Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   La ciudad alegre y confiada     
 
 ABC.    12/10/1974.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

12 DE OCTUBRE DE 1974. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 23.

«LA CIUDAD ALEGRE Y CONFIADA»

LA ROSA Y LA ESPADA

Por MERLIN

¿Hay que apretarse el cinturón, amigos. No demos vuelta de hojas al término ni ricemos el rizo de lo imposible: hay que apretarse el cinturón. Ser conscientes es privilegio de sociedades maduras. Corren malos vientos para la sociedad de consumo.

Ir todos los días a la oficina en coche propio, llevar cuatro veces al mes a los niños a esa casa de campo que algunos tienen en las afueras, salir con los amigos a cenar dos veces por semana en un restaurante de lujo o de menos lujo, tomarse tapitas con los compañeros al final de la mañana, restar tiempo a nuestra actividad productora para dedicarla a nuestro solaz; todo esto es tan grato que nos va a costar mucho renunciar a ello.

No obstante, amigos, apriétense el cinturón, moderen sus gastos inútiles o no absolutamente necesarios, porque la cosa va a ponerse fea. Este es un hecho claramente previsible del que no es responsable usted, ni usted, ni yo. Vaya a saber ahora de quién depende la subida espectacular en el mercado internacional del aluminio, del petróleo, de la madera, del trigo, del azúcar e de la carne, por citar ejemplos elementales. El caso es que si el español medio consumía equis filetes por semana, debe prepararse a consumir la mitad, y que si realizaba equis kilómetros en coche propio por la carretera o la ciudad, ya puede disponerse a equilibrar sus cuentas.

España es altamente deficitaria de las materias primas en las que se apoya la economía de las naciones desarrolladas. Tenemos un superávit de sol amable, de temperaturas apacibles, de costas prodigiosas que han volcado sobre nosotros oleadas turísticas de sociedades prósperas y económicamente potentes. Una excelente programación estatal para la explotación de estos datos favorables y una no menos valiente e inteligente creación de industrias turísticas por parte de la iniciativa privada han hecho posible, hasta ahora, el milagro de amortizar con los beneficios del turismo los déficit de nuestras balanzas comerciales.

Estamos en trance de perder todo esto. Y con ello, la sensación de merecer el apego a un lujo que no estaba justificado por la verdadera riqueza del país, harto escasa.»

Las palabras precedentes corresponden al resumen de un articulejo mío que no tiene más mérito que haber sido publicado hace casi un año. Se titulaba «Hay que apretarse el cinturón». Me refería, claro es, a ese cinturón que no nos hemos apretado...

Veintitrés días más tarde de la fecha de su publicación, en un alarde de pericia y vileza, manos asesinas segaron la vida del presidente Carrero. De entonces para acá, cambio de Gobierno, recrudecimiento de] terrorismo, nuevos aumentos en el precio de los crudos, repercusión de estas subidas en un alza espectacular de los costes, alarmante disminución del turismo europeo —pues, «cellos» sí saben apretarse el cinturón—. quiebras de empresas, tensiones laborales, déficit creciente —y rugiente— de la balanza de pagos, hundimiento de la Bolsa y viraje de la economía. Todo ha cambiado como estaba previsto; todo, salvo nuestro apego al engañoso municipio de la «Ciudad Alegre y Confiada».

 

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