Los no-combatientes     
 
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editorial

Los no-combatientes

Los recientes actos públicos celebrados por la Confederación de Excombatientes han llamado la atención de una parte considerable de la opinión española. En todos los países hay héroes y en todos los países que han sufrido una guerra reciente suele haber agrupaciones de excombatientes. Hasta ahí todo está dentro de un orden, pero aparecen luego ciertos matices que conviene considerar.

Bien está que los héroes recuerden sus hazañas, pero no de forma que evoque su repetición. En este país cuyo cainismo ha quedado harto demostrado con cuatro guerras civiles en 150 años, hay ahora tal ansia de paz y trabajo que los redobles de guerra desentonan.

Para millones de españoles, para ese setenta por ciento del país que no ha hecho la guerra, las banderas heroicas de los años treinta significan sobre todo historia. Los héroes que ahora cuentan son esa Infinidad de compatriotas silenciosos, abnegados, tenaces en el campo y en la fábrica, que han construido con su sudor y su cabeza una España mejor en estos treinta años. Las banderas que pueden atraer ahora a la juventud española no son estandartes rimbombantes que pregonan batallas, sino que sus héroes son los de la azada, el torno o el bisturí que están cincelando con tenacidad las condiciones para un renacer civil de la vieja España.

En este ambiente de moderación, de dedicación al trabajo, de nueva preocupación por el arte o la cultura, las llamadas hipotéticas contiendas parecen venir de otro mundo. Lo que aquí se está cultivando ahora es una forma más alta de tolerancia que permita a la península vivir en paz. Y mientras casi todo el país se dedica a esta delicada tarea, aunque natural es que los héroes recuerden sus batallas, también es natural que la opinión pública se inquiete ante consignas que recuerdan la guerra. Demos a la guerra lo que es de guerra —el pasado— y a la paz lo demás —el presente y el futuro.

Hay otro matiz que llama la atención en la reunión de excombatientes: ese miedo injustificado a que "les roben la victoria". Nada ni nadie puede robarles una victoria que ganaron por las armas hace ya 35 años como resultado de una guerra que nadie quiere repetir. El hecho de haberla ganado no debería significar una exclusiva de presente ni de porvenir. Cada generación labra su destino sobre el trabajo de las anteriores, pero con plena libertad. Lo hicieron ellos y lo repetirán las generaciones venideras.

Queda por último un elemento que desorbita, sin culpa de los excombatientes, la importancia de la reciente reunión. Bien está que los excombatientes se reúnan. Lo que ya no es tan alentador es que no existan facilidades de asociación semejantes para los no combatientes. Si éstos pudieran constituir una confederación, de seguro que sus lemas y banderas hablarían bien poco del pasado y de la guerra para insistir infinitamente más en la paz y el porvenir. Una sociedad equilibrada necesita probablemente de estas dos fuerzas —la del pasado y la del futuro— para constituir entre las dos una dialéctica que permita la marcha equilibrada del país. En este sentido, una vez más, el tema de fas asociaciones cobra suma Importancia. Si los excombatientes tienen derecho a pregonar esa heroicidad que se aprende en las trincheras, los no combatientes también deberíamos estar en condiciones de pregonar la que se aprende en el trabajo y en la sociedad civil.

 

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