Autor: Chamorro Martínez, Manuel. 
 ¿Interesa a España su ingreso en la OTAN?. 
 VI.- Inconvenientes y riesgos de nuestra integración     
 
 El Alcázar.    10/01/1977.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 28. 

¿Interesa a España su ingreso en la OTAN?

VI.-INCONVENIENTES Y RIESGO DE NUESTRA INTEGRACIÓN

Un grave costo económico y la hipoteca de nuestra independencia proverbial

Comencemos por señalar que toda negociación implica una cesión mutua de cosas, derechos o acciones.

Es, como en cualquier trato o negocio, el resultado de un «toma» y un «daca», en suma, de un tira y

afloja. En el «toma» no hay problema, pues recibir siempre es agradable. Pero el «daca» es más difícil de

negociar porque supone, como antes decimos, una cesión, un sacrificio. Y esto, cuando se trata de

negocios de carácter internacional, supone, en el mejor de los casos, la hipoteca de alguna cosa que no es

propiamente del negociador, sino que pertenece al país del que negocia.

Pero es que hay más. Cuando se trata, como en este caso, de acercarse a una Organización que ya está

constituida como la OTAN, o como podría ser el Mercado Común, lo primero que tenemos que saber es

hacia dónde vuela en su constante evolución. Y no perdamos de vista, a este propósito, que el movimiento

al que nos venimos refiriendo ofrece un gran interés. En efecto, algunos sectores españoles, pensando

simplísticamente, caen en la tentación de considerar a la NATO, o a la C.E.E., como bellos ejemplos de

perfección, como si se tratara de la panacea universal a la que no hay más que acercarse para quedar

iluminado con sus luces. Esta misma ilusión que se forjan muchos de esos sectores, hace que se considere

que nuestra po-lítica tiene y debe orientarse, sin más ni más, en el sentido de que es nuestro deber aplicar

todo nuestro esfuerzo hasta conseguir, como sea, la integración de España en los organismos

internacionales, entre ellos la OTAN.

Tengamos en cuenta que la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ni es el centro de todas las

perfecciones, ni mucho menos el punto situado en el lugar preciso y para siempre, sobre todo en los

últimos años. Por esto, a la reiterada pregunta de si debe o no España vincularse en la OTAN, sería

interesante añadir éstas otras: ¿sabemos cuál puede ser la evolución previsible de esta Organización?,

¿qué inconvenientes y qué riesgos reportaría a España su integración?

Planteada así la cuestión, parece lo más correcto decir que no se trata de «entrar» en ninguna parte, sino

de estudiar con atención y detenimiento el posible proceso evolutivo de la NATO para que si algún día

somos invitados a ingresar en ella, o nos conviniera solicitarlo, tengamos presente que, en primer lugar, si

se nos da paso es porque así convendrá a las otras partes negociadoras y, en segundo, que de integrarnos,

no se tratará de entrar en un Edén, sino en una Organización con demasiadas incertidumbres - como

hemos podido ver en artículos precedentes - enquistadas todas ellas en su enorme cuerpo, como para no

estar seguros de que las cosas de la OTAN de 1976, sigan siendo idénticas dentro de algunos años. El

ejemplo de Francia al despegarse de la NATO, el que apuntó en igual sentido Canadá y la reciente

amenaza anunciada tan apresuradamente por el Premier inglés, Sir James Callaghan, de desmantelar el

Ejército británico del Rhin, son poco incitadoras a nuestro ingreso. En fin, todo parece como si se nos

quisiera aconsejar, por de pronto, cierta prudencia y cautela, en espera de que la situación se aclare con el

tiempo.

Independientemente de esto, si hemos expuesto en el artículo anterior las ventajas que para la

Organización supondría nuestro ingreso en ella, nada más lógico que examinar ahora los inconvenientes y

riesgos que entrañaría para nosotros la entrada en aquélla. Con esto daremos, además, por terminado el

estudio de la problemática de nuestro ingreso en la OTAN.

INCONVENIENTES GENERALES

A nuestro juicio, los inconvenientes que, hoy por hoy, reportaría para nosotros pertenecer a una

Organización de esta naturaleza, serían, entre otros, los siguientes:

1.°) Tener que contribuir al Presupuesto de sostenimiento de la NATO que, dada nuestra precaria

situación económica, nos resultaría gravoso por demás, y,

2.°) Tener, posiblemente, que hipotecar posturas o situaciones que a nosotros, españoles, no nos va.

Debemos tener en cuenta, además, que debido a nuestra posición geográfica, a nuestros acuerdos con

determinados países y al esfuerzo que venimos realizando para nuestra defensa - que es la propia defensa

de la NATO - , esto, de por sí ya representa una aportación muy estimable a la seguridad de Europa. Así

lo ha reconocido públicamente la Asamblea de la Organización del Atlántico Norte en su reunión

celebrada en Williamburg, en el mes de noviembre último.

Por otro lado, los acuerdos a los que acabamos de hacer mérito, nos permiten conocer las experiencias e

innovaciones de la OTAN. La visita en Bruselas de los componentes del Curso 1976 de nuestro

CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional), al Cuartel General Supremo Aliado en

Europa (Shape) - cuyo mando lo ejerce, como sabemos, el general norteamericano, Alexander Haig -, así

como a Unidades de la VI Flota de Estados Unidos en Nápoles e instalaciones militares, navales y aéreas

del área meridional del Continente y el Mediterráneo, manteniendo contactos con los Altos Mandos de la

Organización Atlántica, es prueba bien palpable, no sólo del grado de amistad hispano-norteamericana,

sino de que nuestra presencia en la NATO, ya que no física, sí lo es de forma indirecta, sin otras

discriminaciones molestas por demás.

Que esta manera de intervenir en la OTAN no deja de ser egoísta y que no nos va porque entendemos que

la responsabilidad hay que afrontarla con todas sus consecuencias, conforme, pero no es menos cierto que

si las cosas están así, no es por nuestra culpa y que hay que aceptarlas tal cual son. Por otra parte,

tampoco es para que sufra con exceso nuestra conciencia si recordamos que la postura adoptada por los

aliados contra España después de la Segunda Guerra Mundial, no sólo fue egoísta sino artera por demás.

Por consiguiente, pagar con mejor moneda si cabe, no fue nunca cosa de villanos.

Por otro lado, no debemos olvidar que nuestra participación en la Organización del Atlántico Norte,

implícitamente lleva consigo muchos riesgos, pues en caso de confrontamiento, España no podría

limitarse a ser mero sujeto pasivo como en guerras pasadas, sino que sería miembro activo participando

con toda su fuerza y su poder, principalmente en la zona que más nos interesa, que no es otra que la del

Mediterráneo y, más concretamente, la del Estrecho de Gibraltar. No hay que perder de vista, por otra

parte, que desde un principio, el mundo comunista, ante la importancia estratégica de la Península Ibérica

tendería a dominar ésta con acciones en fuerza para alcanzar los siguientes objetivos:

- Cerrar el Estrecho a los potencias marítimas occidentales.

- Romper el pivote del despliegue estratégico marítimo atlántico.

- Conseguir plena seguridad de influencia en África, a la vista de que el predominio de la U.R.S.S.

en el mundo árabe significaría el cerco y la asfixia de Europa, lo que podría convertir un buen día a

nuestra Península en objetivo de especial importancia para acciones proyectadas desde el Norte de África.

- Conseguir la capacidad necesaria para la total interceptación del tráfico marítimo-atlántico, y

- Libre salida a las derrotas atlánticas.

Y si bien es cierto que todos estos riesgos se verían acentuados en caso de guerra, no es menos cierto

también que ya desde tiempo de paz, con sólo adscribirnos a la Organización del Atlántico Norte, se

producirían las naturales tensiones, sobre todo en la cuenca Sur del Mediterráneo, entre las naciones de

este área y las potencias de la OTAN, que darían lugar, sin duda, a incidentes de todo género, de los que

no podríamos inhibirnos.

Insistamos que el interés del bloque comunista en adquirir tan valiosa posición estratégica como es la

Península Ibérica, fue ya preconizado por Lenin. Según este, «para establecer el comunismo en Europa es

preciso prenderle fuego por sus dos extremos» y uno de ellos, precisamente, es España.

Así las cosas, ¿sería justo - nos preguntamos - correr todos estos riesgos si no es a cambio de obtener

máximas ventajas? ¿no es lógico que lo pensemos muy bien antes de plantear formalmente nuestra

petición de ingreso en la NATO y evaluar debidamente el precio o coste nacional de tal decisión?

PREMISAS POLÍTICAS

A nuestro entender, consideramos que estamos hoy en magníficas condiciones para orientar nuestra

política con respecto a la OTAN sobre las siguientes premisas:

1.a) La integración en Europa, si procede, debe hacerse en plenitud de derechos, es decir, sin otorgar

concesiones que no sean correspondidas. «España - como dijo el ex-ministro Castiella - no está

acostumbrada a ser satélite de nadie». Esta misma fue la postura mantenida por S.M. el Rey Don Juan

Carlos en su visita oficial a Francia, a finales del mes de octubre del año en curso. Por consiguiente, el

único rasero en el que hay que medir la eventual conveniencia de nuestra entrada en la OTAN debe ser el

de los intereses nacionales, rigurosamente nacionales.

2.a) (consecuencia de la anterior). Los que negocien con nosotros - cualquiera que sea el país negociador -

deben hacerlo sobre la base de abandonar la excesiva tendencia que hoy impera en el mundo de

mercantilizar sentimientos que aquí, al menos, ni se compran ni se venden. Por eso, entendemos que no se

debe transigir, para caso de un futuro conflicto, con que otros países jueguen con la baza de nuestra

forzosa inclinación hacia un determinado bloque, habida cuenta de nuestra ideología política. Tal

proceder, ni sería justo, ni elegante, ni correcto; a él se opondría indefectiblemente el carácter del noble

pueblo español. Bueno es recordar, a este respecto, la célebre frase lanzada por aquel gran patricio

español que se llamaba D. José Calvo Sotelo el día 16 de junio de 1936, en el Parlamento, cuando dijo:

«preferimos morir mil veces con honra a vivir con vilipendio». O la arenga no menos famosa del

brigadier de nuestra Armada, D. Casto Méndez Núñez, quien el día 2 de mayo de 1866, frente al Callao,

exclamó: «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra».

Y la verdad es que ante estados de tal naturaleza, bien sabe el mundo que los españoles sabemos

reaccionar como corresponde, porque lo hemos demostrado ya muchas veces, culminando las más

recientes en la Plaza de Oriente, de Madrid.

Sin embargo, razones hay más que sobradas para sentirnos escépticos. No olvidemos - aunque sea

remachar en el clavo - que en la Segunda Guerra Mundial, los vencedores potenciaron durante su

desarrollo nuestra neutralidad, que en beneficio de los aliados nos «jugamos la cara» deteniendo al Eje en

los Pirineos después de haber barrido materialmente a Europa y echar al mar a los ingleses y que este

sacrificio nuestro nos lo pagaron más tarde retirando los embajadores de nuestro país, bloqueando a

nuestro pueblo y sometiéndonos al hambre y al más tremendo de los atropellos, hasta el punto que de no

haber sido por los norteamericanos - que rompieron el hielo - y otros países centro y sudamericanos, a

estas horas seguiríamos en el más completo de los ostracismos.

EL ODIO HACIA ESPAÑA

Pero lo más triste del caso es que esta inquina hacia España no cesa. Ahora se centra en evitar nuestro

ingreso ya que no en la NATO - porque conviene mantener abierta esa posibilidad para beneficio

exclusivo de sus miembros -, sí en el Mercado Común y Consejo de Europa bajo la excusa de que todavía

no estamos homologados a nivel europeo. Parece como si lo que se pretendiera por algunos países es

provocar entre nosotros la ruptura política que nos asfixie y nos hunda en el caos; en suma, esos enemigos

de España pretenden conseguir lo que no pudieron lograr desde hace más de treinta años, pero que a pesar

de ello, no desisten en su empeño.

Tremenda paradoja a nuestro comportamiento llevada por el odio más que por la justicia, como tremenda

paradoja fue que tras las matanzas de estudiantes por el Ejército en las calles de Méjico, el alud de los

carros rusos en Checoslovaquia y Hungría, los fusilamientos de israelitas en Irak y de católicos en Irlanda

del Norte, la intervención en febrero de 1969 de los soldados de la Guardia Nacional norteamericana, con

bayoneta calada, en la universidad de Wiscosin y, por no citar más, la huelga revolucionaria

desencadenada en Francia, en mayo de 1960, que hubo que atajar sacando Unidades del frente alemán y

que estuvo a punto de dar al traste con la V República, todo esto no fue motivo bastante para alarmar a

nadie, ni incluso a la prensa extranjera. Por el contrario, la declaración de un simple «estado de

excepción» en España fue lo suficiente para que las agencias de noticias del mundo entero fletasen

aviones para traer a sus corresponsales más destacados a nuestra Patria o para que se vociferase en los

medios periodísticos internacionales la «tremenda injusticia» que supone que el Gobierno español no

permitiese que las cosas llegaran al estado de subversión a que llegaron en los países a los que nos hemos

referido antes. Por eso, causa verdadera pena y preocupación al mismo tiempo - ante los derroteros que

sigue el mundo - , contemplar que incluso se hayan orquestado manifestaciones antiespañolas en

Alemania, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Suiza y Portugal y atentados contra entidades españolas

en el extranjero, con la mayor pasividad por parte de quien podía atajar tanto desmán.

¡Así se entiende la justicia, la democracia y la libertad en ciertos países extranjeros! ¡Así es como actúa la

propaganda contra España, no sólo en los países tras el telón de acero, si no también - y por desgracia - en

algunos otros situados a este lado del telón! Por eso, no debe extrañar que nos preguntemos: ¿merece la

pena engancharse a una Organización a la que pertenecen países de esta ética política?

A la vista de esta situación que no parece sea superada por ahora, ¿no sería del caso reforzar nuestro

acercamiento a América, más aún después de la visita de SS.MM. los Reyes de España a Hispano-

América? ¿No sería preferible - por lo que significaría para el presente y futuro de la evolución española -

estudiar la posibilidad puesta de manifiesto con gran alteza de miras por Colombia, de situar nuestro país

a caballo entre Iberoamérica, Europa y los países del Mundo Árabe? Téngase en cuenta que de madurar

tan bella idea, se le ofrece a España nada menos que la cimentación del nuevo edificio español de una

importancia incuestionable. De aquí que, a nuestro juicio, todas las conversaciones que llevemos a cabo

sobre la reestructuración de Europa, no pueden dejar de lado este nuevo punto de acercamiento:

AMERICA.

Nuestro punto de vista sobre cuestión tan importante como el posible ingreso de España en la OTAN ha

quedado expuesto en los cuatro artículos que hemos desarrollado en este periódico con la claridad y

objetividad que nos ha sido dable. Posiblemente que nuestro criterio no coincida con el de muchos de

nuestros lectores. Sin embargo, el que calla otorga. Por el contrario, no nos dolerían prendas si otros, más

afortunados, consiguieran rebatir las conclusiones a las que hemos pretendido llegar, aunque, claro es, sin

ánimo de polémica. Como españoles, hemos estimado que teníamos el deber de exponer nuestros

conocimientos y contribuir con ello a la formación de una conciencia colectiva para cuando llegue el

caso, si es que llega, el español medio sepa a qué atenerse con conocimiento de causa sobre esta cuestión.

Antes de terminar, diremos que no seríamos consecuentes con nosotros mismos si no hiciéramos una

última observación. Es ésta: En algunos países europeos hemos visto que cuestiones de entidad como las

estudiadas precedentemente: el ingreso en el Mercado Común, por ejemplo, han sido sometidas a

«referéndum». ¿No sería, tal vez, éste el mejor procedimiento a seguir si llegara a plantearse el problema

del ingreso de España en al NATO?

Manuel CHAMORRO

 

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