Companys— se manifestaron

partidarios de la conocida tesis «Estatuto, ya». Y, sin embargo, considero que es importante, quizá más

importante que ningún otro tema político de los muchos y muy variados que tenemos planteados los

españoles. Anticiparé mi pretensión: antes de que se proceda a promulgar ningún Estatuto de autonomía

para ninguna región determinada es imprescindible que el Parlamento vote una ley general en la que se

inscriban los Estatutos concretos. Antes, no después.

Soy de los que piensan que las autonomías regionales —o los autogobiernos— enriquecen la unidad de

los españoles. Pero soy también de los convencidos de que la unidad es un valor indestructible, y si las

autonomías lo enaltecen y asientan es bueno que sean concedidas. Pero no, si tal no ocurre. No es —la

unidad— un límite, sino un presupuesto. Autonomía, sí; pero autonomía para fortalecer la unidad de

España. Unidad, por supuesto, que no es uniformidad, ni siquiera centralismo. Pero unidad que es todo lo

contrario de cualquier forma —explícita o larvada— de separatismo. Que nadie pueda interpretar un

Estatuto autonómico como una «victoria» de la región «frente» a España, patria y nación de todos.

Si la unidad es, como queda dicho, «presupuesto», y si sólo los españoles —pero todos los españoles—

debemos discernir qué criterios salvaguardan y alzapriman la unidad, parece lógico que los Estatutos

particulares tengan vigencia a «partir de» y «después de» redactada una norma general. Competencia

indudable de las Cortes, del Parlamento, y tema que, sin duda, estará presente en la futura Constitución.

Empezar por imponer, primero, los Estatutos es comenzar a edificar la casa —España— por una de sus

plantas. Y antes hay trae asegurar los cimientos, justificación y razón de subsistencia de cada uno de los

hogares que componen la casa común.

J. M. R. G.

 

< Volver