Cautelas     
 
 Informaciones.    15/06/1974.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CAUTELAS

EL programa del 12 de febrero implica una operación política de largo alcance y lleva aparejado, como es natural, el consenso del Jefe del Estado, que es el artífice del actual Estado. Lo segundo se olvida desde algunos sectores políticos y lo primero se tergiversa teniéndolo como un remiendo de cortos vuelos. Do ahí la critica abierta o solapada contra tal programa gubernamental o contra sus primeras y saludables consecuencias, como la mayor libertad informática desde el prisma administrativo. Empero, y en buena lógica, un cuadro de libertades cívicas entraña dar cancha a quienes no coinciden con la actual política gubernamental y que se sirven de ese juego de libertades —aún no legalmente estructuradas— para combatir a quienes lo apoyan.

La Hermandad Nacional de Alféreces Provisionales, por ejemplo, acaba de manifestarse en el sentido de que "el Movimiento Nacional, que es el marco único para la participación política, se ha debilitado". "Las palabras del Presidente del Gobierno —afirman también los alféreces— están siendo coincidentemente tergiversadas," "Por alio —prosigue la Hermandad— quienes propugnan por un asociacionismo político inspirado por ideologías incompatibles con los principios del Movimiento como instrumento para revisar, modificar o alterar aquéllos, se hallan incapacitados para participar y estar representados en el área de la actividad política, lo que no impide que se les respete en el ejercicio de los derechos, ciudadanos, con lo que en ningún caso "podrán atentar a la unidad espiritual nacional y social de España." Nuestro orden institucional apoyado en el refrendo popular no debe ser sometido a revisión por tortuosos cauces y con evidente engaño al pueblo que los sancionó. Si por cansancio, temor o confusión servidores públicos dan muestras de carecer de la imprescindible fe en el sistema político establecido, deben ser separados de sus cargos, si por las mismas razones o por Incapacidad no se sienten apios para desarrollar ese sistema hasta las últimas consecuencias, aplicando medios y esfuerzos, deben ser igualmente relevados".

Pese al número —no desdeñable— de afiliados a la Hermandad antes citada, mayor resonancia ha encontrado —más en contra que a favor— la cena madrileña en homenaje a Maeztu y Víctor Pradera. En ella intervinieron como oradores Raimundo Fernández-Cuesta, José María Oriol y Gonzalo Fernández de la Mora. El primero afirmó: "No se me oculta que el ambiente aperturista en que vivimos ha desbordado los límites señalados per el propio Gobierno en el discurso del 12 de febrero, más por obra de cierta propaganda que por espontánea exigencia de la opinión."

El señor Oriol aludió a la imposibilidad de unas asociaciones que puedan convertirse en partidos y llegó a afirmar, posiblemente en un arranque de humor, que el "Caudillo y Jefe Nacional no está en el destierro, sino en El Pardo".

Don Gonzalo Fernández de la Mora, bajo el "slogan" "Bandera, que se mantiene", pronunció un discurso al que corresponden ios siguientes párrafos: "No defendemos la intransigencia, pero sin confundir la intransigencia con el abandono o la abdicación. No defendemos modelos monolíticos ai impedir el contraste de pareceres, la apertura ni la participación democrática, sino simplemente que todo ello se lleve a cabo ´cómo´ y ´hasta´ donde nuestras Leyes Fundamentales lo permitan. El problema consiste en la interpretación de ese ´cómo´ y de ese ´hasta´, interpretación que corresponde al Consejo Nacional del Movimiento, a las Cortes Españolas y, en definitiva, al Consejo del Reino en el recurso de contrafuero. Salvo que con el desarrollo lo que se pretenda es desembocar en un régimen distinto, lo que ya es otro tema."

Estas, como oirás manifestaciones políticas recientes, no son más que pronunciamientos "a la contra" de las consecuencias del programa del 12 de febrero.

 

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