Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Pasadismo y aperturismo     
 
 ABC.    02/05/1974.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PASADISMO Y APERTURISMO

Me llama insistentemente por teléfono una señorita. Desea asegurar mi vida contra los muchos peligros futuros que la acechan mediante una novísima fórmula de seguro-inversión. Poderosas inmobiliarias me ofrecen los placeres de ser propietario en la Costa del Sol y, por ese hecho, asegurarme realmente gratis un buen mes de vacaciones y once de renta. Por todas partes la seguridad sale a mi paso en las más variadas formas. No comprendo cómo nadie ha podido tener la osadía de escribir páginas y páginas para describir los tremendos efectos del «choque del futuro». Nada hay mejor que el futuro en un mundo que dispone de miles de científicos dedicados día y noche a calcular nuestras inversiones, nuestras probabilidades de vida y, en consecuencia, a construir millones de metros cúbicos de hogares deliciosos con todos los refinamientos por dentro y yerba por fuera, aun a pesar de lo mal que la yerba suele darse en grandes zonas de nuestro país.

En rigor, hoy ya no se trabaja para el presente, de suyo efímero y deleznable, sino para el futuro. Hace veinte años, por ejemplo, se fabricó maravillosamente el futuro turístico, la imprevista circunstancia de que en estos momentos un 20 ó 30 por 100 de las instalaciones turísticas de la Costa del Sol y otras costas, quizá exceptuada la Costa Fleming, bostecen sin ocupación posible y se hable ya, con irreprimible impaciencia de expedientes de crisis financiera, no significa nada. Todo es para lo mejor en el mejor de los mundos posibles, y en cuanto los palestinos se queden quietos, suba el dólar, se consolide Giscard y no armen líos nacionalizadores los laboristas, esa situación antiturística del turismo quedará liquidada. Llegarán nipones, teutones, tapones cargados de «travellers-cheques» y sobre todo, de vales de sus «Tours Operators» y ni pestañearán ante el nuevo precio de nuestra ternera, nuestras sandías y nuestro vinillo de aloque.

Lástima grande que esas multitudes aporten, además de sus discutibles divisas sus malos usos, esa corrupción hasta ahora difícilmente detenida en Perpignan y Biarritz y unas ideas sobre participación, pluralismo y asociaciones tan evidentemente nefandas que no hay mas que ver lo mal que andan los pobrecitos y de qué manera desaunada atacan, para resarcirse, nuestra paella sazonada con azafrán y reservas espirituales.

Hay quienes no quieren saber nada de esos seguros-inversión y quienes no se fían de residencias secundarias rentabilizadas, pero esos tales están contra el progreso, de la misma manera que quienes no entienden que los alcaldes puedan ser elegidos en lugar de designados y que el Gobierno autorice ciertos inocentes espectáculos están contra la apertura y desempolvan sus saneadoras estacas. Uno de los placeres más sabrosos del español medio y provinciano, asiduo del café, ya a punto de extinguirse en Madrid, es cerrar a blancas cuando juega al dominó y ahorcarle el seis doble a su vecino. Cerrar parece coincidir más de veras con la idiosincrasia nacional que abrir, y cabe pensar si el aperturismo no será en rigor más que una forma de pasadismo y si lo que va a nevarse en un futuro cercano es el cierre a blancas y caiga quien caiga. Suena el teléfono. Voz femenina. «¿Quiere que le informe sobre el nuevo...?» Déjelo. Déjelo para otro día.— Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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