Autor: Sánchez-Gijón, Antonio. 
 Una visita a la OTAN /y 3. 
 Necesidades de la Alianza frente a la "oferta" española.     
 
 El País.    04/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Una visita a la OTAN/y 3

Necesidades de la Alianza frente a "oferta" española

ANTONIO SANCHEZ-GIJON

Voy a condensar en breve espacio todos los elementos de juicio reunidos durante una reciente visita a la

sede de la OTAN en Bruselas, al objeto de contemplar esta proposición teórica: a España le interesa

considerar, como una "alternativa seria de su política internacional, la entrada en la OTAN. Quede para

otro día la proposición contraria, porque para ésta, ciertamente, no me han dado elementos de juicio en

Bruselas.

«La OTAN tiene una postura defensiva que merece credibilidad», sostiene el secretario general Luns. Sin

embargo, detrás de esto se encierran ansiedades: «más, que el tamaño del Ejército soviético, lo que nos

preocupa es el crecimiento de su poder naval», me dice un alto funcionario de la secretaría. Alemania

comenzó la II guerra mundial con veintinueve submarinos: la URSS tiene hoy día más de 350. Un

principio básico de la OTAN es que hay que mantener una postura defensiva suficiente, no frente a las

intenciones del enemigo, sino frente a sus capacidades. Por lo tanto, la capacidad naval soviética debe ser

confrontada por los medios adecuados, esto es, navales y aéreos. El Mediterráneo es un rosario de crisis;

el Atlántico es la línea vital de Europa. Por las costas atlánticas de África ascienden hacia Europa un

millón de toneladas de petróleo al día: los submarinos soviéticos bajan del mar del Norte al Mediterráneo

y al Atlántico.

Las necesidades de la OTAN deben medirse, en nuestro caso, con la capacidad de oferta española. España

tiene una marina efectiva, con creciente capacidad oceánica: la península y los archipiélagos son grandes

portaviones colocados en el Mediterráneo, el estrecho, el Atlántico y las costas africanas, con alcance

hasta bien debajo del trópico de Cáncer, «límite sur» de la OTAN; existe un excedente de capacidad en el

ejército de tierra, demasiado grande para misiones defensivas de un país que se integra en una alianza.

¿Qué esperaría España ganar con su integración en la OTAN? Veámoslo en el terreno político: tendría

acceso a la masiva corriente de información que circula por los comités y el consejo de la OTAN,

información que es de todo tipo, hasta técnica y económica; sería escuchada y consultada por los otros

quince miembros: participaría en el proceso político general, que unas veces lleva a tomar decisiones y

otras a la formación de políticas y estrategias comunes; el problema de Gibraltar perdería su fusible

militar (la verdadera hipoteca de España), ya que no tendría sentido una presencia naval y aérea de Gran

Bretaña donde España podría cubrir con mayor eficacia y economía el mismo papel: desaparecido este

fusible, el problema se queda reducido a uno de expresión de la voluntad popular de los gibraltareños. que

es el mismo problema del resto de los españoles. Veamos ahora el terreno militar: habría una evaluación

continuada de las necesidades y de las capacidades españolas, y su resolución conjunta: se incrementaría

el profesionalismo de las FF AA, por la elevación del espíritu competitivo internacional y por la mutua

experiencia: un «approach» gradualista permitiría la transformación rentable y no dolorosa de la

estructura de las FF AA. La standardización de armamento y logística produciría economías: los contratos

de infraestructura harían entrar capital; España desempeñaría el comando naval del Mediterráneo y el de

Gibraltar.

Una revisión del estado real (y no teórico) del problema nos aporta los siguientes criterios: aunque en la

sede de la OTAN aseguran que allí no se han estudiado las posibles misiones que a España

corresponderían, esto no debe ser creído; todo el mundo parece tener una idea. Existe de hecho un cierto

grado de integración efectiva entre España y la OTAN, que pone en evidencia el tipo de misiones que

corresponderían a España. Existe una zona de interés común entre España y USA que se sobrepone a

espacio físico correspondiente a cinco comandos navales de la OTAN: la XVI fuerza aérea de les Estados

Unidos, «señalada» para misiones de la OTAN en un conflicto, tiene su sede en España: el Maritime A ir

Recconaissance Pool, de próxima creación, se nutriría probablemente, entre otras, de la red de alerta y

control de España, y del patrullaje aeronaval desde Rota.

El estado mayor combinado España-USA ofrece el acceso a la doctrina OTAN, tal como la interpretan los

Estados Unidos; «Si alguien sabe lo que es la doctrina de la OTAN, son los Estados Unidos», ha dicho

Luns recientemente; el punto neurálgico de este contacto se halla en Stuttgart. sede del cuartel general

americano en Europa: en Bruselas, sede de la OTAN, no tienen mucho que hacer, de cara a esta

organización, los agregados militares españoles ante la corte belga.

Ciertos medios españoles «resistentes» a la OTAN quisieran acogerse a un estatuto de asociación con la

organización. El tratado del Atlántico Norte no contempla tal posibilidad; no obstante, medios de

Bruselas me han asegurado que es más fácil la cooperación en el terreno militar que en el político. Esto es

inaceptable para España; equivaldría a que España cediese lo que más le importa, que es su participación

política en la alianza, para ceder sin contrapartidas el mejor activo español, su contribución militar.

Tal como recomienda la Unión Europea Occidental (la única organización política que, aparte de los

americanos, puede mediar entre España y la OTAN), la OTAN debería abrir negociaciones con España

para su eventual ingreso, tan pronto como España estuviese dotada de un Gobierno elegido tras de

elecciones libres. Entretanto, el actual Gobierno, que no ha sido elegido libremente, haría bien, por lo

menos, en desarrollar todo el potencial contenido en el tratado de Madrid (que contempla desembocar en

la OTAN), a la espera de que un Gobierno democrático acepte o no la negociación; naturalmente, primero

haría falta que los partidos políticos se tomasen la molestia de ir formando sus ideas sobre esta cuestión

nada baladí, y las formulasen como programa de Gobierno.

 

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