Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Nueva estrategia     
 
 ABC.    13/04/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

13 DE ABRIL DE 1977

APUNTE POLÍTICO

Nueva estrategia

Por José María RUIZ GALLARDON

Sin desdecirme ni una tilde de cuanto desde esta columna he escrito, sin haber encontrado un solo

argumento válido para cambiar de opinión, sin renunciar a volver cuantas veces sea conveniente sobre el

tema de la improcedente legalización del «P. C. E.», lo cierto es que de tan esperada como era la tal

medida (esperada, porque desde hace mucho tiempo no creo en la sinceridad de las antiguas promesas del

Gobierno hechas públicas y privadamente) la nueva estrategia de los anticomunistas españoles está más

que cantada. Es ésta:

1. El «P. C. E.» y todos aquellos partidos que a su izquierda sean legalizados queda emplazado para

cumplir la Ley. Por su parte, el Gobierno —si es que quiere cumplir con su deber— ha de ser acucioso en

la exigencia de dicho cumplimiento. Lo cual, dicho con otras palabras, más claras y rotundas, es ni más ni

menos que el fin de la tolerancia. Se acabó. ¿Que el «P. C. E.» quiere organizar un mitin? ¡Que se ajuste a

la normativa vigente! ¿Que en dicho mitin se producen manifestaciones o gritos en pro de una República

federal o en contra de las Fuerzas de Orden Público que son, no lo olvidemos, parte de las Fuerzas

Armadas? Pues que se aplique el Código Penal. Teniendo muy presente que la vigente ley de

Asociaciones hace responsables a éstas de los actos de sus afiliados cuando actúen en su representación.

2. Esta exigencia del cumplimiento de la Ley —que, por descontado, es ley para todos— no excluye,

sino que exige que los ciudadanos todos sepamos desde ahora mismo de dónde proceden los fondos del

«P.C.E.». También en este orden de cosas las cuentas deben estar muy claras. Porque la misma ley de

Asociación Política corrige con graves sanciones la recepción de fondos procedentes del extranjero o de

entidades o personas extranjeras.

3. Pero sobre todo, y con carácter general, la opinión pública y los medios de comunicación en particular

habrán de pedir —porque tienen derecho y obligación de hacerlo— la máxima transparencia y puntual

cumplimiento del compromiso que todo partido tiene de ajustar su actuación y organización interna a las

formas y procedimientos «democráticos». ¿No dicen serlo los comunistas? ¡Pues que lo demuestren! Han

estado durante mucho tiempo llenándose la boca con hermosas declaraciones democráticas, y han pedido,

por el haz y por el envés, su inclusión en el juego democrático. Pues bien: ya están en él. Ahora tienen

que respetar sus reglas y entre ellas la muy importante de no dividir al pueblo, empezando por no

preconizar la destrucción de lo que llaman clase opresora que es pueblo también. Pueblo somos todos. Y

más que nada cuiden de la erradicación de cualquier tipo de violencia: desde la dictadura del proletariado,

hasta la concepción y práctica de la política como lucha de clases. No hay democracia sin respeto al otro.

Y en la misma medida que pedimos respeto a la Ley y a los demás, estamos dispuestos a practicar estas

exigencias. Porque son las ideas, no los hombres mientras no delincan, los adversarios a batir.

En una palabra: ¿Quieren los comunistas la democracia? Pues que empiecen por hacerla buena en sus

actuaciones todas. En otro caso, fuera, sencillamente, fuera.

J. M. R. G.

 

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