Autor: Ortega, Félix. 
   Los costos de la OTAN     
 
 Arriba.    30/07/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

LOS COSTOS DE LA OTAN

• España e Irlanda, los países que menos gastan «per capita» en defensa en Europa

• Frente a los 49 dólares «per capita» españoles, el país que menos gasta en la OTAN, Italia

sube hasta 68. Ambas cifras incluyen fuerzas paramilitares

• Ya en 1970 se calculaba en España un gasto adicional de mil millones de dólares al año en

presupuesto militar para entrar en la OTAN.

• La organizaron gastaba tres veces más por soldado que España

• Problema: ¿Quién paga el gasto adicional?

Si esencialmente la OTAN es una maquinaria defensiva protectora de un sistema económico,

parece fundamental en un eventual debate sobre la conveniencia o no del ingreso español en

la Organización empezar a manejar los datos reales, las pesetas o, mejor todavía en esta

época de devaluación, los dólares que tal entrada costaría a la nación para llegar a

conclusiones sobre si los beneficios de la entrada compensan el evidente gasto adicional

En 1970, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Gregorio López Bravo, calculó que

España ten-dría que duplicar su presupuesto defensivo si perteneciera a la OTAN. Más tarde,

en 1972, los cálculos señalaban que el gasto promedio por soldado en la organización era tres

veces el gasto español. Tomando como módulo el gasto italiano, el menor de aquellas fechas

en la Alianza, el aumento del presupuesto militar que corresponde-ría a España si entrara en la

OTAN era, según el Manual Mundial de Gastos Militares y Sociales preparado por Ruth Leger,

de 66 por 100, equivalente a 1.000 millones de dólares adicionales.

Con datos de 1976, y en dólares, para estandarizar cifras, España tiene un presupuesto militar

de 1.766 millones de dólares, equivalentes al 1,8 por 100 del producto nacional bruto o al 15,2

por 100 del presupuesto nacional o, más fácil de entender, a 49 dólares por cada español.

Estos gastos son sumamente bajos y en cifras aproximadas son similares a los de Irlanda, país

que menos gasta militarmente «per capita» en el continente.

Como contrapartida, el gasto en dólares por ciudadano de los países de la OTAN en 1976 fue

de 204 dólares. Bélgica; 190, Gran Bretaña; 168, Dinamarca; 242, Alemania; 138, Grecia, y el

más barato, los 68 dólares «per capita» gastados por los italianos. Sin embargo, estos datos

hay que tomarlos en su propio contexto. Por ejemplo, Italia gastó 68 dólares «per capita», pero

si consideramos su población, de 56 millones de habitantes, y el hecho de que mantiene

352.000 hombres bajo las armas, frente a los 302.000 españoles, con unas reservas en ambos

casos similares de alrededor de 700.000 hombres, está claro que el gasto italiano es muy

superior al español. Exactamente, su presupuesto militar en 1976 fue de 3.800 millones de

dólares.

Puede alegarse, y se ha ale-gado, que el presupuesto militar español incluye también fuerzas

paramilitares de Policía. También puede alegarse que frente, a los 65.000 hombres englobados

en las fuerzas paramilitares españolas, los italianos mantienen 80.000, y países como Grecia,

más todavía. Incluso Alemania tiene 20.000 hombres en esa situación, también dependientes

del presupuesto mi. litar, y Francia, 73.000.

Las estimaciones en virtud deI producto nacional bruto también son indicativas, porque, y

volvemos a Italia como ejemplo, si este país gasta el 2,6 de su producto nacional bruto,

estimado en 169.000 millones de dólares, no es lo mismo que el 1,8 por 100 español, sobre un

PNB de 93.000 millones. Acaso la incidencia «per capita» es la más significativa para reflejar la

forma en que la defensa nacional grava a los ciudadanos de cada país.

Por supuesto, puede alegarse que esas cifras se reflejan en una mejor defensa. Ciertamente el

potencial militar español medio supera al de algunos países de la Alianza y es inferior a otros,

en un potencial que podríamos considerar promedio dentro de la Organización. Las diferencias

eventuales en costos responde a la puesta en marcha de proyectos supranacionales en

algunos casos tan caros que no cuajan y a la necesidad, derivada de decisiones militares

conjuntos, de promocionar el material técnico existente con más tecnología. Tomando como

baremo las cifras italianas, que con las de Luxemburgo son las de menor gasto en la

Organización, España debería aumentar su presupuesto militar en unos 700 millones de

dólares al año. Por su condición de país que da a dos mares, presumiblemente el nivel militar

que debería tener sobrepasaría esa comparación. Si tomamos los gastos defensivos «per

capita» de un país vecino de la OTAN, Portugal, para ponernos al mismo nivel de gastos se

necesitaría aumentar el presupuesto militar en 1.300 millones de dólares. Naturalmente, y por

lamentable que pueda parecer, el dinero invertido en defensa, como garantía nacional que es, y

por el peso específico que trae aparejado en un con-texto internacional, es siempre bien

gastado en el mundo de hoy. Sin embargo, a la hora del debate, sería muy adecuado tal vez

decidir si el realmente pobre presupuesto militar español debe ser aumentado sustancialmente

y si ese aumento sustancial, antes de ser empleado en una compra de tecnología exterior,

siempre condicionante, no estaría mejor empleado en la creación y fomento de una industria

militar propia que además de crear tecnología nacional desarrollara unos puestos de trabajo

que ciertamente el país precisa. Acaso esa sea la gran interrogante de todo el debate: si vamos

a estimular con nuestros dólares la tecnología y el nivel de empleos ajenos o vamos a estimular

los nuestros. No hace falta, al estudiar ese tema, tener en consideración factores defensivos.

Simplemente bastaría con echar un vistazo al debate sobre el avión del siglo o sobre el tanque

más conveniente para la Organización que se han desarrollado en la OTAN y se desarrollan

cada vez que hay que renovar material. El mundo occidental, es claro, ha mercantilizado su

defensa y en la OTAN ha creado, además de un mecanismo defensivo, un mercado fabuloso.

De otra forma, no podría entenderse el hecho de que, pese al equilibrio de fuerzas en

presencia entre el Pacto de Varsovia y la OTAN, los gastos totales del Pacto son

sustancialmente inferiores a los de la Organización Atlántica. La explicación parece evidente.

En un lado, priva estrictamente la consideración militar y política, y en el otro, además de estas

consideraciones, priva también la del mercado. Sólo así puede entenderse que el presupuesto

militar de Rumania sea como el de Portugal; que el de Bulgaria sea aproximadamente la mitad

del de Portugal; que el de Alemania Oriental sea menor que el de Holanda. Por supuesto,

marginalmente están los dos colosos, la Unión Soviética y los Estados Unidos, con

presupuestos similares. Pero pese a todas las argumentaciones de que los países del bloque

socialista utilizan trampas en sus estadísticas presupuestarias, parece demasiada trampa el

que, por ejemplo, los presupuestos militares de 1976 de Bulgaria, Checoslovaquia, Alemania

Oriental, Hungría, Polonia y Rumania sean aproximadamente en total la mitad del

presupuesto militar de la República Federal Alemana, el país más representativo de la OTAN

en Europa. Exactamente, entre todos esos países declaran gastar 8.534 millones de dólares en

defensa, y Alemania Occidental, 15.220. Al margen de otras consideraciones, entre ellas la de

quién va a pagar la cuento, es conveniente al analizar estos datos de cara al futuro español en

la OTAN utilizar el concepto del interés nacional escueto y simple, esto es, de máxima

rentabilidad militar, defensiva, tecnológica, industrial y todas las demás variantes en juego. En

esencia, para un país con pocos dólares, sacar si es posible 150 centavos por cada uno de

ellos.

Félix ORTEGA

3O julio 1977

 

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