Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Un príncipe leal y un pueblo libre     
 
 ABC.    05/12/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

«UN PRINCIPE LEAL Y UN PUEBLO LIBRE»

Hace pocos días, el grupo «Tácito» publicó en «Ya» un meditado artículo con el título «Un Príncipe leal y un pueblo libre», donde decía que la comparación de los momentos presentes con lo acaecido en España hace exactamente un siglo es fuente inagotable de interés y reflexión. Recordaba que la España de finales de 1874 veía aproximarse la hora de la Restauración. El «Moni´ fiesta de Sandhurst» es del 1 de diciembre de aquel año, y aunque es el Príncipe Alfonso guien lo lanza, es Cánovas del Castillo —un estadista en sería— guien lo escribe. El que va a ser Alfonso XII confiesa en el Manifiesto «estar en contacto con los hombres y cosas de la Europa moderna», ofreciendo al país reiteradas veces una Monarquía constitucional y representativa. Esta Monarquía —sigue diciendo el Príncipe en el público documento— posee en sus principios la necesaria flexibilidad y cuantas condiciones de acierto hacen falta para que todos los problemas que traiga consigo su restablecimiento sean resueltos de conformidad con los votos y la conveniencia de la nación. «No hay que esperar —añade el futuro Alfonso XII— que decida yo nada de plano y arbitrariamente. Sin Cortes no resolvían los negocios arduos los Príncipes españoles allá en los antiguos tiempo» de la Monarquía; y esta justísima regla de conducta no he de olvidarla yo en mi condición presente... Llegado el caso, fácil será que se entiendan y concierten sobre todas las cuestiones a resolver un Príncipe leal y un pueblo libre.» Cierta que hay mucho que aprender del «Manifiesto de Sandhurst». Y añade «Tácito» que para que un pueblo sea libre es preciso, tanto ayer como hoy, que ejerza en plenitud todas sus libertades públicas a través de instituciones representativas. El Príncipe, por su parte, para que pueda proclamarse, como en 1874, hombre de su siglo, no sólo ha de ser «verdaderamente liberal», sino asumir también el carácter democrático y social de nuestro tiempo. Un tiempo que permite aún, por encima ¿e concepciones doctrinarias ya superadas, la conclusión de un nuevo pacto entre un Príncipe fiel y un país libre. Y ésta es la lección de hace un siglo transportada al día de hoy.—ARGOS.

 

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