Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   ¿Ha muerto el Movimiento Nacional español?     
 
 ABC.    03/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. DOMINGO 3 DE ABRIL DE 1977.

APUNTE POLÍTICO

¿Ha muerto el Movimiento Nacional español?

Por José María RUIZ GALLARDON

La referencia del Consejo de Ministros dada a conocer en la noche del viernes último nos confirmó lo que

ya todos sabíamos: la derogación, por decreto, del artículo segundo de la ley de Prensa y la implantación

de un sistema de protección del honor más ágil, dinámico, rápido y, esperemos, que eficaz. Pero como no

me gusta pronunciarme sobre textos legales sin conocerlos íntegramente, aplaudiré el propósito —

reiteradamente pedido desde esta columna— y me reservaré el comentario por menudo cuando aparezca

en la Gaceta.

Se suprime asimismo el Ministerio o la Secretaría General del Movimiento. «El País», con clara

intencionalidad comparativa, titulaba ayer así en su primera página: «Primero de abril: el Movimiento ha

terminado.» Sospecho que el diario matutino se equivoca. Lo que ha terminado es la burocracia del

Movimiento; lo que ha terminado es la esterilidad del Movimiento; lo que ha concluido es la expropiación

del Movimiento en favor de unos pocos y en perjuicio, como se dice ahora, de su base. El Movimiento

Nacional español, que nunca debió ser algo estático, ni encorsetado, ni burocrático, ni camaleónico,

quedará en sus ideas fundamentales vivo, como vínculo de paz y progreso, ahora sí reacio a toda

instrumentalizacion partidista y panaceica, integrador y abierto, fluyente y pluralista, con su componente

anticlasista, patriótico y de exigencia moral permanente. Ahora, precisamente ahora, es cuando a través

de unas y otras opciones democráticas va a demostrar su potencia. Y si no, al resultado de las urnas me

remito.

Porque lo cierto es que, por lo menos desde hace veinticinco años, el Movimiento-burocracia había

fallecido a manos de sus ilustres doctores de cabecera. Entre los que no olvido a los dos más recientes

ministros secretarios. ¡Curiosa situación! El Movimiento Nacional español, que nació antes del 18 de

julio de 1936, porque fue su causa eficiente, se impuso unitariamente, por necesidades bélicas, durante la

contienda. Pero con él, con su nombre y con sus ideales se llenaron la boca muchos, muchísimos de los

que decían servirle y lo ponían a su propio y personal servicio. Manoseado, desprovisto de su raíz

popular, verbalizado y vacío, ese Movimiento Nacional español que concitó la unión de lo mejor de la

España de los años treinta fue luego como cascara seca del árbol al que impedía crecer. El inmovilismo se

hizo fuerte en sus peores militantes, transformados en burocracia político-medradora. Desaparecida ésta

en las personas y en la ley, florecerán de nuevo sus ideales.

No. No es bueno —por precipitado— extender certificados de defunción cuando lo que acaba de

desaparecer es sólo la letra impresa amarilla y muerta de la ley. Los ideales no han muerto, están ahí y

resurgirán precisamente porque ya nadie podrá poner otros obstáculos que la fuerza de distintos ideales.

En esa fecunda concertación, el Movimiento Nacional español, que ha dado razón de ser a tanta lealtad, a

tanto sacrificio, a tanta entrega generosa, vuelve a tener el significado que le es propio: el del servicio a

España. Y, ¡afortunadamente!, sin ningún «oficialismo», sin ninguna exclusión, sin símbolos

desfigurados por conductas, sin grandes palabras repetidas, machaconamente dichas, por los que no

creían ni menos practicaban las creencias esenciales.

No. No es bueno —porque no es verdad— decir que el Movimiento Nacional español ha muerto. Lo que

ha muerto es su falsificación.

J. M. R. G.

 

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