Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Gobernar por sorpresa     
 
 ABC.    13/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

APUNTE POLÍTICO

Gobernar por sorpresa

Por J. M. RUIZ GALLARDON

Una de las más claras incitaciones que los distintos partidos políticos pueden ofrecer al electorado es su

programa. Hay entre los presentados al público notables discrepancias. Así los conceptos básicos de la

economía nacional y de las soluciones para sus problemas —¡y qué problemas!— difieren según la raíz

del partido sea marxista o no. Por mucho que el marxismo se vista de seda democrática, el fantasma —

muy real por cierto— de la colectivización y el burocratismo gigantesco no es de fácil digestión.

En otro terreno, los programas que asumen como propias afirmaciones separatistas y antiunitarias, distan

años luz de todos los que creemos que el necesario regionalismo es de orden y naturaleza distintos al

nacionalismo federalista que aquéllos establecen.

También hay sustanciales diferencias entre quienes conciben al Ejército español como defensor del orden

institucional y quienes reducen y maniatan sus finalidades a meros servidores de defensa exterior.

Y no digamos nada de los que, en el orden socioeconómico, abjuramos de la licitud de la huelga política y

no reivindicativa como procedimiento de presión en el Gobierno y en la sociedad y los que inspirados en

el concepto de la lucha de clases, quieren para sus huestes el reconocimiento, ¡como derecho!, de la

huelga revolucionaria.

Pero con todo, el avisado lector echará de menos algún rasgo característico de uno de los grupos que están

en liza: la «Unión del Centro Democrático». Este rasgo —que le es, en su corta historia, y a mi juicio,

connatural— no se refiere a ninguno de los puntos programáticos del centro como tal. Es, sin embargo, el

común denominador de muchas de las decisiones del actual equipo gubernamental, hasta el punto que

colorea el incoloro centro —incoloro según mi admirado Antonio Fontán, para quien la Unión del Centro

Democrático es como «el vino que tiene Asunción: ni blanco, ni tinto, ni tiene color», que cantan los

mozos en fiestas—. Ese rasgo es el factor «sorpresa».

Aquí se ha gobernado por sorpresa, porque las decisiones del Ejecutivo se han tomado y se toman sin que

exista la exigible coherencia con la legalidad vigente. Aquí las listas de candidatos del Centro se han

hecho por sorpresa, provocando irritadas —y lógicas— defecciones de grupos liberales. Aquí hay quienes

en Cataluña no saben si votar al suarismo es votar el Estatuto de 1932 o todo lo contrario. Aquí será una

sorpresa lo que se decida en orden a los millares de funcionarios sindicales, cuya profesionalización y

entrega de muchos años no se sabe si va a ser tenida en cuento en orden a su futuro.

Yo pienso que votar al Centro es muy lícito. Pero que también, y sobre todo, es votar en favor de un

gobierno que, de seguro, ya a sorprender. Y en mi opinión estimo que el país no está para tantas y tan

poco afortunadas sorpresas. Lo malo es sobre todo el procedimiento, que algunos llaman «maniobrero».

J. M. R. G.

 

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