Autor: Mestre Vives, Tomás. 
   España no está en la OTAN; la OTAN sí está en España     
 
 Diario 16.    10/02/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Diario l6/10-febrero-79

Opinión

España no está en la OTAN; la OTAN sí está en España

La postura del Partido Socialista Obrero Español, ante el tema de la OTAN, es analizada en este artículo

por Tomás Mestre Vives, que acusa a los socialistas de interpretar el tema de muy distinta manera, según

el portavoz autorizado que lo aborda. Tras repasar las declaraciones sobre la Alianza de los primeros

espadas del PSOE, el articulista insiste en la necesidad de que este partido acompañe su «no» a la OTAN

con el rechazo a las bases americanas en España; ahí estriba la lógica del neutralismo.

Tomás Mestre Vives*

En tiempos normales, sin crisis inminentes o situaciones de peligro que afecten directamente a la

seguridad nacional, el electorado suele situar la política internacional en general y la exterior de su país en

los estratos más bajos de sus preocupaciones. Tal vez sea éste el motivo en la España de ahora que expli-

que que tantos partidos políticos sitúen a cierto personal -mezcla de diletantes, habladores de lenguas,

propensos a viajes lejanos y reiterados, y programados (más que preparados) ad hoc- alrededor del timón,

sino en el timón mismo, de la política exterior que propugnan.

También puede asumirse que este staff falto de coherencia no hace más que reflejar las luces que recibe

de las alturas, aunque también cabe que el descontrol y cierto desinterés de los de arriba proporcionan

alas a los adláteres, incitándoles a hacer un poco la guerra por su cuenta proyectando posturas y humores

personales a partir del núcleo de la verdad partidista consagrada.

La política exterior, como toda política, es una tensión entre el querer y el poder, entre la aspiración de

mejorar la posición internacional de un Estado y la capacidad de hacerlo, es decir, de que otros Estados lo

consientan. Y siempre partiendo de la base de que las cosas son susceptibles de empeorar.

Hacer política

Hacer política es optar entre diversas posibilidades, aunque generalmente muy pocas si tienen que hacerse

efectivas. Especular desde la barrera de un aire de omnisciencia, pero no compromete a demasiado,

incluso a nada; decidir en el ruedo, en cambio, es involucrarse en algo concreto y, por tanto, arriesgarse.

En la arena se mueven muchas soberanías simultáneamente, soberanías que pueden entenderse y colabo-

rar, confrontarse o chocar. Los poderíos efectivos de estas soberanías suelen ser desiguales, a pesar de que

el derecho internacional se empeñe en recordar que todos los Estados son jurídicamente iguales, lo cual

no es ir más lejos que recordar que todos los hombres somos hermanos y además hijos de Dios.

Los socialistas

Todo esto lo quiero referir al prolongado momento español ante la cuestión de la OTAN, y concretamente

desde la perspectiva del Partido Socialista Obrero Español. Si de algún partido milagrero o testimonial, de

tan abundante cosecha, o incluso marginal se tratara, no merecería la pena objetar, pero se trata del

partido-alternativa, o sea, de palabras mayores.

Las diversas maneras de enfocar una política exterior se reducen en última instan-cia a dos: haciendo

frente a las realidades, generalmente poco agradables, o lanzarse a una huida hacia adelante a base de

ejercicios espirituales. El PSOE ha optado por lo segundo en este punto vital, y partiendo de una idea fija:

España no debe ingresar en la OTAN. Voilá tout.

Desde esta idea madre, cada responsable o portavoz se considera autorizado a proyectar su variante perso-

nal, sin que sus palabras, habladas o escritas, sean luego desautorizadas o matizadas por el partido. A la

ausencia de sistemática del partido se viene a añadir, debe creerse, la ausencia de sentido crítico del

ciudadano-elector. Tal podría ser el razonamiento compensador de los factores de los curiosos amoríos

España-OTAN.

Los contrasentidos y contradicciones del PSOE no sólo aparecen contrastando declaraciones y escritos de

mucho tiempo atrás, sino que se formulan por distintas personas en distintos lugares cuando no por la

misma persona en distinto escenario, a veces en un breve espacio de tiempo.

Felipe y Tierno

Así, hace poco, Felipe González se manifestaba partidario en Londres del mantenimiento del statu

quo de España, admitiendo a la par que «España tampoco puede ser neutral». Simultáneamente, Enrique

Tierno abogaba en Washington por una política de no alineación, que a diferencia de la neutralidad no

requiere compromisos, según él. Esto en lo que concierne a los dos máximos personajes del partido.

Apenas un mes antes, E. Menéndez del Valle, de la comisión internacional del partido, patrocinaba nada

menos que España se convirtiera en la Finlandia de U. S. A., tras un sabroso dictamen sobre países

neutrales europeos donde se hacía gala de un método geométrico-ortopédico, cuyo roce con la realidad

era mera coincidencia. (El caso Yáñez, ministro de asuntos exteriores en potencia, mejor no me-neallo.)

Todos —el partido— coinciden, sin embargo, en algo que hizo las delicias del embajador estadounidense

en el Club Siglo XXI durante la perorata de turno a cargo de Enrique Múgica, máximo exponente en

cuestiones de defensa del PSOE: nada de OTAN, pero que los americanos sigan en sus bases. Traducido

en términos corrientes significa que el que España no esté en la OTAN no es óbice para que la OTAN no

esté en España.

Cuatro posibilidades

En la OTAN se debaten y deciden cosas que de vez en cuando afectan directamente a nuestro país, y casi

siempre indirectamente. No extrañemos que el susodicho diplomático expresase maravilla-miento en su

cara, traicionando la profesionalidad de su cargo. Desde luego, debió pensar, España es diferente, al

menos tanto como el PSOE.

De las cuatro posibilidades que admite la pertenencia o no de España en la OTAN y/o la presencia de

bases americanas en nuestro territorio (aceptando una de las dos, ambas o ninguna), el PSOE ha decidido

no decidir, es decir, seguir aceptando el modelo que Franco inauguró en 1953. La única diferencia estriba

en que el dictador jamás tuvo opción a la OTAN, y ahora sí la tenemos.

Hasta hace unos meses la moda -la consigna- era hablar del ´equilibrio´, aduciendo que el ingreso español

en la OTAN podría significar el añadido de Yugoslavia al Pacto de Varsovia. Teniendo en cuenta que U.

S. A. está ya en España y la U. R. S. S. no está (todavía) en Yugoslavia, es de suponer que desde Bel-

grado se llamara la atención al celo no solicitado del PSOE. Ahora el truco -no necesariamente del

PSOE— consiste en sustituir Yugoslavia por Cuba, como si los norteamericanos no supieran lo que les

conviene y lo que arriesgan.

La lógica de! neutralismo, y más de la clásica neutralidad (a pesar del señor Tierno) no sólo estriba en no

entrar en la OTAN, sino que comienza por echar a Estados Unidos de España. Si el PSOE no se atreve a

tanto, entonces debe pensar con la lógica pertinente. Nuestra actual y triste posición heredada -la opción

del PSOE-se casa con lo peor de ambos mundos. Para comprenderlo no es necesario dirigirse a los

dialécticos Hegel-Marx; el propio Balmes lo entendería.

(*) Profesor de Historia Contemporánea y Relaciones internacionales.

 

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