Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Turismo, economía y política     
 
 ABC.    09/07/1974.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

TURISMO, ECONOMÍA Y POLÍTICA

La presencia y el discurso del ministro de Información y Turismo, Pío Cabanillas, en Palma de Mallorca han sido muy útiles para frenar la desmoralización del sector turístico ante los fallos evidentes de este año, y considerar tal sector una industria más con sus correspondientes instrumentos legales, anunciando, en consecuencia, unas próximas acciones fundamentales que contrarresten la crisis, sin duda alguna, pasajera. El ministro ha hablado muy cloro, que es como hay que hablar, lo mismo que ha hecho su subsecretario, Marcelino Oreja, en la clausura del Centro Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud, condenando la oleada de pornografía y violencia que inunda las pantallas de todo el mundo. Mientras tanto, en una interesante conferencia, como todas las suyas, el presidente del I. N. I., Fernández Ordóñez, en el Club Mundo, de Barcelona, ha dicho que, ante la crisis, ya iniciada hace seis años, de inflación, de estancamiento y de paro, se ha de pensar en el replanteamiento de los modelos de crecimiento. Es decir —añadió—, tender al progreso en el aprendizaje de la libertad individual y deja armonía social. Después de remachar el nuevo programa del I. N. I., dijo estas palabras: «Si tuviera que resumir en una frase la ambición de quienes estamos en este Instituto, diría que es la conciencia de nuestra responsabilidad en el campo hacia la sociedad del futuro que ya se vislumbra, en que unos poderes, unos grupos sociales, unas organizaciones, compensen a otros casi simétricamente con el fin de obtener equilibrios, compromisos y pactos, sin los cuales el campo político está abocado a caer en extremismos de uno U otro signo.» En el orden político marcha y marchará —Dios mediante— el programa del Gobierno, y te habla, otra vez, del tema «Infante Don Felipe» e, Incluso, de una amplia delegación de facultades de la Jefatura del Estado al Príncipe de España. «¡Chi lo sa!»—ARGOS.

 

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