Los rumores de una crisis     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 40,?. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Los rumores de una crisis

JO que para el grupo «Tácito» había supuesto «la muerte de una línea política», para e! Presidente del Gobierno no tenía «ninguna significación ni trascendencia». El hecho escueto era que un ministro había sido cesado y otro ministro había presentado la dimisión. ¿Se podía saber por qué? Esta pregunta en una reunión de las Cortes le valió al procurador Escudero Rueda las protestas en voz alta de algunos compañeros de Comisión y el intento de conocer los motivos por los que Pío Cabañil las y Barrera de Irimo salían del Gobierno no prosperó. La prensa, sin embargo, consideró que la crisis se producía en unas condiciones particularmente enrarecidas y comenzó a atar cabos, contrastar rumores, hasta lograr la película —incompleta— de los acontecimientos.

APERTURA. APERTURA.—Cuando Pío Cabanillas salió en viaje oficial a distintos países de Oriente Medio seguramente sabía que los sectores que, desde hacia meses, atacaban su política de información moderadamente abierta podían aprovechar su ausencia para intentar un golpe definitivo contra el ministro de Información y Turismo. El rumor señalaba que las familias de «gironistas» y «oriolistas» habían encargado a señalados periodistas un «dossier» de lo que para -ellos suponía un exceso de tolerancia. De ser cierta la existencia de este informe, en él se denunciaba desde el «destape» de Rocío Jurado en televisión hasta la entrevista que «El Correo de Andalucía» realizó a don Felipe González, representante del Partido Socialista Obrero, pasando por diversos números de «El indiscreto semanal», informes publicados en «Cambio-16» y cualquier testimonio que pusiera de manifiesto la «intolerable situación» de la prensa del país. De regreso a Madrid, el señor Cabanillas fue informado de su cese, aunque, al parecer, se le ofreció la posibilidad de continuar en el cargo si renovaba a ciertos colaboradores inmediatos —Marcelino Oreja, Ricardo de la Cierva, por ejemplo—; el ministro no accedió y el cese se produjo en la mañana del lunes, 28 de octubre. Es probable que una de las personas que supieron en seguida el acontecimiento fuera Antonio Barrera de ¡rimo, ministro de Hacienda, que tres días antes había expuesto a los españoles —acompañado del señor Cabanillas— los acuerdos económicos del Consejo de Ministros. El señor Barrera —cuenta el rumor— telefoneó inmediatamente al Presidente Arias y le comunicó su decisión irrevocable de dimitir de su cargo. El martes, 29, los miembros del Gobierno asistieron al discurso conmemorativo de la fundación de la falange. Poco después de que el señor Labadíe dijera delante de Franco que había que defender «con uñas y dientes» la vistoria del 18 de Julio, un oportuno fotógrafo captó la imagen de los miembros del Gobierno aplaudiendo: en primer plano, el señor Arias —aspecto cansado, sonrisa indefinible—; tres asientos a la derecha, el señor Barrera cruzaba los brazos ostensiblemente y no aplaudía. Su opinión parecía clara: dicen que la posterior conversación del Presidente con el señor Barrera en el propio Consejo Nacional no consiguió que el ministro retirara su dimisión.

PRESIONES. — El elogio, verdaderamente emocionado, que el Presidente Arias dirigió a los dos ministros salientes en la toma de posesión de los señores Herrera y Cabello de Alba fue interpretado por algunos observadores como un reconocimiento de que los cambios se habían producido por presiones de tal fuerza que sobrepasaban la voluntad del Jefe del Gobierno. El rumor de las serias diferencias existentes entre grupos influyentes de «ultras» y el propio Presidente se extendió por todo el país, en el sentido de que el señor Arias se podría ver obligado a aceptar nuevas dimisiones —e incluso a dimitir él mismo—. Cualquier interpretación cabía en unos momentos en que los teléfonos de ministerios y periódicos transmitían posibles ceses y posibles nombramientos minuto a minuto. Un teléfono no contestaba: el del señor Barrera de Irimo. Los ministros económicos habrían querido solidarizarse y él habría querido inhibirse de las decisiones de sus compañeros. La prensa extranjera recogía la posibilidad de que el Príncipe de España hubiera intervenido personalmente para evitar el desencadenamiento de ceses a nivel ministerial. Lo que no se pudo evitar fue la salida de cercanos colaboradores de los señores Cabanillas y Barrera, entre ellos algunos componentes del grupo «Tácito», que el mismo día 30 publicaba en «Ya» una nota en la que se decía: «Ahora todo tiende a ser más claro. El discurso del señor Labadíe ante todo el Estado, el cese del señor Cabanillas y la dimisión del señor Barrera no pueden dejarnos ninguna duda. Se tuvo la oportunidad de elegir un camino, el que los discursos presidenciales señalaban y nosotros apoyamos. Se ha elegido otro... Cuando el pasado predomina, sólo los arcaizantes se imponen y con ellos es difícil intentar una nueva andadura...». Los periódicos del Movimiento y el órgano de Sindicatos. «Pueblo», respondieron airadamente al desanimado artículo de «Tácito» y recogían las palabra» del Presidente Arias en Burgos: «España, bajo la capitanía del Caudillo, sigue siendo cada día más fuerte, más firme, con los mismos objetivos». Pero el rumor seguía insistentemente propagando que la crisis podría verse ampliada.

ASOCIACIONES. — La reunión del ministro de Marina, señor Pita da Veiga, con el ministro Secretario General del Movimiento fue destacada de tal forma por algún sector de la prensa y por Televisión Española que parecía que los comentarios de un relevo al más alto nivel del Gobierno podrían no ser descabellados. Se tenía la impresión de que los autores de los llamados «gironazo» y «piñarazo» (en ejemplos de aceptación de «apertura en una sola dirección») saldrían vencedores en su pugna contra el «espíritu del 12 de febrero», es decir, contra el programa esperanzado y conciliador del Presidente Arias. El rumor insistía en que no sería el proyecto de asociaciones de la Presidencia del Gobierno el que saldría adelante, sino otro, quizá redactado por una alta autoridad militar. Para muchos observadores, el programa democratizador del Presidente se veía en peligro, y hubo comentaristas políticos cuyos artículos —en días de relevos ministeriales— no vieron la luz. En Madrid se hizo notar la ausencia de la columna diaria de Luis Apostua en «Ya» justo el día de máxima expectación. Apostua dijo a «G.i.» que «algunas faltas a la cita de cada mañana estaban motivadas por enfermedades. Pero ese día yo estaba bien de salud». La salida del Gobierno de Pío Cabanillas ha tenido un eco solidario con pocos precedentes en la historia de los periódicos del país desde que la Ley de Prensa entró en vigor. A pesar de que se habían producido suspensiones de determinados órganos de expresión y algunas multas, la totalidad de la prensa independiente ha destacado la labor del señor Cabanillas en beneficio de una independencia y una «mayoría de edad» de los profesionales de la información inusuales en España. Las actitudes contrarias a esta interpretación del programa Arias han sido expuestas en periódicos claramente definidos e inspirados •por quienes —según el frondoso rumor que rodea a la crisis— han provocado la caída del ala más aperturista del gabinete. Los recién nombrados ministros de Información y Hacienda se han declarado desde un principio partidarios de la línea ya conocida del Presidente, pero pudiera ocurrir que difícilmente quedara convencido el país de que «no ha cambiado nada».

EXPECTACIÓN. — Ai cierre de este número de «G.i.» se encuentra reunido el Consejo de Ministros bajo la presidencia del Jefe del Estado. Mientras la Bolsa con tinúa su caída en un picado preo-

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cupante, la expectación se centra en el proyecto de asociaciones que probablemente se esté ahora tratando al más alto nivel. Mientras «Argos» señala en «ABC» que «vivimos unos días aciagos, inquietos, preocupantes y, sobre todo, indecisos en cuanto a la estabilidad política se refiere», el ya citado Apostua recoge en «Ya» la contestación del rector de la

Universidad Autónoma de Madrid a la pregunta: ¿por qué hay elecciones para los estudiantes y no se generaliza al resto de la población?: «La respuesta al sentido que pueden tener unas elecciones democráticas en la Universidad sin una correspondencia en la sociedad podría ser dada por quien tiene responsabilidad, sobre ambas».

 

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