Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   "El ingreso de España en la OTAN, a debate"     
 
 Ya.    15/03/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

COLABORACIONES

Pág. 7 -ya

«EL INGRESO DE ESPAÑA EN LA OTAN, A DEBATE»

PUBLICABA YA en su página 15 (día 9 de marzo) una serie de respuestas, más o menos autorizadas,

según los casos, sobre tan importante cuestión. Me he sentido obligado a intervenir en este solicitado

"amplio y franco debate nacional" (señor Camuñas) por unas razones muy simples: mi especialidad de

internacionalista y el haber sido uno de los primeros españoles que sistemática y científicamente se ha

ocupado tanto de los temas de la Alianza Atlántica como del proceso de integración europea.

DEBO comenzar diciendo que un "debate nacional" jamás se puede, realizar limitándose a unas

encuestas, en las que en la mayoría de los casos las respuestas muy poco contribuyen a fijar en toda su

amplitud los términos del problema y la sustantividad de las opciones. Hoy comenzaré por imponer un

sentido critico y exigente en la preparación de ese por todos deseado "amplio y franco debate nacional". Y

para que tal fenómeno político y comunitario tenga lugar, habrá que empezar por aleccionar a los

españoles sobre la naturaleza y alcance de la decisión política que se somete a discusión colectiva.

DE la lectura de las primeras respuesta a la proyectada "encuesta" se deducen unas conclusiones

provisionales: simultanear el ingreso en las comunidades europeas con la incorporación en la OTAN

(algunos matizan más, para utilizar como elemento de negociación de cara a las comunidades, la solicitud

que se nos hace para incorporarnos en las tareas de la defensa del mundo occidental, del atlantismo); ser

consecuentes con nuestra historia y nuestra situación geopolítica (partes indiscutibles de este mundo

occidental, tenemos que solidarizarnos con él en todas aquellas instituciones y empresas colectivas ya

establecidas) ; mentalizarnos en el sentido de las múltiples ventajas (en el orden militar, de la seguridad

nacional, del adiestramiento y profesionalización adecuada de nuestros cuadros castrenses, etcétera), que

se derivarían de esta incorporación en el Pacto del Atlántico Norte; ser consecuentes, y admitir unas

realidades que nos señalan la imposibilidad de mantenernos aislados, neutrales, tercermundistas, y nos

muestran las relativas desventajas que representa un régimen de Acuerdo (como el que tenemos

concertado con USA) en comparación con el protagonismo que otorga la participación en pie de igualdad

como miembro de pleno derecho en la OTAN. Y se podrían añadir otros argumentos, a primera vista tan

sólidos, que dejarían el supuesto "debate general" reducido a una operación simple y de resultados casi

plebiscitarios.

HOY no pretendo de ningún modo dar respuesta a éstas y otras muchas actitudes y justificaciones.

Únicamente quiero introducirme en estos preliminares, que deben preparar el "debate nacional",

apuntando a unos supuestos históricos y políticos que no es lícito ignorar.

LA analogía, similitud y complementariedad entre la Europa de las comunidades y el nacimiento,

al igual que el ulterior proceso de desarrollo, del Tratado del Atlántico Norte es más bien escasa y en

gran medida coyuntural. Aún más; yo me atrevería a decir que la OTAN ha supuesto un factor

desnaturalizador y deformante de lo que se pensó como proceso de integración europea. El ideal

europeísta, lejos de verse beneficiado por el atlantismo, ha sido enormemente distorsionado, hasta el

punto de que no sería justo escandalizarse si alguien nos dijera que la dialéctica del atlantismo ha venido

a arruinar las pretensiones del europeísmo. El fenómeno tendría, incluso, sus precedentes. El

panamericanismo, tal como fue asumido, manipulado y dirigido por los Estados Unidos (al final con la

OEA, y antes con la Unión Panamericana), más que servir a los ideales bolivartianos de unidad

latinoamericana, se convirtió en factor a todas luces disgregador y deformante.

YO quisiera recordar, al menos a los europeístas, que el movimiento europeo quiso reactualizar en el

mundo de la posguerra los seculares propósitos y proyectos europeístas (desde los medievales proyectos

de paz). El europeísmo se afanó por hacer de los pueblos europeos una comunidad plena auténtica,

consciente de su "propia identidad" y totalmente protagonista y libre. El atlantismo, que a esto ha

conducido la NATO en muchos países, ¿puede decirse que ha facilitado la obra de unidad y protagonismo

de Europa? ¿A ningún europeísta le asalta la duda de ver más bien en la OTAN una de las múltiples

causas de esta hoy tan repetida caducidad o decadencia de Europa?

NO siempre los antecedentes históricos, el proceso genético, nos resuelve dudas y nos ayuda a solucionar

problemas. En algunos casos su aportación es positiva, casi determinante. No sena imposible que lo fuera

en nuestro problema.

LO primero que hay que dejar bien claro es la no identidad de los procesos de gestación y nacimiento de

la Europa de las Comunidades y del Tratado del Atlántico del Norte. Acaso fuera éste el primer punto que

debería quedar bien esclarecido dentro de esa labor previa a la apertura del "debate nacional".

LOS norteamericanos, ya antes de la conferencia de San Francisco, hablan presionado para que sus

vecinos latinoamericanos se dispusieran a vigorizar un "regionalismo americano", que en el Sur no había

encontrado nunca enorme entusiasmo. Monroísmo y panamericanismo, dirigido desde Washington, más

fue motivo de irritación que de integración para los latinoamericanos. Es una historia que no hay que

descubrir. Está bien escrita y mejor sabida políticamente. Y de Chapultepec se arrancaría para culminar

en al tratado de Petrópolis y en la OEA. Empleando categorías políticas, todo esto no era otra cosa que

dejar establecida una "zona de influencia norteamericana".

LOS europeos (al principio, nada más que los seis Estados de la "pequeña Europa") pensaban de forma

muy distinta y se afanaban por una integración que en modo alguno supusiera una modalidad del poder

hegemónico: del liderazgo y de la clientela. Prescindiendo de toda alusión a tiempos anteriores a la

década de los cuarenta de este siglo, tendríamos que este "nuevo europeísmo" nacía animado de un

espíritu y de unos ideales renovadores, casi revolucionarios, en el orden de las relaciones internacionales,

que resultaría imposible imaginárselo como "hermano gemelo" del posterior atlantismo, que es el que

contribuyó, en buena medida, a la frustración y falsificación del europeísmo.

DEJO abierta una interrogante; posiblemente he desencadenado una viva polémica con lo que he dicho.

No me arrepiento; aún más, quiero precisar y, si fuera necesario, radicalizar. Yo sostengo que los

norteamericanos se "aprovecharon de la miseria, del miedo europeo y de la dureza stalinista" para alterar

por completo el curso del europeísmo y subordinarlo, con enorme peligro, al curso de un atlantismo que

tenía orígenes totalmente distintos, condicionamientos coyunturales y, esto es lo más peligroso, venía, en

última instancia, a influir activamente en el conformismo y en la alienación europea. Un europeísta

auténtico, y de los tiempos difíciles, no puede, sin más, aceptar esa pretendida complementariedad entre

eupeísmo y participación en la OTAN.

M. ÁGUILAR NAVARRO

 

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