Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Demagogia izquierdista     
 
 ABC.    02/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

APUNTE POLÍTICO

DEMAGOGIA IZQUIERDISTA

Por J. M.ª RUIZ GALLARDON

Las manifestaciones de los responsables de la Unión General de Trabajadores al término de su Congreso

celebrado el pasado domingo; las declaraciones del profesor Tierno Galván; lo dicho y aparecido en la

«Hoja del Lunes» por Marcelino Camacho; el conjunto, en fin, de lo expresado por la izquierda política y

social española supone un explícito repudio —hasta ahora verbal— de la política económica del

Gobierno. Era previsible, pero también lo era que la argumentación de estos líderes se construyera con

mejores materiales y sobre más sólidos cimientos.

Porque no resiste el menor análisis ponderado el argumento de que el costo del deseado encauzamiento

económico español «lo va a pagar, como siempre, la clase obrera». Por lo pronto, el Gobierno, a quien

está a punto de triturar es a la clase media, sobre todo a la parte de aquélla que vive de su trabajo

profesional —actual o acumulado—. A ellos les afecta el nuevo impuesto-leva sobre el patrimonio. A

ellos les corresponde pagar los mayores incrementos del impuesto sobre rendimientos de trabajo personal.

Ellos son los más desguarnecidos ante la elevación del impuesto sobre sucesiones, transmisiones

patrimoniales, etc., en el que los tipos aumentan y las bases también.

Tampoco va a escapar de la acción recaudatoria el llamado «gran capital» —constituido casi siempre por

muchos pocos— y, por descontado, es absolutamente lógico que en una acción político-económica

encaminada a frenar la creciente progresión de rentas las salariales tengan que sufrir —en alguna medida,

pero no precisamente la más desorbitada— los recortes o, por decirlo como ahora se escribe, la

desaceleración en su crecimiento que la prudencia y la justicia aconsejan.

Hay que frenar la inflación, lo cual exige reducir el ritmo y el volumen de los costos de producción sin

que ésta disminuya. En esos costos se integran los salarios. Pues, entonces, no hay otra solución que la

apuntada por el Gobierno. Y no es que yo crea en la política de éste (que he criticado), es que me parece

demagogia pura, y hasta cristalizada, que la izquierda azuce a las clases trabajadoras cuando son ellas —

por más necesitadas— las beneficiadas por una acción de Gobierno que destina a remediar el paro casi

mil millones de dólares y consiente que aumente el volumen de dichas rentas salariales en proporciones

que no son toleradas por economías de otros pauses occidentales. La cifra de veinticinco mil pesetas de

aumento salarial lineal es una compensación para los trabajadores que, sin duda, sería rechazada, por

excesiva, por los Gobiernos socialistas de Alemania e Inglaterra.

La justicia fiscal exige —ya lo tengo escrito— que cada cual contribuya según sus posibilidades reales. Y

me parece que frente a la insólita manifestación de los dirigentes izquierdistas de que van a ser los

trabajadores quienes paguen el enderezamiento económico es más cierto decir que son los mimados de un

Gobierno elegido por la derecha, pero que indiscutiblemente hace una muy avanzada política de

izquierdas.

Y, sobre todo, y para terminar: la izquierda, cuyos líderes se llenan la boca con grandes palabras, como

solidaridad, justicia y democracia harían bien en predicar en su propia casa lo que exigen en las demás.

J. M. R. G.

 

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