Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La dimisión del Sr. Gil Robles     
 
 ABC.    13/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. DOMINGO 13 DE MARZO DE 1977.

APUNTE POLÍTICO

La dimisión del Sr. Gil Robles

Por José María RUIZ GALLARDON

Dejemos hoy aparte todo juicio crítico sobre su obra. El capítulo que don José María Gil Robles y

Quiñones acaba de cerrar en su larga, dilatadísima carrera política, obedeciendo a los imperativos de su

conciencia, exige de los que hemos discrepado muchas veces de él, cuando menos, el reconocimiento de

su enorme vocación política puesta al servicio de unos ideales.

Gil Robles fue llamado desde muy joven a la palestra política, ocupó cargos de especialísima

responsabilidad, encarnó esperanzas, quizá como muy contados políticos españoles, sufrió desengaños y

amarguras sin cuento, fue alabado y menospreciado, ensalzado por unos y detestado por otros; pero

siempre, siempre, fue él mismo.

Me parece que en esta hora, en la que, en pleno vigor intelectual, en el cenit de su existencia, ha decidido

dar al paso de abandonar la jefatura de su partido político —él que siempre fue conocido por el Jefe por

antonomasia—, muchos deben, y quizá muy encontrados, ser los sentimientos que se entrelacen en su

corazón. Pero sepa que quienes con menos años, experiencia y títulos, le hemos, a veces, combatido,

también sabemos respetar esa fidelidad a la propia imagen, ese sello personal que ha imprimido a toda su

actuación pública.

Precisamente, del respeto que proclamo a su figura, cuando se empieza a apartar del liderazgo político —

pues la política activa no la abandonará mientras viva, tan de lleno determina su propia

personalidad— quisiera hacer mi modesto homenaje a su persona. De un hombre político como Gil

Robles se puede y aún se debe disentir si es que el propio pensamiento no coincide con el suyo. Pero ese

disentimiento habrá de ser manifestado desde el más profundo respeto a su ideario, desde la asentada

convicción de que, con acierto o sin él, el fin último que el luchador Gil, Robles buscó en sus afanes ha

sido el servicio leal a lo que ha considerado bien común de todos.

¡Ojalá muchos políticos alcanzaran la meta a que ha llegado don José María Gil Robles! Hostigado por

cien insidias contrarias y elogiado por mil afanes propicios, combatido con o sin razón, denostado o

elevado con el mismo encono o idéntica pasión, lo cierto es que ha sido siempre un tremendo ejemplar y

grande luchador. Cuando en esa lucha de tantos y tan dispares años se llega a conseguir ser siempre uno

mismo, es de admirar al hombre que tal meta alcanza.

Ayer, al conocer la noticia de su dimisión, personalmente, me percaté de la grandeza de la vida de Gil

Robles. Porque, repito, no comparto su ideario, porque entiendo que son otros los caminos que debe

seguir la política española, pero también porque quiero ser, sencillamente, justo, me descubro ante su

figura. Dios quiera que todos los políticos de hoy y de mañana puedan iniciar su retiro aureolados con tan

recia personalidad.

J. M. R. G.

 

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