Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   Opinión personal     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 10,11. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

PEDRO CALVO HERNANDO

Arias: declaraciones de tono menor

EL Presidente del Gobierno ha hecho en «ABC» unas declaraciones de tono menor y con escasas repercusiones, excepto el hecho mismo de ser reproducidas en los periódicos. Su rotunda afirmación sobre el buen estado de salud de Franco, sus elogios a Girón y a Fraga y su convicción de que «no hemos hecho más que iniciar el camino» (se refiere a su obra de Gobierno), figuran entre los aspectos más sobresalientes de cuanto dijo al periodista, sin olvidar la repetición de algo que ya expresó en su mensaje televisado: que el Estatuto de asociaciones es un «primer paso» con el que se puede hacer «una gran andadura».

Digo que son unas declaraciones de tono menor pero no en sentido peyorativo, ya que tal vez las circunstancias de la entrevista no permitían otra cosa. Lo que me pregunto es si la presentación amable y humana del personaje ante la opinión pública compensa del riesgo de que su imagen política no salga muy favorecida, al compararse esta comparecencia con otras anteriores, en las que el tratamiento que daba a los problemas era profundo, riguroso, matizado y sistemático. Personalmente, yo habría preferido que la entrevista hubiera versado exclusivamente sobre aspectos humanos e intrascendentes, porque pienso que quedan algo trivializadas automáticamente las palabras presidenciales referidas a problemas con una cierta trascendencia.

Me parece que cada cosa requiere una salsa, un procedimiento, un ambiente y una circunstancia distintos. Esa mescolanza que aparece en la entrevista de «ABC» la considero inadecuada a la categoría del personaje y a la tremenda carga de responsabilidad que pesa sobre sus espaldas. Lo siento, pero el asunto no me ha gustado.

Bruselas y los dos pluralismos

Mientras la entrevista con el Presidente estaba en la calle, iban regresando a España los treinta y tantos compatriotas europeístas y demócratas que habían asistido en Bruselas al coloquio convocado por el Club Realidades Europeas del Presente, institución privada similar al Movimiento Europeo, pero de la que forman parte importantes personalidades de las Comunidades Europeas. Al mismo tiempo, entraba en vigor el Estatuto jurídico del derecho de asociación política. Se producía una coincidencia en el tiempo entre el punto de partida de un pluralismo domesticado y ortopédico, «a la española», y la manifestación etérea y querencial de un pluralismo homologable al europeo.

En Bruselas ha tenido lugar un significativo contacto entre conocidas figuras de las corrientes democráticas del interior de España con una serie de personalidades de relieve en el ámbito de las Comunidades Europeas, aunque las conversaciones se hayan celebrado en el marco de un club privado. Lo que vale la pena retener es que allí flotaba el espíritu de una Europa unida y democrática, que es una aspiración que tarde o temprano ha de convertirse en realidad.

Precisamente en Bruselas estaban representantes de la A.E.C.E. o Asociación Española de Cooperación Europea, entidad privada radicada en Madrid, de la que forman parte numerosas personalidades de las corrientes democráticas españolas de oposición moderada, y cuyas actividades habían sido suspendidas gubernativamente semanas atrás. Al volver a Madrid se encontraron con el «regalo» de que el Ministerio de la Gobernación había reconocido sus razones, con lo que la suspensión quedaba levantada. Esta decisión realista del Gobierno es merecedora de elogios y viene a paitar el pésimo efecto que la suspensión había producido en la opinión sensibilizada.

Europa y la democratización

Como ha declarado a «Mundo Diario» Ramón Trías Fargas, uno de los ponentes de Bruselas, nuestra entrada de pleno derecho en e! Mercado Común fomentaría la democratización, la descentralización regional y la estabilidad política de las libertades. Asegura Trías Fargas que, «tras comprobar que hemos sido comprendidos por políticos y burócratas del M.C.E., creo que es ahora cuando la aproximación es más probable».

Estoy de acuerdo con «Diario de Mallorca» cuando asegura que españoles de distinta procedencia ideológica, y con diferentes perspectivas del futuro han brindado a ilustres cabezas de la Europa comunitaria el espectáculo de altura y seriedad en los diversos debates que fian protagonizado. También acierta el periódico balear al seleccionar dos de las informales conclusiones a que han llegado los asistentes al coloquio de Bruselas: la convicción de que la ruta del futuro español pasa por la plena integración en la Comunidad -Económica Europea y la realidad de que la única perspectiva coherente para el pueblo español es un proyecto democrático pluralista, sin exclusiones de ninguna especié.

Es claro, y así se pone de relieve una vez más, que la plena democratización interior y la integración de España en la Europa comunitaria son dos objetivos que se condicionan recíprocamente y qué no son fáciles de comprender de forma separada. Pero lo que el mundo de la realidad nos dice es que aquella democratización no va a ser activada espectacularmente por el Estatuto asociativo y que aquella integración no parece ser una dorada meta para el Gobierno de Madrid:

La izquierda marginada

Ese pluralismo sin exclusiones de ninguna especie va a tener que esperar. Antonio Gavilanes acaba de declarar que queda fuera del Estatuto un sector muy importante de la sociedad española, como es la izquierda en sus más diversas opciones, aunque se muestra partidario de entrar por razones táctico-políticas. Por su parte, la revista «Gentleman» asegura que ningún mediano conocedor de la política «real» española puede estimar seriamente que las fuerzas de la izquierda, desde las socialistas a la extrema izquierda, van a jugar en el Estatuto asociativo, lo que considera preocupante.

El coloquio de Bruselas ha evidenciado que a ese «primer paso» del Estatuto han de seguir urgentemente otros pasos que hagan posible esa «gran andadura» de que le hablaba el presidente Arias Navarro a Tico Medina en la entrevista de «ABC». Quiero pensar que el encuentro de Bruselas y el oleaje de opinión que ha desatado serán estimulantes para que el Gobierno se plantee con toda seriedad el problema de la homologación. De momento, ha tenido el buen gusto y el acierto de no interferir para nada en la inicia-

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OPINIÓN PERSONAL

tiva del Club de Realidades Europeas del Presente y —como dejó bien claro el ministro León Herrera a preguntas de este comentarista— de mantenerse al margen de la cuestión, sin expresar ninguna clase de simpatías ni de antipatías y, sobre todo, sin dar pie ni en la más mínima escala a la repetición de «espectáculos» como el que siguió al Congreso del Movimiento Europeo de Munich en 1962.

Los condicionamientos políticos

Se ha manejado estos días aquí el argumento de que en la letra del- Tratado de Roma no se encuentra ninguna mención a condicionamientos de índole política que pudieran obstaculizar el ingreso de España en el Mercado Común como miembro de pleno derecho. Pero es qus el problema no reside en que exista o no exista una oposición institucional a nuestro ingreso o que ningún órgano oficial de la Comunidad se haya pronunciado sobre el tema. El problema está en la actitud de muchos dirigentes políticos de los países miembros del Mercado Común, que no han ocultado nunca su oposición a una entrada de España sin que antes reúna ésta una serie de requisitos de carácter político. Y como las decisiones se adoptan por unanimidad en el Consejo de Ministros de la C.E.E., parece utópico pensar en un próximo ingreso, pues quienes tienen que decidir no están dispuestos a dar luz verde unánimemente, sin que antes se haya producido un cambio suficiente en las condiciones políticas interiores de España.

Frente a esto no faltan quienes consideran tal actitud como una presión o una intromisión intolerable en asuntos internos de otro país. Pero no hay tal cosa. El Mercado Común es un club con unas reglas de juego que es necesario cumplir para pertenecer a él. Todos los clubs del mundo exigen el cumplimiento de unos determinados requisitos para la admisión de nuevos socios. El problema no se plantea en la realidad hasta, que no se produce una solicitud de ingreso de un nuevo aspirante.

Las reformas institucionales

Hay requisitos económicos y políticos, y no parece que España reúna en estos momentos ni los unos ni los otros. Los primeros son tal vez más fácilmente alcanzables, sobre todo si se consigue una industrialización que permita la competitividad española frente a la industria europea. Los requisitos políticos no pueden superarse nada más que mediante unas reformas institucionales que supongan una suficiente homologación con los sistemas imperantes en los países que actualmente integran la Comunidad Económica Europea.

También opinan algunos que esos obstáculos políticos son circunstanciales y que, por tanto, esa oposición circunstancial puede desaparecer. Pero hay que preguntarse seriamente si las corrientes políticas dominantes en esos países europeos apuntan de alguna manera la posibilidad de un cambio que borrase de manera suficiente las diferencias que separan a la Europa occidental de la presente realidad institucional española. Pensar en esa posibilidad me parece que es tanto como soñar despiertos.

Sin entrar en mayores profundidades, me permito llamar la atención sobre ese proyecto para 1980 de un Parlamento Europeo elegido por sufragio universal directo entre las poblaciones de todos los países miembros de la Comunidad. A ver quién puede explicarme cómo se armonizaría tal cosa con nuestro peculiar sistema de acceso a las Cortes a través de los cauces familiar, sindical, municipal, corporativo y de nombramiento gubernativo o estatal.

La construcción de Europa

Aunque la construcción de Europa atraviesa serias dificultades, es claro que la Unión Europea es una aspiración política irrenunciable. Tanto si se piensa llegar a una Federación como si el objetivo fuese una Confederación o cualquier otra forma semejante, la exigencia de homogeneidad política entre sus miembros será entonces mucho más fuerte e indeclinable que lo pueda ser en el presente estadio de Comunidad Económica.

También con la mirada puesta en los próximos años y en las expectativas de unión política europea, es necesario llegar a la seria conclusión de que las distancias institucionales deben ser acortadas ahora, aunque sea de modo paulatino, pues en caso contrario después nos veríamos ante la tesitura de hacerlo de un golpe, sin contar con una previa experiencia, con un rodaje, con una preparación. Por otro lado, parece que lo lógico y natural es contribuir desde ahora mismo a la construcción de esa Europa unida, no sea que después nuestra integración en ella fuera un objetivo por muchos años inalcanzable.

Fraga, a la vista

Cuando este número de «G.i.» esté en la calle, se producirá la visita a Madrid de Fraga Iribarne, que era uno de los acontecimientos políticos que mayor expectación han despertado en las últimas semanas, más que la propia entrada en vigor y puesta en marcha del Estatuto jurídico asociativo. Tras su tempestuoso paso por Barcelona, comenté aquí la posibilidad de que promueva una gran asociación de centro así como el papel que podía jugar como catalizador de las reales posibilidades que puedan desprenderse de la aplicación del Estatuto asociativo. Tal vez en estos días madrileños de Manuel Fraga se despejen algunas de las incógnitas que se han abierto en las últimas semanas. Una se refiere a la capacidad real de una serie de políticos moderados para superar los personalismos y las irreprimibles ansias de liderazgo que parecen dominarles y que obstaculizarían gravemente el montaje de una gran asociación resultante de un pacto entre posibles promotores de la misma. Ahí están los nombres de Fraga, Areilza, Silva, Pío Cabanillas, Antonio Barrera y algunos componentes del grupo «Tácito».

Otra incógnita a despejar es la de si verdaderamente la probable entrada de Manuel Fraga en el juego asociacionista contribuirá o no a aquella apertura de brechas, a aquel ensanchamiento de los estrechos canales que ofrece el Estatuto, que hicieran posible una futura participación sin indignidades de sectores políticos que hasta el momento han permanecido perfectamente marginados de la acción política dentro de los marcos institucionales ofrecidos por el Régimen.

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