Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Los dos raseros     
 
 El Alcázar.    05/03/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

APUNTE POLÍTICO

LOS DOS RASEROS

Por José María RUIZ GALLARDON

Con ocasión de su viaje a Madrid, el secretario general del Partido Comunista francés, señor Marchais, ha

hecho unas pintorescas declaraciones. Y creo ser benevolente en el calificativo. Por un lado —en "El

País" de ayer— el señor Marchais se indigna ante la posibilidad de que el "Partido Comunista Español"

no obtendrá carta de naturaleza legal en España, mientras que por otro ataca ferozmente a los Estados

Unidos, porque se permiten criticar la constante persecución de disidentes que en los países del Este

llevan a cabo los "amigos" soviéticos de Marchais. Dos raseros muy distintos.

En efecto; el sucesor de Mauricio Thorez y de los nunca olvidados elogiadores del Pacto nazi-soviético

discrepa de Carter, y afirma que los comunistas franceses "de ninguna manera están de acuerdo con la

idea, según la cual hay que subordinar el progreso de la distensión a la realización de tal o cual cambio en

uno u otro país". ¡Oh, milagro del eufemismo! ¡Oh, maravilla del circunloquio! Ese "tal o cual cambio"

no es otra cosa que la terminación de las persecuciones; el basta ya al ingreso en clínicas psiquiátricas de

los disidentes; la inmediata concesión de pasaportes a los que quieren emigrar del paraíso soviético; la

apertura de un proceso de clarificación sobre cómo son y que ocurre en los campos de concentración

siberianos..., en una palabra el reconocimiento de los más elementales derechos humanos, el respeto a las

más primarias libertades democráticas.

Sobre nada de ello —según el secretario francés del P.C. y antiguo obrero voluntario de la Alemania

hitleriana— ningún país —y menos que ninguno los Estados Unidos— tiene títulos para pronunciarse.

Son cuestiones propias del régimen interno de cada pueblo e intocables, por cuanto afectan a su

soberanía.

Pero, en cambio, cuando de España se trata el rasero es otro y muy distinto. Aquí sí. Aquí viene el señor

Marchais a pedir elecciones libres, que serían imposibles —según él, claro— sin la participación del

"P.C.E."; aquí viene a realizar su "deseo más querido: que desaparezcan los obstáculos que aún limitan las

libertades públicas e individuales".

¿Por qué tan distinguido defensor de las libertades democráticas no va a Moscú a pedir otro tanto? ¿Por

qué él, con su amigo Carrillo y el señor Berlinguer, no acuden a Bucarest, a Varsovia, a Praga a Budapest,

a Sofía, a Berlín oriental, etc., para solicitar, urgir e instar elecciones libres, con participación libre, de

todos los partidos políticos libres, de los que surjan Gobiernos libres, y pluralistas, con una Magistratura

libre que garantice las libertades de todos los ciudadanos? ¿Por qué no toma el vuelo directo Madrid-

Moscú para hacer campaña allí contra la cárcel, la tortura y la muerte, de que son objeto centenares de

miles de ciudadanos en los países del Este?

Francia es un bello país. Francia se tiene por la cuna del racionalismo. Francia es la patria del autor de "El

hipócrita": convendría releerlo, señor Marchais.

J.M.R.G.

ABC 3—III—73

 

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