Magreb y OTAN, temás más conflictivos. 
 Una política exterior desigual y polémica     
 
 ABC.    30/01/1981.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

VIERNES 30-1-81

NACIONAL

Magreb y OTAN, temas más conflictivos

Una política exterior desigual y polémica

MADRID. La política exterior figuró siempre en la agenda de Adolfo Suárez como uno de sus temas

preferidos y un campo en el que, a su juicio, España podía desarrollar opciones audaces y originales.

Buena prueba de la política exterior agresiva que imprimió desde la Moncloa fue, sin duda, la visita

oficial del líder de la OLP, Arafat, a Madrid, que tanta irritación despertó en su día en medios nacionales

e internacionales.

Pero el protagonismo personal de Suárez en la política exterior restó fuerza a muchas de estas iniciativas

y levantó muchas asperezas en diversos organismos que se lamentaban de la falta de coordinación a nivel

gubernamental. De entrada se quitó a Asuntos Exteriores la competencia sobre un tema tan vital para

España como las relaciones con las Comunidades Europeas.

Más adelante las relaciones económicas internacionales pasaron también a centralizarse en los Ministerios

económicos y, finalmente, el Instituto Iberoamericano para la Cooperación comenzó a acaparar las

relaciones políticas y económicas con el subcontinente americano. Por último, el protagonismo de los

«fontaneros» en la Moncloa, sobre todo en los temas del Magreb y Guinea Ecuatorial, acentuó aún más la

presencia del complejo de la Moncloa en los temas internacionales.

Sin embargo, Suárez mantuvo siempre en el Palacio de Santa Cruz a Marcelino Oreja y, sólo en la última

crisis prescindió de un ministro eficaz y competente que, al menos, desarrolló una gestión acertada, pese

al trasvase de competencias que se produjo sucesivamente desde 1976.

En un primer balance de la gestión exterior de Suárez habría que separar dos etapas: el afán

tercermundista y el atlantismo. Una de las primeras tentaciones del titular de la Moncloa a lo largo de

estos años fue la elección de una vía original. Una etapa que culminó quizá con la asistencia de España,

en calidad de observador, a la «cumbre» de los no alineados en La Habana y donde Castro dio un severo

rapapolvo a la diplomacia española con sus recomendaciones para que Madrid no entrara en la OTAN.

También en el marco de las «grandes iniciativas» presidenciales figuró el interés repentino que España

tuvo en la crisis de Oriente Medio y que culminó con la primera visita oficial que realizó el líder de la

Organización para la Liberación de Palestina a una capital europea. Unas iniciativas sobre una región tan

conflictiva que interesaron al canciller Schmidt, pero que bien pronto, por la falta de peso militar,

económico y político de España en la escena internacional, se quedaron «desinfladas».

Tampoco en el norte de África Suárez llegó a desarrollar una política de neutralidad activa. A lo largo de

su gestión gubernamental el lastre de la guerra del Sahara occidental que enfrenta a Rabat y Argel impidió

una política de equilibrio en el Magreb. La «diplomacia del chantaje» ejercida sobre España por los

Gobiernos de la zona tuvo sus efectos más espectaculares en las reivindicaciones promovidas por Argel

de la «africanidad» de Canarias. Pero al menos fue el acicate para que Madrid comenzara a interesarse por

la política del continente negro.

LA AYUDA A GUINEA

Quizá fue aquí, en África, donde la política exterior de «bandazos» de Suárez encontró una ocasión única

para afianzar el peso de Madrid en el continente negro. La caída de Macías en Guinea Ecuatorial permitió

la vuelta de España a la antigua colonia y al inicio una efectiva cooperación que en el plazo de un año

produjo resultados espectaculares. Hoy la ayuda española al Gobierno de Malabo ha proporcionado a

España una imagen de credibilidad importante en el continente africano.

En Iberoamérica no todo resultó como esperaba Suárez. Venezuela, el gran «Eidorado» para la industria

española y una magnífica base de penetración en el Pacto Andino, fue al final un batacazo. La excesiva

ayuda electoral proporcionada por el Gobierno al equipo socialdemócrata de Carlos Andrés Pérez

dificultó y todavía dificulta las buenas relaciones con el actual Gobierno democristiano. Por lo pronto, los

grandes proyectos que contaban con la participación española se encuentran archivados en parte y con

«menos gas de lo que en principio se auguraba».

A nivel europeo Suárez nunca llegó a unas buenas relaciones con París. Y, además, la falta de atención

desde un primer momento al «dossier» europeo retrasó las etapas de nuestra adhesión a la CEE,

convertida hoy en uno de los desafíos más importantes para la frágil economía española. Pero quizá el

tema de la OTAN fue, a lo largo de estos años, el tema más polémico, tanto a nivel internacional como

nacional. Sólo al final de su mandato Suárez se inclinó abiertamente por la entrada española en la Alianza

Atlántica después de haber «congelado» sucesivamente el tema. Al fina!, Suárez, que tanto protagonismo

ejerció en la política exterior de su Gabinete, no ha visto llegar a buen puerto un tema en el que tanto

interés puso para su realización: la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE). Una

política exterior, en suma, desigual, con imprevistos cambios de rumbo y, en la mayoría de las veces,

polémica.

 

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