Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Muchos rumores y poco optimismo     
 
 ABC.    07/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

7 DE NOVIEMBRE DE 1974. EDICIÓN

EN POCAS LÍNEAS

MUCHOS RUMORES Y POCO OPTIMISMO

Desde ayer la explosión de variados y disparatado» rumores, de bulos llevados al absurdo, de noticias sin pies ni cabeza, han dominado la escena política nacional, no obstante lo cual, todo ello significa que hay mar de fondo y que es exacto el refrán de que cuando el río suena agua lleva. Desde luego vivimos unos días aciagos, inquietos, preocupantes y, sobre todo, indecisos en cuanto a la estabilidad política se refiere. Que algo sucede entre bastidores no hay duda, aunque los que ocupan la primera fila de butacas no consigan saber con seguridad entre quiénes se desenvuelve la pugna. El hecho es, que la crisis iniciada con la marcha de Pío Cabanillas y Antonio Barrera de Irimo no parece que haya terminado. La situación económica se agrava día por día y ayer mismo la Bolsa volvió a manifestarse o ras del suelo. Y, sin embargo, las causas del mal son preferentemente políticas. El diagnóstico es claro y el enfermo es tal enfermo porque no se aplican los remedios prometidos en el programa gubernamental. En realidad —como ha dicho recientemente en un estupendo discurso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas el gran político que es José María Areilza—, todavía es aquí en España, entre los diversos países de Europa, donde menos estragos ha causado hasta ahora el ciclón inflacionista; donde se mantienen en pleno rodaje los mecanismos internos del sistema económico y monetario; donde existe una estabilidad y una disciplina del mercado productivo ventajosamente superiores a muchos de nuestros vecinos europeos. Todavía es éste un país —añade Areilza— de inversiones rentables y de porvenir. Aún mantenemos un alto nivel de empleo y las cotas de la inflación, aunque peligrosas, no desbordan las señales luminosas del peligro grave. Hay, evidentemente, dificultades importantes en el futuro a medida que la cuota del petróleo aumente y vaya consumiendo nuestras reservas monetarias, y hay «I primordial problema de que las clases trabajadoras y la población activa mantengan durante la crista un salario real de poder adquisitivo suficiente y holgado para que en ningún caso sean ellos los que paguen la cuenta de la inflación. Con todo esto quiero decir —terminó el conde de Motrico— que es preciso levantar el tono y el ánimo públicos ante la adversidad que nos imponen las circunstancias y no asistir pasivamente, con fascinación negativa, a la llegada ¿el huracán. Hay que hacerle frente con decisión y coraje para aguantar la embestida y salvar lo esencial, es decir, los valores de nuestra vida colectiva, con miras al porvenir. Buen contejo pera gobernantes y para los españoles que imitan al avestruz.—ARGOS.

 

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