Autor: Matías López, Luis. 
 Un debate nacional para las nuevas Cortes. 
 España y la OTAN     
 
 Arriba.    22/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Un debate nacional para las nuevas Cortes

ESPAÑA Y LA OTAN

* Tras las elecciones, desaparecerán los obstáculos de la organización al ingreso de nuestra país

* La política oficial es la de "work, wait and see", reunir información y estudiar todas las hipótesis para

el momento en que se plantee públicamente el tema

* El Tratado del Atlántico Norte establece que el mecanismo ha de ser la invitación, por acuerdo

unánime de sus miembros

EN vida de Franco, la incorporación a la OTAN era un objetivo eminentemente político. Otro tanto

ocurría con la CEE. Se miraba a ambas organizaciones no como un pacto defensivo y un club económico,

sino como oficinas de expedición de patentes de homologación democrática. Y el objetivo, a niveles

oficiales, era tan evidente como utópico: entrar. Las puertas del Pacto Atlántico y del Mercado Común

eran poco menos que las puertas de Europa; si se abrían, nadie se atrevería ya a decir que África empieza

en dos Pirineos». Pero todos sabíamos que seguirían cerradas, como mínimo hasta que se dieran en

España toda una larga serie de cambios. Cambios que, en buena medida, ya se han producido, mientras

que otros están al alcance de la mano. Después del 15 de junio, si el proceso se desarrolla con normalidad,

Europa dejará de mi-ramos desde la suficiencia de sus instituciones democráticas y, teóricamente, nos

abrirá sus puertas. Al menos, no pondrá obstáculos políticos, que ya es algo.

SI HAY POLÍTICA

Simultáneamente, la aspiración de los Gobiernos españoles a ingresar en las organizaciones europeas

toma un nuevo cariz y. por vez primera, se comienzan a estudiar fría y objetivamente los pros y los

contras. Consecuentemente, se desarrolla un debate público en el que - todavía tímidamente - participan

las fuerzas políticas, desde su recién estrenada legalidad. Y la proximidad de las elecciones hace que el

actúal Gabinete evite nacer pública una opción, que habrá de ser sometida a un exhaustivo debate

nacional por las nuevas Cortes. Esta postura ha llegado a ser calificada - especialmente en el caso de la

OTAN - como una falta de política, lo que no es cierto. En el Ministerio de Asuntos Exteriores se trabaja

«febrilmente para reunir documentación y estudiar y analizar todas las hipótesis; en definitiva, es como si

se prepara un auténtico «libro blanco» para presentar después de las elecciones.

Más que falta de política podría hablarse más propiamente de política de «work, wait and see».

En la medida en que el tema de la OTAN es el más discutible, se aprecia en él un mayor grado de

indefinición por parte del Gobierno. Nadie discute a estas alturas la necesidad de entrar en el Consejo de

Europa, ni siquiera en el Mercado Común, aunque en esta caso preocupen, y mucho, los complejos

problemas de adaptación que supondría la adaptación a un organismo con muchos de cuyos miembros se

plantearían conflictos de competencia comercial e incompatibilidades de varios ordenes.

UNA OPCIÓN, MÁS QUE DEFENSIVA

Pero, en cuanto a la OTAN, las cosas no están tan claras, porque el ingreso en la organización atlántica

implica, tanto entrar en un bloque militar protagonista de la situación de enfrenta miento entre el Este y el

Oeste, como alterar en buena medida el sistema de defensa, las alianzas exteriores, la propia definición

del modelo de sociedad. No en vano la OTAN es una entidad político-militar, compleja en muchos de sus

aspectos operativos y enlazada con la mayoría de los problemas internacionales actuales. El preámbulo

del tratado fundacional (firmado en Washington el 4 de abril de 1349) habla de «salvaguardar la libertad

de sus pueblos, su herencia común y su civilización, basadas en los principios de democracia, libertades

individuales e imperio del derecho». La opción OTAN, como se ve, es más amplia que la estrictamente

militar. Pero, en este campo, ¿cuáles son las otras posibles alternativas? Por no excluir ninguna «a priori»,

la primera de ellas sería la totalmente contraria, es decir, la inclusión en el Pacto de Varsovia, lo que - en

las actuales circunstancias - roza la utopía. La segunda es el neutralismo, ya sea armado o desarmado

(esta última posibilidad es casi impensable), lo que - aparte otras razones - difícilmente evitaría una cierta

desvinculación de un contexto geográfico en el que se intenta dar prioridad a Europa. Por otra parte,

no parecen ir por ahí los tiros de los actuales gobernantes ni de los que previsiblemente saldrán de las

elecciones. A título de ejemplo, valgan estas palabras de Marcelino Oreja en el CESE-DEN: « La

neutralidad hoy no puede ser una inhibición. La neutralidad hoy no garantiza ninguna permanencia al

margen del eventual conflicto.» La tercera alternativa es seguir como estamos, es decir, mantener un

tratado con los Estados Unidos que, de hecho, supone una vinculación con el sistema de defensa de la

OTAN, ya que el marco del compromiso excede de la bilateralidad para prever una colaboración con al

sistema multilateral de la Alianza Atlántica, con su comité «ad hoc» y todo. En cierto sentido - y por

intermedio de la más directa sombrilla de los Estados Unidos - puede decirse que el tratada España-USA

implica una cierto cobertura de la OTAN.

QUE LAS CORTES DECIDAN

A la vista del panorama electoral, de las declaraciones y los pronósticos, parece más que improbable que

en las Cortes haya una mayoría de diputados partidarios al establecimiento y elección de una línea

neutralista en España, como es imposible que llegue a considerarse siquiera la hipótesis del Pacto de

Varsovia. Puestas así las cosas, la elección entre la actual situación y el ingreso en la OTAN resulta muy

fácil: gana la OTAN. Esto no significaría la anulación de los compromisos con los Estados Unidos, al

menos teóricamente, ya que la multilateralidad del Pacto Atlántico no excluye los compromisos

bilaterales entre sus países miembros, pero sí cambiaría de entrada las prioridades hasta situarse en el

orden que por muchísimas razones parece el más lógico. No está justificado, sin embargo, que se dé por

resuelta la cuestión antes de que las Cortes surgidas tras el 15 de junio se pronuncien. Y es que, muy

probablemente, no todo el debate se resuelva drásticamente por simple aplicación de las mayorías

parlamentarias, ya que no se trata de decir «sí» o «no», sin más, sino de matizar las condiciones y, en

definitiva, de elaborar un mandato del que el Gobierno no se pueda salir y que tenga en cuenta muchos

problemas que se planteen al mismo tiempo que la "incorporación y en estrecha relación con ella.

LAS NEGOCIACIONES PREVIAS

Por ejemplo, el de Gibraltar, donde existe una base de la OTAN, de cuya utilización conjunta podría

llegar a beneficiarse España, lo que sería susceptible de una interpretación en el sentido de que, en alguna

forma, se había satisfecho parcialmente la reivindicación española. Ante el tema hay tres posturas: la

imposición de condiciones previas, el acuerdo para una negociación posterior o la combinación de ambas.

Todas ellas se estudian ya y, presumiblemente, se tendrán en cuenta en el debate parlamentario. No

parece que la integración de la OTAN pudiera tener el más mínimo efecto sobre el llamado Pacto Ibérico,

por otra parte destinado a ser sustituido por un tipo de acuerdo de amistad en el que no habría espacio

para el compromiso militar.

Indudablemente, las Fuerzas Armadas tendrían que someterse a una adaptación en varios órdenes, que

implicaría con seguridad e! aumento del presupuesto militar, la modernización e incremento del

armamento, etc. Incluso podría ser el momento de la integración el más aproximado para la creación del

Ministerio de Defensa, con lo que desaparecería una de las diferencias más apreciables respecto a los

quince países de la OTAN. Realmente, nada se opone en la actualidad a la creación de este Ministerio ni a

que sea ocupado por un civil, los actuales Ministros multares tienen funciones políticas y administrativas,

pero no de mando en sentido estricto, ya que este cometido cae en los jefes de los Estados Mayores.

EL PRIMER PASO

La negociación previa, a iniciar tras el debate en las Cortes y la elaboración de un mandato al Gobierno,

podría contemplar también el establecimiento de ciertas condiciones. Después de todo, varios miembros

de la organización son «peculiares»: Islandia no tiene Ejército; Francia y Grecia no forman parte del

Comité Militar... España podría negociar ciertas cuestiones antes de la firma del tratado, aunque no esté

claro que éste sea el mecanismo burocrático habitual. Como tampoco está claro quién ha de dar el primer

paso, de quién ha de partir la iniciativa. Que existe confusión queda perfectamente ilustrado por las

críticas de los últimos días a Joseph Luns (secretario general de la OTAN) por afirmar que el ingreso de

España en la organización depende de las elecciones y de las nuevas Cortes. Sus palabras se calificaron

de injerencia con el argumento de que «ni siquiera se ha solicitado oficialmente la adhesión».

Otra cuestión importante es la de si la negociación para el ingreso se puede separar abiertamente de la

integración en las Comunidades Europeas. Simplificando quizá excesivamente la cuestión puede

afirmarse que, en cuanto a la OTAN, estamos en situación de estudiar una «oferta», mientras que, en

cuanto a la CEE, habrá unas condiciones y unas dificultades de fuera, es decir, una «demanda». Apenas

hay duda de que los quince países de la OTAN recibirán a España con los brazos abiertos apenas se

cumplan las mínimas formalidades democráticas. La situación estratégica de la Península (con una de las

dos llaves del Mediterráneo) y de las islas Canarias, por no profundizar en el análisis, son argumentos por

sí solos decisivos. Pero las negociaciones para la adhesión a la CEE, una vez eliminados los obstáculos

políticos, pueden ir para largo, cuatro, cinco años...; incluso puede que no tengan éxito. La organización

todavía no ha superado el trauma de la ampliación del numero de sus miembros de seis a nueve, y algunos

de ellos ven con terror la incorporación de Grecia, Portugal y - con mayor motivo - España, que plantea

tremendas rivalidades económicas. En tales circunstancias, nuestro país podría intentar jugar la baza de la

combinación de ambos procesos, en un intento de disminuir las resistencias comunitarias a cambio de una

actitud más abierto ante la OTAN. Por supuesto, todo esto no son sino especulaciones, faltas del necesario

contraste que tendrá que darse en las Cortes, pero ayudan a centrar el tema.

En cualquier caso, no hay que excederse en el optimismo, ni dar más importancia de la real al hecho de la

eventual incorporación de España a la OTAN. El propio Ministro de Asuntos Exteriores, señor Oreja,

puso los puntos sobre las íes en la citada conferencia en el CESEDEN: «Hay algo que España no puede

esperar de ningún pacto: una garantía absoluta de seguridad. No hay que hacerse la menor ilusión al

respecto, porque la era de las garantías absolutas terminó al empezar la era atómica.»

Luis MATIAS LOPEZ

 

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