O. T. A. N.: El debate nacional en marcha     
 
 Informaciones.    10/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

O. T. A. N.: EL DEBATE NACIONAL, EN MARCHA

UNA importante intervención del ministro de Asuntos Exteriores ante el Senado planteó ayer, con una

claridad mucho mayor que lo dicho hasta ahora, los problemas y las alternativas del nuevo horizonte de la

política exterior española, con atención primordial a la Alianza Atlántica, en torno a la cual se está

fraguando una batalla decisiva para el porvenir de nuestro país. El señor Oreja abrió ayer el anunciado

debate nacional, recalcando lo que consideramos como una realidad geopolítica: «España tiene

compromisos contraídos con el sistema global de defensa occidental y su paso a una posición neutralista

implicaría una modificación muy profunda del actual equilibrio europeo».

La postura del ministro resulta claramente favorable a la entrada de España en la O. T. A. N., levantando

así los últimos velos que subsistían en torno a la actitud del Gobierno. No consideramos esta postura

como una mera táctica del partido en el Poder, la U. C. D., ni como una opción oportunista. Es en verdad

una evaluación realista de los intereses permanentes de España, cuyo actual aislamiento internacional se

hace notar cruelmente en muchas facetas de su política exterior, desde los embates de la O. U. A. contra

Canarias hasta la difícil operación de entrada en el Mercado Común. Los europeos occidentales están

profundamente preocupados con el golpe que toda la seguridad del continente recibiría con la

neutralización española, y su actitud hacia nuestro país es de evidente desconfianza. Y en caso de

conflicto, es ilusorio pensar que un país-clave, estratégicamente, como España, dejaría de ser objetivo

bélico por el hecho de ser neutral y de estar solo e indefenso.

En otra página de este número aparecen los pros y los contras claramente enunciados por el ministro

Oreja en torno a la adhesión a la O. T. A. N. La hasta ahora negativa actitud del P. S. O. E. es hoy, más

que nunca, de primordial importancia, y el próximo viaje de los señores Múgica y Solana a Estados

Unidos puede resultar esclarecedor. En todo caso, queremos añadir hoy a los argumentos del ministro

nuestra opinión sobre la tolerancia que los socialistas parecen dispuestos a asumir en relación con los

tratados bilaterales con Estados Unidos, que podrían, según ellos, prorrogarse, pese a la exclusión

española de la O. T. A. N. Esta actitud nos parece insostenible, por lo que de incoherente e incluso de

falso tiene, y porque esos acuerdos resultan mucho menos satisfactorios que aquellos, multilaterales —y

por ende, más flexibles, mejor coordinados y menos sometidos a las presiones de una sola

superpotencia— que se concluirían con los miembros de la Alianza Atlántica. El realismo nacional debe

prevalecer sobre el dogmatismo partidista.

 

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