Autor: Sánchez Egido, Luciano (COPÉRNICO). 
   Celo laboral     
 
 Pueblo.     Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

CELO LABORAL

FUE amor a la Patria, no cabe duda. El fetichismo del turista cegó a Rafael, que de conductor de «burros-taxi» pasó a «latin-lover» aficionado, con ios ojos puestos, estoy seguro, en nuestra balanza de pagos y en lo del turismo, primera empresa nacional. Quiso añadir su ingenio y sus manos a la conservación y perfeccionamiento del negocio. Un paseo en burro, por muy anglosajón que se sea, no deja de ser un número insulso, y Rafael le quiso poner la sal que le faltaba. Del ronzal pasó a la grupa, y de la grupa, al abrazo ocasional, en el equilibrio inestable en la estrecha cresta del lomo del pollino. Las turistas, asediadas por el indígena obsequioso, debían ponerlo a cuenta de lo «typical», y Rafael había encontrado el modo ideal de trabajar a gusto, el viejo sueño de una Humanidad condenada al trabajo.

Pero se pasó. El paraíso semoviente, con nórdicas liberales y hambre de siglos, tenia que acabar mal. La turista es un bien nacional, pero hasta cierto punto. El dame un turista y moveré el mundo hay que tomarlo con reservas. Los «burros-taxi» eran una disculpa erótica, más que un medio de locomoción típico, para aumentar nuestras reservas de divisas. Y aunque, como dice la sentencia que ha expulsado a Rafael del paraíso, «con independencia absoluta de que sus aproximaciones excesivas y contactos encima de los animales contaran con el beneplácito de algunas de las turistas», hay que pensar que otras querrían utilizar estos servicios de transporte sin suplementos adhesivos. Y ahí se le fue la mano a Rafael. Creyó que todo el monte es orégano, y que las turistas, por muy promontoriales que sean, tienen un único destino estadístico y económico, al que hay que servir. Lo demás no importa.

Rafael ha perdido su empleo por celo laboral. Lo otro, lo de que cobraba 30.000 pesetas por tirar del ronzal de un burro y poner color local en la imaginación de las turistas es puera leyenda negra. Parece el estribillo de una canción de Manolo Escobar, Y lo malo es que alguien lo encontrará gracioso.

COPERNICO

 

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